El PRIVILEGIO de ser MADRE

En nuestra sociedad donde el valor se mide en términos de productividad y consumo, la maternidad se convierte para un número cada vez mayor de mujeres en un obstáculo para la realización personal, como si falsamente los conceptos de madre y mujer se excluyeran mutuamente.
Ante la proximidad del Día de la Madre, sirva este fragmento de César Valdeolmillos –“el privilegio de ser madre”- como reconocimiento y canto a la maternidad y muy especialmente a cada una de nuestras madres. ¡Gracias mamá! ¡Feliz Día de la madre!
Mamen (Cáceres)

-Jacobo y Mamen (Mérida)-

Ser Madre no es fácil…es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales, que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada. Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantinela de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, tomen su vaso de leche. Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los novios y las novias; sin ofenderse cuando la mandan callar o le dan con la puerta en las narices. Es quedarse desvelada esperando que vuelva la hija de la fiesta y, cuando llega hacerse la dormida para no fastidiar. Pero en la mesa está preparado el mantel y la comida aún caliente.
Ser madre, es temblar cuando el hijo aprende a conducir, se compra una moto, se afeita, se enamora, tiene un examen o le quitan las amígdalas. Es llorar cuando ve a los niños contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo. Es servir de niñera, maestra, chofer, cocinera, lavandera, médico, policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno. Es entregar su amor y su tiempo sin esperar nada a cambio. Es decir que “son cosas de la edad” cuando le dicen que no entiende ya nada.
Madre es alguien que nos quiere y nos cuida todos los días de su vida y que llora de emoción porque uno se acuerda de ella una vez al año: el Día de la Madre.
Todo esto es cierto, por eso no es de extrañar que hoy en día, el 80% de las mujeres huyan de tales responsabilidades.
Sin embargo, no hay nada más bello que llegar a casa, agotada después de un duro día laboral y ser recibidas por gritos de júbilo y enormes sonrisas, porque ya vino mamá. No hay nada más reconfortante que el fuerte abrazo y beso de ese hijo, que una madre sabe y siente, que le ama más que a nadie en el mundo y para el cual ella es la mejor y más bella de todas las personas del universo.
De niños creemos que mamá todo lo puede, que no siente cansancio, que no sufre… esa imagen que guardamos de ella con el tiempo no coincide con la que vemos cuando pasan los años. Es entonces cuando descubrimos que mamá también sufre, se cansa, esta triste, no tiene fuerza, calla ocultando el dolor. La vemos como un héroe sobrevivir a grandes tragedias, llevarnos de la mano conteniéndonos y mostrándonos la vida siempre del lado más bello.
De niños no entendemos sus lágrimas, cuando sus manos, por aliviarnos de nuestras angustias y problemas, nos sacan las espinas y se las clavan en ellas. Así como nosotros necesitamos tantas veces de la protección de esos brazos fuertes, de la comprensión de nuestros gestos, de nuestros silencios o de nuestro dolor, ella también nos necesita. Por eso debemos detenernos y observarla, abrazarla y hacer que sienta que estamos allí, junto a ella, aunque sea en la distancia; que nos importa; que es valiosa para nosotros. Solo de esta forma, le devolveremos el más hermoso sentimiento de que, desde nuestra concepción nos impregnó; el sentimiento que proporciona paz y tranquilidad en los momentos difíciles de la vida; el que nos contiene; el que minimiza el dolor; el que nos hace luchar por nuestros sueños e ideales; pero sobre todo, nos enseña a dar sin pedir nada a cambio: El Amor.
Madre es una mujer que entrelazó sus manos con las del hombre amado, al que se entregó en cuerpo y alma para formar entre ambos una cuna. ¿Puede haber algo más hermoso?
Una madre, es una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados. ¿Puede haber entrega más plena?…
Madre es una mujer que, siendo vigorosa, se estremece con el llanto del fruto de sus entrañas y siendo débil, sabe revestirse —si es preciso— con la bravura de una leona. ¿Habrá algo más admirable y digno de admiración?
Nuestra madre es una mujer que, tal vez nos enseñe pocas cosas, pero aquellas que de ella aprendemos, son las que marcan el sentido de nuestras vidas. ¿Habrá algo más venerable?…
Y por último, madre es una mujer con un destino y vocación tan ineludibles, que hasta el mismo Dios quiso sentir la cálida emoción de necesitar una. ¿Podemos encontrar en este miserable mundo algo más grande y más hermoso a la vez?
De nuestra madre, solo una cosa hay de la que a menudo nos tenemos que lamentar, y es que nos deje antes de que nos demos cuenta que hemos sido tan egoístas, que no hemos tenido tiempo de devolverle tan solo una pequeña parte de todo su sacrificio, de su permanente entrega y del infinito amor que ella nos entregó…
Por suerte, el Sumo Hacedor, solo nos dio una. Nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces.

(Tomado de “El Privilegio de ser madre”)

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