Mes de María, para rezar en familia

Para rezar en familia todos los días del mes de mayo

1. CANTO INICIAL
Reunida la familia en torno a una imagen de María, se comienza con un canto a la
Virgen, por ejemplo:
Tomad, Virgen pura, nuestros corazones
No nos abandones, jamás, jamás.
– o bien –
Mientras recorres la vida, tú nunca solo estás
Contigo por el camino, santa María va.
Ven con nosotros al caminar, Santa María ven (2).
– o bien –
Humilde nazarena, oh María.
Blancura de azucena, oh María.
Salve, Madre virginal.
Salve, Reina celestial.
Salve, salve, salve María.
– o bien –
Venid y vamos todos,
con flores a porfía,
con flores a María,
que Madre nuestra es.
(o cualquier otro canto a María)
2. ORACIÓN INICIAL
(lo lee un hermano, alternándose cada día)
Buenas tardes, María, Virgen, Madre de Dios. Al final de este día venimos a estar
contigo en familia.
Venimos cansados por el trabajo del día y queremos pasar junto a Ti este
momento del día. Te damos gracias por el Sí que pronunciaste en Nazaret, cuando san
Gabriel te anunció el plan de Dios para tí. Gracias porque no te cansaste de decirle Sí a
Dios hasta el final. Gracias por ser nuestra Madre y protegernos a todos en el colegio,
en casa y en el trabajo durante este día.
3. PETICIONES
(Los padres se dirigen a la Virgen con estas o parecidas palabras)
Señora santa María, Madre de Dios y madre de nuestra familia. Tú has seguido
todos los pasos de Jesús, desde el primero al último. Estuviste en Nazaret, cuando el
ángel te dio la Buena noticia de que serías la Madre del Señor. Caminaste hasta Belén y
lo tuviste en tus brazos en la noche de Navidad. Desde entonces lo acompañaste en
todos sus pasos. Permaneciste fiel al pie de la Cruz y esperaste con fe la Resurrección,
la victoria de tu Hijo sobre la muerte.
Tú que has estado siempre tan cerca de tu Hijo y vives ahora en su eterna
presencia, ponnos a todos junto a tu Hijo, Jesús.Tú que aceptaste ser la esclava del Señor y te fiaste de sus planes, ruega por
nosotros, por nuestros proyectos e ilusiones.
Hija del Padre, que todo lo recibiste de Sus manos y te alegrabas de ello,
enséñanos a vivir como hijos, obedientes y agradecidos.
Esposa del Espíritu, que te entregaste por entero a Dios, enséñanos a amar como
Jesús nos amó: a dar sin medida, a combatir sin preocuparnos de las heridas, a trabajar
sin buscar descanso.
Madre del Hijo de Dios, que fuiste la maestra del Maestro divino, ruega al Señor
para que nuestra vida dé mucho fruto.
(a continuación, cada uno presenta sus peticiones)
4. ORACIÓN Y CANTO FINAL
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea
pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.
A ti, celestial Princesa, Virgen sagrada María te ofrezco en este día
alma vida y corazón; mirame con compasión; no me dejes Madre mía.
Se concluye con el canto a María que sea el favorito de la familia.
“Mayo es un mes amado y resulta agradable por diversos aspectos. En nuestro
hemisferio la primavera avanza con un florecimiento abundante y colorido; el clima,
normalmente, es favorable a los paseos y a las excursiones. Para la liturgia, mayo
siempre pertenece al tiempo de Pascua, el tiempo del «aleluya», de la manifestación del
misterio de Cristo en la luz de la resurrección y de la fe pascual; y es el tiempo de la
espera del Espíritu Santo, que descendió con poder sobre la Iglesia naciente en
Pentecostés. Con ambos contextos, el «natural» y el «litúrgico», armoniza bien la
tradición de la Iglesia de dedicar el mes de mayo a la Virgen María. Ella, en efecto, es
la flor más hermosa que ha brotado de la creación, la «rosa» que apareció en la plenitud
de los tiempos, cuando Dios, enviando a su Hijo, dio al mundo una nueva primavera. Y
es al mismo tiempo protagonista humilde y discreta de los primeros pasos de la
comunidad cristiana: María es su corazón espiritual, porque su misma presencia en
medio de los discípulos es memoria viva del Señor Jesús y prenda del don de su
Espíritu” (Benedicto XVI, 9 de mayo de 2010).
“Dirijo mi pensamiento a María: a ella está dedicado particularmente el mes de
mayo. Con la palabra, y más aún con el ejemplo, el Papa Juan Pablo II nos ha enseñado
a contemplar a Cristo con los ojos de María, especialmente valorando la oración del
santo rosario” (1 de mayo de 2005 palabras de Benedicto XVI en el primer Angelus Regina Coeli de su Pontificado).

Fuente: www.familiasdebetania.org

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