Resolución de conflictos familiares

Tanya M. Brizuela Henríquez

Antropóloga

Procurar resolver los conflictos que se nos presentan en la vida de forma constructiva es controlar nuestras reacciones instintivas de enojo, ira, imposición, irrespeto y agresividad; y sustituirlas por acciones razonadas que nos ayuden en la búsqueda de una solución positiva para todos. De ahí que, adquirir habilidades adecuadas para solventar de manera apropiada un enfrentamiento, es un ejercicio que se debe practicar concientemente, y así, establecer mejores formas de conducir nuestra vida y por ende las relaciones interpersonales.

Ahora bien, para mejorar nuestra forma de manejar los conflictos dentro del seno familiar, es necesario determinar cuáles comportamientos no colaboran en el buen manejo del conflicto, sea éste con un miembro de la familia. Algunas prácticas inadecuadas en las que podríamos incurrir son, por ejemplo, endosarle la culpa al otro del desacuerdo. Tomar esta actitud, en lugar de tratar de de buscar acuerdos, lo que podría provocar es una discusión cuyo objetivo es dejar bien claro quién tiene razón y quién está equivocado en lugar de limar las diferencias. De esta forma, la cuestión se torna en un pleito acusatorio, que lejos de buscar una solución para ambos, se enfrasca en designar un ganador y un perdedor. Este tipo de confrontaciones podría generar baches en la relación, independientemente de quién haya iniciado el problema, la relación sale perdiendo y la interacción familiar también se verá negativamente afectada (De Mézerville. 2007).

Otra forma inadecuada de proceder es minimizar o menospreciar los sentimientos de la persona con la que se tiene el desacuerdo. Una frase que regularmente se usa en estos casos es “No es para tanto”, y aunque puede parecer pequeña e insignificante, crea una sensación de incomprensión que entorpece la comunicación, elevando la cuota de molestia sentida por la otra persona. Por lo tanto, para evitar este resultado, se debe tomar en cuenta que aunque no estemos de acuerdo con el pensamiento del otro, siempre es necesario que intentemos ponernos en su lugar y entender su punto de vista a pesar de que difiramos con él o ella, y a partir de ahí, busquemos juntos una solución y así buscar el beneficio común (De Mézerville. 2007).

De igual forma, buscar solamente los intereses individuales dejando de lado los del otro no es una buena forma de manejar un enfrentamiento, sino más bien deberían ser apreciados como oportunidades para crecer en el arte de las relaciones humanas. Sin embargo, para que esto se dé, es necesario que las personas envueltas en el conflicto, estén en la disposición de buscar consenso a través de la negociación, de ser posible, o bien buscar la solución que mejor convenga (o perjudique menos) a todos los interesados.

En general, todas las relaciones en las que nos vemos implicados se verían beneficiadas si en algunas ocasiones estuviéramos dispuestos a “ceder un poco” y de manera razonable. Por ejemplo, en aquellas ocasiones en el que el motivo de diferencia es un aspecto de poca trascendencia para nosotros pero de suma importancia para él o ella. Por otro lado, si se asume una actitud intransigente, la interacción entre ambas personas disgustadas empezará a sufrir paulatinos pero graves daños a nivel familiar (De Mézerville. 2007).

Además de lo mencionado anteriormente, para llegar a la resolución respetuosa de un conflicto es elemental una adecuada comunicación. Aunque un buen diálogo es clave para el buen manejo de las relaciones, lograrlo no es algo sencillo. Entre los aspectos que se requieren para un diálogo fructífero se encuentran no sólo la apropiada expresión de ideas, sino también un buen par de oídos que estén anuentes a escuchar lo que el otro tiene que decir. El propósito es prestar real atención y que así, se refleje nuestro respeto hacia el otro y una buena actitud, sin importar que lo escuchado no sea de nuestro agrado.

Por otro lado, es importante añadir que se debe evitar a toda costa el perder los estribos y que esto lleve a una discusión violenta. La agresividad y la imposición no son una solución edificante, dañan las relaciones familiares y lo que causan es miedo, maltrato y agresión en el otro. En caso de sufrir dificultades para manejar la ira de manera adecuada, es recomendable buscar ayuda profesional. De lo contrario, la situación podría empeorar llevándonos a situaciones más complejas de resolver como agresiones físicas, psicológicas o verbales. Las consecuencias de tales situaciones podrían incluir daños emocionales y psicológicos graves, e inclusive el desencadenamiento de acciones criminales.

Finalmente, algunas recomendaciones que nos pueden ayudar a enfrentar de forma constructiva una situación de conflicto en la familia son las siguientes:

Tengamos siempre consideración, respeto y tolerancia.

Identifiquemos y focalicemos el problema.

Busquemos el lugar y momento oportunos.

Aprendamos a estar en desacuerdo sin pelear.

No busquemos culpables.
No pretendamos ganar siempre y acudamos a un profesional si el problema se sale de nuestras manos.

Bibliografía

Calderón, Helena (2008): ¿Cómo resolver conflictos? Enfoque a la Familia. Artículo publicado en prensa. Creciendo en Familia II, Fascículo III. San José, Costa Rica. 03 de octubre, 2008

De Mézerville, Claire (2007): Cómo resolver los conflictos en el matrimonio. Enfoque a la familia. Artículo publicado en prensa. San José, Costa Rica. 23 de octubre, 2007

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