Criterios a tener en cuenta para la elección del centro escolar


Pablo Carreño Gomáriz – 11.02.2010

CRITERIOS A TENER EN CUENTA PARA LA ELECCIÓN
DEL CENTRO ESCOLAR

Ante este reto de facilitaros, de alguna manera, los criterios para elegir un colegio para la educación de los propios hijos, lo primero que tenemos que hacer es empezar con qué es un niño, qué es la educación. Después de tener claro esto, hablaremos de los cuatro fundamentos esenciales para mí a la hora de elegir un colegio.

¿Qué es un niño? Voy a ser muy empírico porque yo soy sociólogo. Supongamos que tenemos en esa silla a un niño, mejor dicho al que yo voy a describir ahora no estará sentado. Un niño es algo que al padre y a la madre le da el médico o la monja, recién nacido y le dice, aquí tiene padre feliz, aquí tiene tres kilos y medio de peso, absolutamente ignorante y absolutamente egocéntrico. Dicho de otra manera, tiene aquí un encantador cochino egoísta. El reto que se le pone al padre y a la madre cuando se le da ese niño es, aunque no lo veamos así, ahora usted tiene que convertirlo en 70 kilos de peso, si es varón, 45 si es chica, licenciado en derecho o en ingeniería de telecomunicaciones y que sea capaz de dar algo a los demás. Este es el reto.

La eduación consiste esencialmente en sacar al niño de sí mismo y hacerle ver que los demás existen y que no existen porque han venido aquí para utilizarlos él, para servirse de ellos, para amarlo porque me gusta o no me gusta. Han venido aquí con ellos que es otra cosa distinta. Conseguir que ese niño de tres kilos y medio de peso absolutamente ignorante y egocéntrico, ese adorable cochino egoísta, se convierta en alguien capaz de donar, de donarse, esa es la gran aventura de la educación. Luego, si el niño es licenciado en exactas o es ingeniero de caminos, o es albañil, eso es lo de menos, lo importante es que haya aprendido a ser y hacer feliz. Porque además, el que no es capaz de hacer feliz no es capaz de serlo. El que va por la vida buscando cosas no es capaz de dar nada.

Os lo voy a probar de una manera muy gráfica. Un vaso, como cualquier ser humano, tiene una capacidad. El vaso, aunque esté casi al borde, aunque tuviera de todo, y no debiera tener un motivo para quejarse de nada, la única manera de que este vaso dé algo es que se sienta lleno. Por eso, una pieza fundamental de la educación, y este es un criterio fundamental para la elección, es que el niño aprenda a ser feliz. Sin necesidad de depredar a los demás.

Dentro de este marco tenemos a este niño, un yo que acaba de nacer y que tiene un padre, una madre, una abuelita, un hermano y, a todos ellos, el niño los pone a su servicio con la herramienta que tiene, llorar. Este niño como un pedazo de madera o de piedra hay que convertirlo en alguien, para introducirlo en la sociedad 25 años después o los que sean, para que sea capaz de moverse, de salir de él, al menos en una determinada proporción. La educación no consiste en hacer un producto perfecto. Pero si consiste en hacer un producto lo suficientemente bueno para que tenga un porcentaje de salida hacia fuera, de instrumentalizarse él para otro, de darse, este es el proceso. Empezar con una materia prima y terminar con un producto capaz de introducirse en la sociedad sin que hayamos metido un habitante de la selva. Porque esta es la diferencia entre un habitante de la ciudad y uno de la selva. En la selva cada uno de ellos sale por la mañana con una mano a cada lado y mirándose, o son depredadores o depredan.

La única manera de que en éste que acaba de nacer puedan confiar los que hay alrededor de él, es que este niño merezca la confianza y desde luego si no le ha enseñado nadie no habrá manera de vivir al lado de él. Este es el proceso de la educación. En realidad, la ecuación para un sociólogo se llama algo mucho más amplio. Me gusta hablar de socialización. La socialización es precisamente el proceso que tienen en los grupos, en las organizaciones humanas de hacer civilizados, asequibles, confiables a sus ciudadanos nuevos.

Qué herramientas hay para hacer esto. Se hace a voleo, no. En toda actividad humana profesional hay unas herramientas, unos útiles. ¿Qué herramientas hay para esto? Aquí tenemos al cochino egoísta, adorable por supuesto, que no estaba dispuesto a ceder en nada, es un yo genético, con el que tenemos que hacer algo. El bloque de granito se transforma con tres herramientas: disciplina. Sin disciplina no saldrá nunca de ahí. Si este niño durante los siete primeros años de su recorrido de socialización ha podido hacer todo lo que le gusta y no ha tenido que hacer nada de lo que no le gusta, no hemos estado socializando un ser humano, hemos estado socializando un dios. Porque cuando llegue a los 18 años, este ser humano, se siente omnipotente. Y la omnipotencia es de Dios, no del ser humano. Hasta entonces todo lo que le gustaba ha podido hacerlo, con más o menos llanto o más o menos rabieta. Lo que no le gustaba no ha tenido necesidad de hacerlo. Tenemos un dios de 7 años. Ahora a los 7 años si tiene un hermano y lo tiene que depredar, lo hará.

Este egocentrismo se convierte en egoísta en la medida en que cuando llega aquí no ha tenido ninguna necesidad de reprimirse. El ser humano para llegar a convertirse en un auténtico ser humano necesita disciplina, necesitan que le digan que no. Aunque eso, al que más trabajo le cueste sea a su entrenador, ya sea su padre o su madre, los entrenadores están en el sitio en el que están no para decir que sí, que eso lo puede hacer cualquiera, el entrenador está para decir que no. La disciplina, la disciplina sensata, consiste en decir pocas veces que no, cuando se dice que no en un tema importante, y hacérselo ver.

Este es mi ideal de la disciplina. La disciplina consiste sencillamente en no abusar de la autoridad. Porque tan abuso de la autoridad es pasarse como quedarse corto. No somos dioses, por lo tanto, toda extremosidad, todo reduccionismo, es una manera de salirse del tiesto. Sin disciplina no hacemos hada. Cuando el niño se nos da pequeñito es 100% disciplina y 0% instrumento, autonomía y libertad. Autonomía y libertad que no se puede entender como, haga usted lo que quiera, sino como, decida usted y sea responsable de lo que usted ha decidido. Libertad sin responsabilidad es arbitrariedad. La libertad no consiste en que yo hago lo que me gusta. El hombre está continuamente entre un cruce de camino entre el me gusta o no me gusta y debe o no debe. Tal vez el debo o no debo coincida con el gusta o no gusta, y hay veces que no coincide. Aquel que cuando no coincide nunca opta por el debo o no debo, no es todavía un hombre ni una mujer aunque tenga 80 años. Y esto va evolucionando en la medida que el niño va respondiendo hasta que los 18, a los 22, depende de cada niño, llega un momento que es 0% disciplina y 100% autonomía. Qué pena el que cae en esa estupidez provinciana de cuando sea mayor ya haré. Eso es absurdo, si el primer proceso, la primera fase de la educación es “domesticarle”, antes de que conozca los afluentes del Danubio, con mucho amor, pero “domesticarle”. Este ser maravilloso hay que “domesticarlo”. Para que lo pueda “dejar suelto” con su hermanito y con su vecino sin que quiera “bebérselo” o utilizarlos.

Este es el proceso. ¿Criterio para elegir un colegio? Este es uno. Tenemos tres herramientas: disciplina, autonomía y amor. Autonomía y disciplina de acuerdo con la realidad, no se trata de idealismos ni de izquierdas ni de derechas, ni totalitario ni permisivo. Se trata que en función de lo que tenga delante, depende del niño, depende de la edad pero siempre sabiendo que estas dos herramientas tienen que estar utilizadas empezando por el 100% 0% y, en cuanto se pueda, ya que este proceso es largo. Es curioso que muchas veces no sabemos y pretendemos dejarlo para luego y con el niño o la niña casados es cuando intentamos meternos con su vida, cuando ya nos han hecho abuelos. Es un proceso. Empezamos con un niño de tres kilos, egocéntrico e ignorante y lo tenemos que dejar en alguien con quien se pueda vivir sin necesidad de que tenga que mirar a su espalda.

Los hombres tienen que aprender de nuevas, No aprenden de generación en generación. Los seres humanos pensamos todos que venimos a este mundo a inventarlo. Pero no, hemos venido a descubrir cómo funciona. Esta información se la pedimos a la gente que ya ha pasado por allí. Entonces, que es lo que pasa. Pues pasa que hay zonas periódicamente de máxima vida civilizada y hay otras zonas periódicamente de vida salvaje. ¿Y en que se diferencian estas dos cosas? La diferencia está esencialmente, en que lo civilizado está fundamentalmente en que las relaciones entre los seres se basan en el respeto. Cuando no hay respeto en las relaciones no hay vida civilizada. Y el respeto genera el amor. Pero sin respeto, sin una dosis suficiente en la relación, no hay posibilidad, se rompe todo. Cuando el respeto se pierde, lo que amanece en las relaciones entre los hombres es el desprecio. La frontera que marca la vida civilizada y la vida selvática es un índice de confianza suficiente como para darle la espalda al que tengo al lado. Cuando baja el respeto, el índice de respeto, baja el índice de confianza. Estas situaciones conllevan casi siempre una degeneración moral.

Así, tenemos otro criterio. ¿El colegio debe infundir respeto, confianza o competitividad? Ya nadie sensato piensa que la competitividad tenga ningún porvenir.

Otro criterio es la organización familiar. La organización familiar es un criterio que marca. La organización familiar es una organización que por naturaleza es bicéfala. Lo dirigen dos personas, padre y madre. Ahora, esta organización para funcionar necesita convertirse, aunque sea intermitentemente, en monarquía. Es decir, necesita decidir quien de ellos dos dice la última palabra y en qué temas. Si no se hace así y se vive el mito, de tenemos que estar siempre los dos de acuerdo, se pueden dar las cosas más paradójicas del mundo. Nos ponemos de acuerdo en que tú seas quien diga la última palabra en este campo. Y esto evitará una de las grandes tragedias en la educación, que es los conflictos más o menos latentes, a base de repartir previamente las funciones. Este es otro criterio para elegir colegio. ¿Quién tiene que elegir?

En la organización familiar lo que buscamos es la satisfacción máxima de tres. Buscamos sentirnos más admirados dentro que fuera. Porque los que tienen problemas con su familia son huérfanos. Después según el sexo o la edad hay más o menos hambre de una u otra cosa. Segundo valor, ternura. Vamos a la organización familiar a sentirnos tratados con mayor dedicación y ternura. Es incuestionable que la mujer pide más ternura. Pero todos tienen que dar el máximo de ternura a los demás. Y el tercer valor, es la seguridad. Entramos, cerramos la puerta, y decimos, aquí sí estamos a gusto. Necesitamos todos, esa seguridad. Si esa organización familiar no nos ofrece esto es una chapuza.

Sintetizando todo esto. Tenemos que tener en cuenta que el colegio hay que elegirlo con realismo, que sea un colegio que no esté anclado en el futuro ni en el pasado, sino ahora. Que impere el sentido existencialista. Tiene que ser un colegio que tenga los mismos ideales que tenga tu familia sino al niño le vamos a destrozar, le vamos a hacer un esquizofrénico, con una doble vida. Cuidado con criterios bastardos: elegirlo porque se puede conocer a personas importantes o porque se puede aprender mucho inglés. Eso son asuntos residuales, a considerar después de. El criterio tiene que hacerse teniendo en cuenta que estamos en una sociedad con un criterio declive del respeto y pasando esa frontera de la confianza de forma acelerada. Habrá que buscar un colegio que tenga criterio y que sepa despertar criterio y libertad en el alumno. La mayor libertad que podemos buscar para nuestro hijo no es que haga cosas o que diga cosas sino que piense. En este momento, el mayor peligro no es que no tengamos libertad para hacer o para decir, sino libertad para pensar. La instrumentalización que se puede hacer en la libertad, según el mundo en el que vivimos, es impresionante.

El último gran criterio para elegir un colegio, es que se busca siempre para algo. Hay tres maneras de buscar el colegio. Yo puedo educar con Dios, hablando del absoluto real.

fuente:vivirenfamilia.net

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