Fortaleza: medio para resistir a las dificultades

En la vida se presentan a veces dificultades que debilitan la mente y el espíritu, pero que podemos superar viviendo la virtud de la fortaleza, que lleva a quien la vive a resistir en las pruebas, a enfrentar retos y a emprender acciones valiosas.

En ciertas ocasiones el panorama se torna gris, las puertas se cierran ante los ojos cansados y por momentos pareciese que la felicidad estuviera recóndita. Cuando se presentan situaciones críticas (muerte de un ser querido, enfermedad, tragedia social, catástrofe natural, crisis matrimonial o familiar, aprieto económico, situación de desempleo…) el ser humano se ve obligado a poner en juego todo su bagaje de virtudes y valores para volver a levantarse. Es la fortaleza por tanto, aquella fuerza interna que permite salir adelante a pesar de los problemas, incentiva a continuar con la disputa por el bienestar y poder finalmente recuperar la calma que se había perdido.

¿Qué es la fortaleza?

La fortaleza se puede definir como un tipo de blindaje que da la resistencia necesaria para soportar las influencias perjudiciales, las conmociones que buscan destruir y otorga valentía para vencer los conflictos como también para acometer los grandes duelos.

Otras definiciones que brindan aún más claridad:

“Es la virtud que ayuda a vencer con valor los peligros y los obstáculos en la vida. La fortaleza ayuda también a aguantar con firmeza y sin miedo las cosas malas y a no echarse para atrás cuando se ha conquistado un bien. La vida del hombre es una lucha: a veces hay que atacar al enemigo y otras veces hay que resistir sus ataques. La fortaleza da al hombre decisión, valor, coraje, energía, constancia y aguante para atacar y resistir.” *Laverdadcatolica.org

“La virtud de la fortaleza hace a la voluntad férrea, de acero, inflexible ante las dificultades, las tentaciones, los desánimos y problemas, grandes o pequeños de la vida de todos los días. La convierte en valiente para acometer, para atacar al enemigo.” *Francisco de Paula Cardona Lira de Catholic.net.

Ahora bien, es importante precisar el concepto de fortaleza, pues esta virtud no está asociada a la indiferencia ni a la negación de sentimientos o frialdad; tener fortaleza es afrontar las acometidas con entereza y seguir adelante a pesar del dolor, no es falta de fortaleza pedir y aceptar ayuda para sanar las heridas físicas y sicológicas, como tampoco es falta de fortaleza el flaquear por algunos instantes y hasta sentir desánimo, pues de carne somos y no poseemos el don de la perfección. Pero lo que sí tenemos es la destreza para recuperar las fuerzas y continuar con el rumbo de la vida.

Cómo desarrollar la fortaleza

La fortaleza se forma a partir de las pequeñeces, es decir dominándose así mismo en aspectos que exijan un esfuerzo por simple e incipiente que sea, como por ejemplo levantarse temprano en las mañanas, privarse de algún capricho, ser paciente con los hijos, con el cónyuge, mantener en orden el lugar de trabajo, la casa, etc.

Al igual que las demás virtudes, la fortaleza no se crea de un día para otro, se requiere tiempo, pero sobretodo disposición y empeño para lograrlo. Tal como explica el autor mencionado en la parte preliminar:

“Fatigas, esfuerzos y constancia darán como fruto la vivencia de la virtud. Recordemos que, humanamente, la persona que quiere ser madura y cumplir con su fin natural de crecer como tal, necesariamente ha de ser dueña de sí misma, dueña de sus decisiones, señora de sus inclinaciones e instintos. El niño busca siempre cumplir sus caprichos porque todavía no forma la virtud de la fortaleza. Pero ¿un adulto? ¿Un adulto puede ser esclavo de sus flojeras, de sus enojos, de sus iras y malos humores? Si no posee una fortaleza personal que resista estas dificultades, nunca llegará a ser verdaderamente adulto.” *Francisco de Paula Cardona Lira de Catholic.net.

Recuperar la fortaleza en la familia

Es imprescindible darle cabida a la fortaleza en nuestros hogares, pues resulta inquietante como algunas corrientes de la modernidad, pretenden desplazar esta virtud y con ella sus valores aliados: esfuerzo, disciplina, voluntad, paciencia, constancia, humildad; es por eso que no ha de extrañarse si las nuevas generaciones presentan niveles más altos de frustración o poca capacidad para asumir compromisos -el matrimonio por ejemplo- por citar sólo algunos.

Francisco Rodríguez Barragán en su escrito de Conoze.com hace esta interesante reflexión: “Al haber olvidado la necesidad de la fortaleza, mientras hemos llegado a interiorizar que tenemos derecho a todo lo que se nos antoje con el mínimo esfuerzo, estamos frustrando nuestra vida. El abandono de los estudios de tantos jóvenes pone de manifiesto la carencia de fortaleza para superar dificultades.

(…) Todo lo que vale, lo valioso, cuesta trabajo y esfuerzo. Pero si desde pequeños no somos educados en tales actitudes, chocaremos desagradablemente con una realidad que se resiste a nuestros caprichos y buscaremos compensaciones fáciles y degradantes en la sensualidad, la pereza o las adicciones, convirtiéndonos en explotadores de nuestra familia, a la que exigiremos los medios que no hemos sido capaces de conseguir por nosotros mismos.”

Así pues, es un llamado para los padres crear entornos que hagan salir a los hijos de su zona de “confort” para ayudarlos de esta manera, a desarrollar su propio concepto de fortaleza.

Para finalizar: Dios es sinónimo de fortaleza; hay situaciones que humanamente son insuperables, pero gracias a la fuerza que el Creador nos derrama, éstas logran ser superadas.

Fuentes: Catholic.net, Laverdadcatolica.org, Conoze.com

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