GAY PRIDE: LA PERSONA NO PUEDE REDUCIRSE AL SEXO Teólogo del Papa: «La Iglesia, sin ofender a las personas, dice la verdad»

El sábado, 1 de julio [de 2000], comenzó por la noche, en Roma, el «Gay Pride», la fiesta del orgullo homosexual que tiene como principal foco de celebraciones mundial, durante el gran Jubileo del año 2000, la Ciudad Eterna. El gran desfile tendrá lugar el próximo 8 de julio y al lado del Coliseo.
El hecho de que esta iniciativa tenga lugar precisamente en Roma, en este año, cuando miles de peregrinos vienen a cruzar la puerta santa de las Basílicas romanas, ha sido percibido como una provocación. Las declaraciones de algunos grupos de presión han llevado a crear una grave confusión: homosexuales contra la Iglesia y, por consecuencia, la Iglesia contra los homosexuales. Se trata de una confusión gravísima que no ha traído más que sufrimiento a muchas personas.
Cabe preguntarse, por tanto, qué es lo que dice la Iglesia sobre las personas homosexuales. Y, ¿quién mejor para responder a esta pregunta que uno de los consejeros más cercanos en asuntos doctrinales a Juan Pablo II, el padre Georges Cottier, dominico, comúnmente conocido como el «teólogo del Papa» (o más exactamente teólogo de la Casa Pontificia) y secretario general de la Comisión Teológica Internacional?
El padre Cottier comienza recordando la carta que publicó sobre este argumento en 1986 la Congregación para la Doctrina de la Fe —publicamos al final de este servicio el documento íntegro—: «Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen».
El «teólogo del Papa» cita además el número 2.358 del Catecismo de la Iglesia Católica, publicado en 1997, donde —tras explicarse que la inclinación homosexual «objetivamente desordenada, constituye una prueba» para la mayor parte de los hombres y mujeres que experimentan «tendencias homosexuales profundamente arraigadas»—, afirma claramente que estas personas «deben ser acogidas con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellas, todo signo de discriminación injusta».
—Entonces, ¿la Iglesia no está contra los homosexuales?
—Georges Cottier: Ante todo, la Iglesia recuerda que no tenemos que aprisionar a la persona en su sexualidad. En el documento de 1986 de la Congregación para la Doctrina de la Fe «Sobre la atención pastoral de los homosexuales» se hace una aclaración importante. La persona, como tal, trasciende la sexualidad. De modo, que es mejor no hablar de «homosexuales», sino más bien de «personas homosexuales», para subrayar que esta trascendencia se debe al destino fundamental de todos los seres humanos.
—Esta aclaración recuerda la famosa distinción entre el «pecado» y el «pecador». ¿No cree que es un elemento que ha sido olvidado en algunos debates que han tenido lugar en días pasados?
—Georges Cottier: En efecto, tenemos que distinguir muy bien entre tendencias homosexuales, de las cuales la persona no es responsable en gran parte de los casos, y los actos homosexuales. Estos actos son juzgados por la ley moral, que nos indica el camino para alcanzar nuestro fin: la unión con Dios. Algunos actos están en conformidad con la voluntad de Dios y, por ello, son buenos; otros no lo son. Pero esto se aplica también a todos los actos sexuales y a todos los campos de la actividad humana. Por tanto, se aplica también a las personas heterosexuales.
—Como sucede con el adulterio, por ejemplo…
—Georges Cottier: Exactamente. Un adulterio es grave, es un pecado. Por tanto, no tenemos que poner de un lado los actos homosexuales y por otro los heterosexuales. Para la Iglesia, las relaciones sexuales son moralmente lícitas únicamente cuando tienen lugar dentro del matrimonio monógamo e indisoluble.
—¿Cómo deben aplicarse estos principios a la acción pastoral?
—Georges Cottier: La acción pastoral se dirige a las personas y, por tanto, tiene que caracterizarse por la comprensión y el respeto. Es verdad, por desgracia, con frecuencia se ha despreciado a estas personas, se les ha hecho sufrir por comportamientos que son más bien fruto de prejuicios que de auténticos motivos de inspiración evangélica. Hay que pensar más en la maternidad de la Iglesia: personas homosexuales o personas heterosexuales, célibes o casadas, todos somos amados por la Iglesia, pues la Iglesia es el sacramento del amor de Cristo para todos.
—Entonces, está claro que hay que respetar a todos. ¿También a quien proclama el orgullo homosexual?
—Georges Cottier: La dificultad actual se debe a la ideología «gay», que es algo muy diferente. Constituye un conjunto de reivindicaciones, algunas justas y otras no. Son justas cuando piden el reconocimiento del respeto que merece toda persona. Pero detrás, se da la tendencia de muchos a reconocer las uniones entre personas homosexuales, si bien no de manera idéntica, al menos muy como si fuera al muy parecido al matrimonio. Algo así como lo que sucede con el reconocimiento de las parejas de hecho. El matrimonio, sin embargo, es una institución querida por Dios, que nosotros, los hombres, no podemos cambiar según nuestros caprichos. Por tanto, la Iglesia, sin ofender a las personas, tiene que decir la verdad, es decir, «no». Recordando, como decía Pablo VI, que el anuncio de la verdad es una forma eminente de caridad
—Entonces, ¿qué puede hacer la comunidad eclesial para ayudar a una persona homosexual a vivir dignamente su condición?
—Georges Cottier: Ante todo, tiene que luchar contra los prejuicios y el desprecio, que casi siempre es fruto de los prejuicios. Tienen que sentirse miembros con plenos derechos de la parroquia, pues son personas como cualquier otra, y para quienes vale la misma llamada a la santidad del resto de los demás hombres y mujeres. Lo repito: tenemos que tener presente la maternidad de la Iglesia que ama en nombre de Cristo a todos los hombres. También a aquellos que tienen grandes problemas.
—¿Pueden ser de ayuda los llamados grupos de atención a homosexuales?
—Georges Cottier: Pueden dar una cierta ayuda. Pero el peligro está en que se creen grupos que viven demasiado entre ellos su propia diferencia. Puede ser algo contraproducente y fuente de nuevos prejuicios.
—En conclusión, ¿cree que iniciativas como el «Gay Pride» son motivo de ayuda para las personas homosexuales?
—Georges Cottier: Creo que no. Más allá de la coincidencia con el año santo y de su naturaleza más o menos provocante, esta manifestación no ayuda a comprender bien el problema y los dramas humanos que existen. Es probable que detrás de las provocaciones se esconda también un cúmulo de sufrimientos. Pero ciertamente éste no es el camino apropiado para superarlos.

Fuente:conoze.com

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