La familia de origen

Si nos fijamos, en realidad todos somos, hemos sido, y seguimos siendo hijos; da igual la familia en la que nos ha tocado vivir que nadie nos dijo como realmente teníamos que ejercer nuestra profesión de hijos. Siempre vendremos de un origen no nacemos de la nada, y nuestras familias nos van marcando una serie de pautas, nos gusten más o menos. La cosa se complica cuando como hijos somos padres; total que no era ya difícil el asunto como para liarlo aún más.

Siendo esto así, se ve en demasiadas ocasiones en terapia de pareja como las dificultades en su relación se le suma las de las familias de origen. Siempre que una nueva pareja se funda se suele insistir mucho que es necesario y fundamental que ésta cree su propia comunidad, su propia familia.

Por otro lado las respectivas familias de origen deben saber que a la pareja ha de concedérsele prioridad. Cada uno viene de familias distintas y cada familia tira de un hijo en muchas ocasiones tomando parte en sus problemas. En esos momentos no es que las familias respectivas se mantengan al margen sino que tienen que considerar que la mejor ayuda o apoyo no es tomar parte en sus decisiones o resoluciones, hablar airadamente de uno o de otro, porque su hijo es su hijo y el otro miembro de la pareja siempre será el responsable de sus problemas. Considerarlo de esa manera significara un embrollo familiar en donde por una lado la familia no este ayudando de esta manera a la nueva pareja para constituir su propia familia y por otro lado los hijos no hayan resuelto sus propias complicaciones con sus respectivas familias de origen y así construir una nueva base familiar. Y es que en palabras de una terapeuta de familia “las crisis de pareja tienen que ver muchas veces, con no haber podido resolver los cónyuges sus dificultades en sus propias familias extensas y repetir patrones disfuncionales en ellas” (Pérez- Díaz Flor, 1994).

Pero también rechazar a la familia de origen o no tratarla de forma adecuada no conduce a nada o mejor dicho sí que conlleva a un gesto de desavenencia dentro los miembros de la pareja: “por que tu hermano me dijo…” “tu padre está equivocado…” estos comentarios nos dañan como hijos, porque no olvidemos que son nuestra familia, y la defenderemos a ultranza a pesar de que no nos guste lo que vemos, pero han sido y serán nuestra base, en donde nos hemos criado.

Por eso mismo las relaciones con la familia extensa, suegros, cuñados, etc. sí que deben ser cuidadas y bien gestionadas, porque por desgracia son muchas las parejas que tropiezan en esta materia. Ayudarse mutuamente la pareja a facilitar un buen trato con los suyos, revierte en más felicidad para su relación. Es fundamental saber que son amores muy distintos y perfectamente compatibles. Y por eso mismo ambos amores merecen reconocerse y recibir un buen trato.

Mª Del Carmen González Rivas

Centro de Atención psicológica y familiar vínculos

www.psicovinculos.es

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