Etapas de la vida matrimonial

La relación matrimonial evoluciona con la pareja a medida que nuevas circunstancias van apareciendo. Así, por ejemplo, no es lo mismo estar recién casados y sin hijos que llevar 9 años de casados y tener niños pequeños.

Sin embargo, los cambios son causados no sólo por las circunstancias externas a la pareja tales como la presencia de los hijos, sino también por realidades internas a la relación misma: a medida que una pareja se conoce más y empieza a descubrir los retos que la personalidad o las necesidades del otro le implican, la dinámica de la relación también cambia.

Lo interesante es que todo este proceso es de alguna manera previsible y por tanto es algo a la cual las parejas pueden prepararse. Así, si una pareja sabe reconocer en qué etapa de la relación matrimonial está o a cuál está por llegar, le será más fácil saber qué puede esperar de ese momento y sacarle provecho a las posibilidades que las circunstancias le ofrecen en vez de frustrarse con expectativas irrealizables.

Por ejemplo, es importante saber que no siempre vamos a sentir el amor de la misma manera. Existen distintas etapas emocionales en el matrimonio: Cada una es una oportunidad para dar y sentir de manera diferente, pero no menos intensa o interesante.

Cada etapa matrimonial es una oportunidad para dar y sentir de manera diferente, pero no menos intensa o interesante.

Junto a este hecho se debe igualmente considerar que la relación matrimonial está afectada por las relaciones con los hijos y la vida profesional y que esto lleva a dinámicas tanto emocionales como prácticas muy concretas que se pueden describir en tres etapas claramente definibles.

Fuente: portumatrimonio.org

No hay amor sin humor

Lorena Zabala
Especialista en Relaciones Internacionales y Comunicación Audiovisual.
Es profesora de ESO y Bachiler en Ayalde Ikastetxea.

¿Se imaginan viajar en un coche sin amortiguadores?: un horror, sobre todo cuando toca un camino pedregroso y lleno de obstáculos. Esto es lo que sucede cuando no contamos con el sentido del humor para sortear los numerosos baches con los que nos encontramos en el viaje del vivir. Nos atacan los dolores con cada piedrecita del camino porque no tenemos amortiguadores. Y es que el humor (y no la ironía, que es otra cosa) cura y ayuda a vivir, es humilde, una experiencia catártica diría yo.

La risa bien entendida aporta algo de alegria, algo de dulzura, de ligereza a la miseria del mundo y no más odio, más sufrimiento o desprecio.

Sin embargo y pese a sus bondades, el buen humor es algo casi tan raro y difícil de encontrar como una pequeña planta en un paisaje polar o un trébol de cuatro hojas. Por su escasez precisamente, creo que merece una pequeña reflexión.

¡Qué pena que sea algo tan poco abundante hoy en día! Creo que puede ser una fórmula o un camino ideal para llevar una vida plena y exitosa. Digo que escasea porque se han puesto de moda las terapias de la risa como forma para atajar los problemas y es porque las personas parece que lo hemos perdido o por lo menos, que está un poco en desuso.

Siempre se ha dicho que son cinco los sentidos, a saber: el oído, gusto, olfato, vista, y tacto. Yo, la verdad, añadiría otros dos: el sentido común y el sentido del humor.

Bertrand Russell decía que “el humor es cualidad moral que más necesita el mundo”.En el ámbito de la medicina, también se ha visto cómo la recuperación de algunas enfermedades se hace más rápida debido a la actitud del paciente “el humor purga la sangre haciendo que el cuerpo rejuvenezca, adquiera viveza y se encuentre listo para cualquier empresa”dice R.Burton. Y es que son muchos los que le han dado vueltas al asunto desde sus disciplinas, como Nietzsche, que afirma” el poder intelectual de un hombre, se mide por el humor que es capaz de utilizar” o Mark Twain “La raza humana tiene un arma verdaderamente eficaz: la risa”.

En cierto sentido, y pensándolo bien, carecer de humor es en realidad carecer de humildad, es estar demasiado inflamado de uno mismo ¿verdad?

Además, creo que está igualmente relacionado estrechamente con el amor porque la esencia del humor a mi entender, es al fin y al cabo la sensibilidad: es decir, la cálida y tierna también simpatía y mirada hacia a todos los seres.

El humor es una demostración de grandeza que pareciera que es mejor decir que en última instancia todo lo que nos sucede, es en cierto modo lo que nos pasa por el camino, lo anecdótico, pero no el propio camino y que es mejor reir. La risa es además, como asegura alguno, la distancia más corta entre dos personas y entre el problema y la solución.

Termino con palabras de R.Kraimer que asegura que tomarse las cosas con humor equivale al dicho de “tomarse las cosas con filosofía”.El sentido del humor es de los sentimientos más serios, gratuitos y paradójicos con que podemos cepillarnos las telarañas del alma.

fuente: sontushijos.org

La Timidez: El muchacho que no supo decir NO


Gabriel Marañon Baigorrí

Las buenas noches de tus hijos II: Virtudes

Eran cuatro amigos. Uno de ellos era rebelde, malo, perverso. Desde pequeño andaba a pedradas contra otros chicos, que los perseguía sin motivo alguno, con odio y saña. Los tres restantes no eran propiamente malos, pero sí rebeldes, excepto uno de ellos, que era realmente bueno, pero con un defecto en su espíritu que no supo vencer: su timidez. Era un muchacho que no sabia decir: “¡No!”

Un día se reunieron los cuatro en un bar y el peor de los amigos propuso a los demás asaltar y robar a un conocido suyo, hombre ya mayor, que al día siguiente tenía que cobrar en la fábrica. De los cuatro amigos, tres estaban de acuerdo. El muchacho que era tímido y formal es seguro que aquello le pareció indigno. Pero no tuvo valor para oponerse y decir: “¡Eso está mal. Yo no lo hago”. Pero no lo dijo. Se calló.

Al día siguiente los cuatro individuos se apostaron a la entrada del túnel que atravesaba la carretera. Esperaron un buen rato. Estaban embozados. Por fin apareció el obrero, víctima elegida de ellos. Cuando el obrero entró en el túnel, camino de su casa le asaltaron los cuatro individuos e intentaron sujetarlo, pero el obrero forcejeo con tal fuerza que a uno de ellos le quitó el embozo. Quedó la víctima asombrada al ver que conocidos suyos intentaban robarle. El joven, al verse descubierto, se abalanzó contra él y a puñetazos lo derribó al suelo; se ensañaron con él. Uno de ellos trajo una estaca y dándole un fuerte golpe en la cabeza lo dejó medio muerto. Arrastraron a la víctima a unos matorrales y la abandonaron. Unas trescientas pesetas se cree que le robaron.

Al cabo de varios días encontraron el cadáver unos individuos y dieron cuenta a la Guardia Civil.

El muchacho sensato, pero tímido, que participó en el crimen no podía comer ni dormir. Su intranquilidad era enorme. Le horrorizaba lo que habían hecho. Su madre le preguntaba a ver qué le pasaba. Por fin el muchacho le declaró una mañana: “Madre, he visto matar a un hombre”. Pero el joven no manifestó a su madre ser él cómplice en el asesinato del obrero. La pobre madre quedó consternada. Y sin decir nada a su hijo, fue al cuartel de la Guardia Civil y dio cuenta de la revelación de su hijo.

El muchacho fue llevado al puesto de policía y allí, acosado a preguntas, declaró cómo fue el asesinato. Los cuatro jóvenes, que eran mayores de dieciocho años, quedaron detenidos. El Tribunal de Justicia los condenó a muerte. Uno de ellos no quiso confesar ni comulgar. Otros, en cambio, lo hicieron.

Los cuatro jóvenes recibieron en la plaza, del pueblo la muerte a garrote vil.

Explicación Doctrinal:

Es necesario que tengas amigos. Con ellos se va fraguando tu personalidad, pues te enriqueces con las ideas y sentimientos de tus amigos. Ten en cuenta que entre amigos se discute, se cuentan chistes, se habla de cultura, de estudios, etc., y todo ello contribuye a formar tu carácter varonil. Pero depende de los amigos que tengas: si son unos insustanciales, vagos y perversos, serás tú también uno de ellos. Pero si tienes amigos dignos, de ideas y sentimientos nobles, tú serás también uno de ellos. Un amigo bueno es un tesoro.

Pero con los amigos, conocidos, compañeros de trabajo, etcétera, te vas a encontrar que te van a pedir que hagas tal cosa, que va contra tu honor, o contra tus bienes y derechos, o contra lo que no te conviene, o contra la justicia. Y debes adquirir la cualidad de tener un espíritu fuerte y decir al amigo o conocido que te pide algo y no debes concedérselo: “¡No puede ser!” El que es tímido, encogido, el que no es verdaderamente hombre, ese dice, con bajeza y cobardía: “¡Conforme” El verdadero hombre dice con decisión y firmeza: “¡No!”.

La firmeza contra la timidez se adquiere repitiendo todos los días, mañana y tarde: “Al tímido le aplastan, abusan de él. Al hombre de espíritu lo respetan y le temen.” Aprovecha todas las ocasiones que te presenta la vida para fortalecer tu espíritu. Por ejemplo; vas en el metro, en el autobus, en el tren o por la calle, y un individuo dice a una joven una grosería. Aprovecha esa ocasión y dile con educación a ese individuo: “Oiga, joven, todos merecemos respeto y buen trato, pero sobre todo la mujer.” Si lo haces así adquieres una gran personalidad, y así en otras muchas cosas.

Norma de Conducta:

Seré firme en decir a mis amigos, familiares y conocidos: “¡No¡”

fuente: encuentra.com

Los buenos modales

Niños de 7 a 12 años

Es muy bueno que los niños aprendan idiomas, computación, deportes…, pero, ¿qué hay de ese joven a la hora de sentarse a la mesa?, ¿cómo recibe y despide a sus visitas? Y ¿qué tal es su conversación con sus padres y adultos?

Un segundo de distracción cuando el semáforo se ha puesto verde, basta para que los motorizados se cuelguen a la bocina o griten todo tipo de improperios con gestos ad hoc.

En el metro y en las microbuses los hombres, al ver subir a una mujer, se sumergen con pasión en su lectura o miran decididamente el paisaje -el túnel en el caso del metro- con tal de no dar el asiento.

Los jóvenes hablan a garabatos y el que no lo hace simplemente está “out”. Y para qué decir de la “sentada”. Ellas han olvidado que las piernas abiertas no son aconsejables cuando se viste falda y ellos creen que es normal que sus compañeras de estudio se sienten sobre sus piernas en vez de darles el lugar.

Existe consenso: hacen falta los buenos modales. No se trata de que añoremos un mundo de pompas y venias. Nada semejante. Consiste simplemente en que los actualmente poco ponderados buenos modales constituyen un pasaporte al éxito, porque tras el buen comer, correcto hablar y preciso comportamiento se disfraza el quid de la convivencia: el respeto a los demás.

DAR EJEMPLO

Está claro que junto con la llegada de la adolescencia, los hijos se ponen rebeldes y adoptan un aire de suficiencia. Esto es natural y demuestra el crecimiento que están viviendo al reafirmar su personalidad. Sin embargo, como parte de ese proceso es necesario que asuman tres actitudes:

– Los valores esenciales no se cambian por moda o por edad.

– Criticar es natural en estos años, pero proponer soluciones positivas es siempre mejor.

– Ponerse en el lugar del otro.

Sin estos ingredientes, los adolescentes crecerán sin haber aprendido a manejarse bien socialmente. Carecerán de lo que se ha denominado “inteligencia social” -que es saber llegar a las personas en el momento adecuado y en la forma oportuna- tan útil en la vida personal y profesional.

La adolescencia es un período en que los jóvenes necesitan cerca a sus padres y los requieren como tales: en el papel de guías y dando ejemplo. ¿Qué sacan los padres con exigir buenas maneras si “pelan” descarnadamente a otros, pelean a gritos o mienten al no querer recibir una llama- da telefónica que no se atreven a enfrentar?.

Un caso patético, ocurrió en Reñaca hace un tiempo, cuando un potente auto se desvió a propósito de su pista para golpear y volcar a una moto -conducida por una pareja joven- que lo molestaba. El auto, conducido por un padre con cinco hijos a bordo, se dio a la fuga…

TRANSAR EL” ARITO”, NO EL RESPETO

Juanita Balmaceda, encargada de la Unidad Técnica Pedagógica del Colegio Villa María Academy y profesora en esa institución, señala: “Es importante que los papás distingan entre lo que es una terquedad propia de la etapa, y lo que es ser mal educado. El aspecto estético de si usan el pelo más largo o un arito, puede disgustar, pero éstos son asuntos transables, comprendiendo que es propio de la juventud. Lo que no se debe transar nunca es el respeto a los demás. Porque en definitiva eso constituye el fondo de los buenos modales: la sensibilidad hacia los otros”.

Una experta en el tema es Sylvia Gubbins de Bustamante, embajadora de Perú en Chile hasta el año 1985. Narra su experiencia: “Soy una convencida de que los niños no nacen conociendo la buena educación y es un deber de los padres instruirlos en ella. Creo que consiste básicamente en mostrarles la manera de tratar a la gente, a todos con igual consideración, desde un rey a un mendigo. En esto, hay forma y fondo, porque el saber agradecer, comportarse y conversar con los otros, demuestra cultura y respeto hacia el prójimo”.

Juanita Balmaceda señala “Sin duda hemos vivido un cambio impresionante en los últimos años. Notamos un problema concreto: los niños no son formados en los buenos modales por sus familias, ante lo cual los colegios hemos tenido que ir asumiendo un rol que nunca antes nos había tocado y que incluye hasta el cómo comen los alumnos. Los papás deben poner atajo a los malos modales. Tienen que entender que ellos son conductores de sus hijos. Esto, además de ser una experiencia excepcional, también significa estar dispuesto a llevarse el mal rato y no sólo a ser siempre el compadre, sino un orientador”.

SENSATEZ y SENTIMIENTOS

El adolescente tiende a vivir apasionadamente, pero hay que encauzar toda esa energía. Ellos en ocasiones, con- funden la filosofía con que se toman la vida con la mediocridad. Por eso resulta apropiado ayudarles a llenar la vida con algo que les dé sentido, útil para ellos mismos y la sociedad. Todo lo contrario a una vida arrastrada y vulgar.

Sin duda, cada día la espontaneidad cobra un rol más preponderante en todo el proceso social. Gracias a ella, padres e hijos están más próximos, las generaciones se han acercado y comprendido mejor, e incluso es un valor que ayuda a la formación del propio carácter: hoy se considera fundamental moverse en un clima de confianza. Pero no es menos cierto que a veces, escudados en el “ser uno mismo”, se atropella a los otros, sus sentimientos y su espacio. De ahí el sabio consejo: “Conviene añadir sensatez a la sinceridad para no caer en la idiotez sincera, que no por ser sincera, deja de ser idiota”.

Lo anterior, en términos de diccionario, significa moderación, reflexión, cautela, ponderación… es decir, usar el sentido común y simplemente, ponerse en el lugar del otro. En otras palabras, el equilibrio del carácter exige una cuidadosa compensación entre los extremos.

Hay modales que se han hecho humo:

– Saludar con respeto a una persona mayor, lo que implica ponerse de pié cuando ésta entra a donde estamos.

– Dar el asiento a las personas mayores o mujeres embarazadas.

– Estar limpios a la hora de comer y comer bien, usando servilletas y cubiertos como se debe.

– Saber escuchar y no interrumpir a alguien cuando habla.

– Respetar la autoridad del profesor.

– No secretearse en público ni comentar las intimidades de la familia.

– Golpear ante una puerta cerrada.

– Colocar la televisión o la radio a volumen moderado.

– Ofrecer ayuda.

Fuente:

EL ARTE DE EDUCAR
Adolescencia, solos frente al camino
Fundación Hacer Familia
Santiago-Chile
2a. edición