La serie Patito feo

Carmen de Andrés

La serie Patito Feo que emite el canal digital Disney Channel es el programa adolescente del momento, con una audiencia antes de vacaciones de Navidad de 800.000 espectadores, siendo la serie más vista de este canal. En Argentina, país donde se produce ha batido récord, siendo un fenómeno televisivo.

Esta producción- que se emite de lunes a jueves de 21:00 a 22:00 y los sábados y domingos a las 10:15- cuenta la historia de Patricia Castro, apodada Patito, una niña de 13 años de gran dulzura, no muy agraciada físicamente y dotada para el canto. La protagonista forma un grupo en el colegio que se llaman Las populares que rivaliza con otro grupo de adolescentes que se llaman Las Divinas.

Los dos grupos están enfrentados. El grupo de Las Divinas dista mucho de tener los valores éticos y estéticos recomendables. De hecho en Argentina son muchos los padres y educadores que muestran su preocupación por los estereotipos que refleja este colectivo que discrimina a las demás jóvenes por no tener sus exigidos cánones de belleza.

Pero a pesar de que la serie plantea el modelo de Las Divinas como negativo, privilegiando en cambio las virtudes morales de las Populares; sin embargo, la mayoría de las espectadoras de la serie se muestran atraídas por el grupo de las primeras y en especial por su líder, Antonella- que encabeza el clan de adolescentes guapas, coquetas, seductoras, a la vez que despreocupadas y superficiales-.

“Las divinas son un estereotipo- dice la experta en psicología de familia, Cristina Castillos,- y su discurso se imprime muy fuerte entre las adolescentes. Los modelos identificatorios son inherentes a la condición del adolescente. Siempre busca modelos de lo bueno y lo malo. No importa que las divinas sean malas, son guapas, exitosas y cool. Esto es clave ya que toma el espíritu de las jóvenes”.

Este proceso de simpatía con los personajes es conocido en la industria cinematográfica como “transferencia de imagen o de personalidad”, y se alcanza cuando el espectador se pone en el lugar del personaje, asume sus ideales y empatiza con sus emociones, aun cuando no coincida con su criterio moral o ideológico.

Los relatos audiovisuales nos invitan siempre a una poderosa “transferencia de personalidad”. Estas ficciones tienen una enorme capacidad seductora: nos transportan a otro mundo y nos hacen ver la realidad de otro modo.

La razón por la que creo que existe esta mimetización por estereotipos amorales es por la forma en la que se presentan éstos: simpáticos, triunfadores, desenfadados…en contra, los personajes que adoptan papeles morales se muestran sin el reclamo suficiente como para atraer y muchas veces tienden a ser ridicularizados.

El profesor universitario de Comunicación Audivisual, Alfonso Méndiz incide sobre “la enorme función de legitimación que ejercen en nuestra sociedad las ficciones audiovisuales. Las películas o series legitiman creencias, ideologías, actos e ideas”.

Y es verdad, hoy se legitiman conductas y percepciones de la realidad que hace algunos años provocaban el rechazo moral de buena parte del público. La razón está en que estas actuaciones las hemos visto repetidamente en el cine o televisión y éstos les han dado carta de naturaleza, las han establecido socialmente como válidas, regulares e incluso inevitables.

Una cosa está clara, la “autoridad social” de las teleseries y la “transferencia de personalidad” con personajes carismáticos se ven fuertemente atenuadas y matizadas cuando los padres han sabido formar a sus hijos y hacer de “cortafuegos” ante estos imput. Cuando los padres nos preocupamos de lo que ven, provocamos un diálogo sereno sobre sus aficiones, sus referencias y les hacemos partícipes de vivir una vida plena, alejada de la superficialidad y de la esclavitud de lo efímero, probablemente ellos amarán también nuestro modelo de vida y concederían menos autoridad a las teleseries.

fuente:sontushijos.org

LA PÉRDIDA DE LA FE EN LOS ADOLESCENTES (II)

María Olabarri

Aunque en el artículo anterior, me atrevo a señalar que, según mi experiencia, la principal causa de la perdida de la fe de los jóvenes que reciben una educación cristiana en el colegio, es la falta de práctica religiosa de los padres, es indudable que también jóvenes de familias seriamente cristianas tiene problemas de fe o se abandonan en su vida espiritual.

Para esos padres preocupados por ayudar a sus hijos a superar esta crisis, escribo algunos consejos:

-Es importante no dramatizar esta situación ya que es normal que personas inteligentes al llegar la adolescencia se planteen dudas de fe. Es lógico que quién empieza a pensar de forma crítica tenga inquietudes sobre verdades que no están al alcance de su inteligencia o sobre criterios morales que no coinciden con lo que hoy día se considera políticamente correcto.

-La religión no debe ser un tema tabú en el ambiente familiar. Con naturalidad conviene hablar con los hijos de Dios, de las noticias que ofrecen los medios de comunicación sobre la Iglesia. Los padres no tienen porque ser “neutros”, ni deben sentirse invasores de la intimidad o de la conciencia de sus hijos cuando les transmiten valores cristianos. ¿Quién mejor que un padre o una madre para proporcionar a su hijo una educación moral y religiosa que considera segura y valiosa?

-La labor de educar en la fe a los jóvenes requiere por parte de los adultos mucha formación. De la misma manera que hemos dedicado varios años a prepararnos para desarrollar nuestra profesión, no es exagerado que nos preocupemos por formarnos para dar siempre una respuesta razonada y competente a los que se interesan por nuestra fe.

-Para eso existen magníficos recursos. Tantas páginas de Internet (www.arguments.es que utilizan tantos profesores y catequistas) o libros inteligentes y sencillos como el que estoy leyendo actualmente “La fe es razonable” de Scott Hahn, un converso estadounidense, del que se publican muchas obras en español en los últimos años.

-Hay que tener en cuenta que con frecuencia el origen de la falta de fe, está en una vida alejada de Dios y de los sacramentos. Cuando se pierde la amistad con Dios y se difiere el recibir su gracia, es fácil que la inteligencia quede algo velada y encuentre dificultades para entender verdades sobrenaturales o el porqué de algunos mandamientos.

-Es razonable, no es un atentado contra la libertad, exigir a los hijos menores de edad que asistan a la Misa del domingo o a la clase de religión del colegio. Mientras los hijos son menores, los padres tienen la grave responsabilidad de proporcionarles la formación integral que consideran necesaria para su desarrollo personal.

-Aunque los padres no sean capaces de dar respuesta a todas las dudas de sus hijos y no consigan “convencerles” de la certeza de las verdades de fe, es importante hacer ver que la fe es un acto de confianza en Dios. Creer siempre supone dar un salto en el vacío y atreverse a saltar no es propio de personas poco racionales. Pretender entender todas las verdades religiosas con nuestra capacidad humana, supone pensar que Dios cuenta con una inteligencia tan limitada como la nuestra. Si no somos capaces de comprender los descubrimientos de tantos científicos, resulta imposible que desentrañemos con nuestro entendimiento la esencia de Dios o sus planes.

Un último consejo: la mayor luz que podemos aportar a la fe de nuestros hijos es nuestra oración –arma imbatible- y el testimonio de nuestra propia vida. Como nos enseñó Pablo VI “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan o si escucha a los que enseñan es porque dan testimonio” y Juan Pablo II añade “Por consiguiente, hoy son decisivos los signos de la santidad: ésta es un requisito previo esencial para una auténtica evangelización capaz de dar de nuevo esperanza”. (1)

Este es el mayor y más importante reto que se nos plantea a la hora de transmitir nuestra fe a las nuevas generaciones.

(1) Exhortación apostólica La Iglesia en Europa. Juan Pablo II

fuente:sontushijos.org

LA PÉRDIDA DE LA FE EN LOS ADOLESCENTES (I)

María Olabarri.

Es frecuente en colegios donde se imparte formación cristiana que un buen número de alumnos, cuando llega la adolescencia, dejen de practicar su fe.

Mi experiencia de casi 30 años como tutora de alumnas de Bachillerato me ha enseñado que el origen de este abandono no está principalmente en el ambiente que rodea a los jóvenes o en la influencia de los medios de comunicación. La causa fundamental son los propios padres de estos adolescentes.

Aunque siempre hay excepciones, observo año tras año lo siguiente:

1.- Generalmente, dejan de practicar los hijos de los padres que no practican. (1)

2.- La fe suele estar bien arraigada en aquellas alumnas cuyos padres son coherentes con su fe y se han implicado en la transmisión de la vida cristiana.

Quizá no merezca la pena añadir nada más a este artículo y dejar que quién lea reflexione sobre estos datos desnudos que ofrece la experiencia. Si son padres de Educación Infantil quizá se animen a tomar algunas decisiones.

Nota a pie de página

(1) Normalmente son matrimonios que conservan la fe y han buscado para sus hijos colegios católicos pero el ambiente familiar es demasiado neutro: apenas se habla de Dios que no forma parte con naturalidad del entorno de esa familia.

A los padres compete en primer lugar la transmisión en la fe y se comprueba que delegar en otros agentes como el colegio no da resultados satisfactorios . El colegio colabora pero es incapaz de suplir la labor de los padres.

Es imposible que un niño crea que es importante ir a Misa el domingo o recibir los sacramentos cuando ve que sus padres no ponen interés en ello.

Los niños oyen en los colegios: “Esto es muy importante”.

Los niños ven en sus casas aunque nadie lo dice explícitamente: “Esto realmente no es importante”.

Los niños concluyen: “En el colegio me enseñan la teoría pero no todo lo que aprendo es necesario practicarlo”

fuente: sontushijos.org

Reflexion sobre la familia