CÓMO FAVORECER EL EQUILIBRIO AFECTIVO

“El ser humano no aprende a amar en virtud de una serie de
instrucciones, sino en función de la ternura de que es objeto”
(Montagu)

La afectividad es como un conjunto de sentimientos positivos y negativos que configuran nuestra personalidad.

Reseñamos algunas reflexiones sobre cómo facilitar ese equilibrio afectivo en nuestros hijos, y también a modo de reflexión y recuerdo de cómo fue nuestro crecimiento en este campo. También en lo relativo a mi pareja deberíamos pararnos a pensar cómo trasmitimos nuestro amor y cómo lo está recibiendo él / ella.

· Favorecer la apertura a los demás. La armonía, ante todo, de ese caudal de sentimientos que se van sucediendo en las personas, se consigue con la apertura de nuestro corazón a los demás. Todos necesitamos compartir con otros nuestra vida afectiva. De ahí la fuerza de la mistad, del enamoramiento, etc. De ahí la importancia de favorecer y conducir las amistades hacia una madurez afectiva. Los niños necesitan salir de su marco familiar para ampliar su relación y aprender a conducir su afectividad con otros. Por eso, nuestra atención a los amigos, pero no sólo para saber quiénes son y cómo son, sino para ver cómo nuestro hijo va creciendo en el descubrimiento y gozo de la mistad. No es tan importante preguntarles con quién has estado, cuanto cómo han vivido su relación con ellos. La experiencia de amistad es insustituible para salir del egocentrismo tan marcado en el niño y en nosotros como adultos.

· Favorecer diversos y variados campos de interés. Es aquí dónde padres y educadores necesitamos más creatividad. Porque el ambiente en que nos movemos nos va reduciendo espacios y campos de interés Basta recordar a qué nos reduce la tele. Y es capital para que los sentimientos de nuestros hijos fluyan desde diferentes ángulos, ocupaciones, ilusiones. ¿A qué se inclinan nuestros hijos? ¿Por qué demuestran interés? ¿nos define la personalidad de nuestros hijos Su clima de interés y sus aficiones? ¿Qué les ofrecemos? Son preguntas para situarnos por dónde se mueven nuestros hijos. Entre otras señalamos algunos centros de interés que, con demasiada frecuencia descuidamos.

Por ejemplo:

– Lo cultural. Nuestra sensibilidad a interesarnos por el mundo de la cultura, nuestras lecturas, nuestras conversaciones, las formas de poner a nuestros hijos en contacto con la realidad cultural de su entorno, nos dará un poco la medida para salir de un mundo de que ya antes de nacer ( y en esto no le consultaron, claro, ni esperaron a que fuese mayor para que tomara su decisión) tiene un carné de socio del club, pocos ambientes más de relación y conversación va a conocer nuestro hijo.

– Lo estético. Hay mucha belleza alrededor nuestro para descubrir y disfrutar. El niño goza de la belleza de un mundo que los adultos en hacer y ver feo. ¿Qué es para los padres lo bello, hermosos, atractivo en arte, en naturaleza, vestido, formas de hablar, de tratarnos etc.?

– Lo religioso-espiritual. Fácilmente reducimos toda esa dimensión a ir a misa. Tal vez, porque nos cueste elevarnos de un materialismo que nos ata. ¿ Qué ambicionamos además de una casa, un coche, unas zapatillas de marca? ¿De qué hablamos? ¿De qué forma somos responsables de todo el caudal espiritual que tiene cada ser humano? Reducimos, increíblemente, toda la trascendencia humana a una práctica determinada, y educamos, muchas veces, en la más sencilla responsabilidad de que nuestro hijo sea mayor para que decida. Como si también hubiésemos espera a su madurez para hacerle socio del equipo o para darle papillas con más vitaminas A que B, o para llevarle a este o ese otro colegio, o, incluso, para llamarle Nepomuceno, Argimiro o Jorge. A veces jugamos con excesiva simpleza y reducimos el crecimiento de nuestros hijos a aspectos demasiado materiales.

– Lo ético-social. Que supone el tener y dar un valor moral y que tiende a desarrollar esa sensibilidad hacía lo bueno y lo malo, lo correcto e incorrecto. Tanto en el campo personal, porque desajusta mi propio ser, como en relación con los otros, porque enmarca mi convivencia y grupo social.

Hay otros centro de interés. Todos los conocemos. Nuestra amplitud de mirada y, sobre todo, nuestra vida, hará mas fácil que los pongamos al servicio de nuestros hijos. Necesitamos más creatividad y superar moldes que nos atan a una cierta comodidad y miopía. Con un principio claro: cada hijo es diferente, para aceptarlo y para no reducirnos a formas estereotipadas y uniformes de relación con ellos. Cada mente es diferente, pero también cada corazón

Nuestra más fuerte preocupación debiera ser ésta: ayudar a nuestros hijos en el desarrollo de su personalidad desde nuestra propia armonía de relación y desde la riqueza de nuestros sentimientos. Estos son los que sembramos en nuestros hijos y que necesitan la atención de una bonita planta. No como adorno. Sino como hilos que determinan la calidad de su afectividad y, por tanto, de su personalidad.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO Y LA REFLEXIÓN

Como persona:

– ¿Qué otros centros de interés tengo , además del trabajo?

– ¿Qué tiempo dedico a lo cultural, lo estético, lo religioso, lo social?

– ¿Es mi mayor preocupación mi desarrollo personal en todos los ámbitos, o las personas que me rodean entran dentro de mi preocupación y atención?

Como pareja:
– ¿Somos una pareja abierta, o nos encerramos en nosotros mismos? ¿ Nos preocupamos de aprender de los otros, en grupos, enseñanzas, tec.?

– ¿Cuidamos nuestras amistades o mantenemos todo tipo de relación, aunque veamos que aquella no nos está aportando ningún beneficio sino todo lo contrario?

– ¿Me sigo acordando de los gustos, aficiones, deseos y ambiciones de mi pareja o a lo largo del tiempo hemos puesto mas atención en que el otro a olvidado Mis gustos, Mis aficiones, Mis deseos y Mis ambiciones, dejando paso al resentimiento en lugar de potenciar lo que al otro le hacía feliz?

– ¿Qué tiempo dedicamos a lo cultural, artístico, religioso…?

Como padres:
– ¿Cuáles son los temas habituales de conversación en casa? Haced una lista, y por ella ved cuáles son los centros de interés.

– ¿Qué cabida tiene en casa lo cultural, lo estético, lo religioso, lo social?

– ¿Dónde acostumbráis a ir con vuestros hijos? ¿Habría otros centros de interés?

Como Cristianos:
– ¿Cómo hacéis vivir a vuestros hijos que Dios nos ama, que vuestra experiencia de fe es importante para vuestro crecimiento como personas?

– ¿Qué inquietudes religiosas tenéis ahora? ¿Son comunes a todos los miembros de la familia?

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Nota:

Puede parecer que el tema está basado especialmente en la educación de los hijos, sin embargo es totalmente aplicable a todas las familias sin hijos. A cada pregunta y reflexión que se hace para los hijos colocar a vuestra pareja; porque cada uno de nosotros somos también equilibrio afectivo y emocional del otro. Cada uno de nosotros tiene también responsabilidad sobre el crecimiento de nuestra pareja en todos sus ámbitos, afectivos, humanos, personales y sociales; potenciando, animando, amparando, respetando y sacando del otro lo mejor y mas bello que tiene; aquello que en un primer momento hicimos al conocerle y enamorándonos de él / ella y que puede tengamos que revisar

Fuente:www.familiasinvencibles-rcc.org

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