Ideas para enseñar a amar

Amar a otra persona significa desearle lo mejor, mirar por ella, tratarla de forma excepcional, darle lo mejor de nosotros, ayudarle a exteriorizar lo bueno que lleva dentro.

¿Cómo aprendemos a amar? Viendo como los demás aman y enseñando a amar desde que nacemos a través de la vida familiar, y según crecemos con las influencias que nos rodean, de amigos, familiares, el cine, la TV, los libros, conversaciones, y todos los detalles que surgen de la vida cotidiana.

Los padres debemos tener convicciones bien articuladas. Proporcionar a nuestros hijos una guía interna propia para actuar.

Necesitan oír, ver, equivocarse y aceptar por si mismo, y tomar una postura personal con todo lo que se le transmite.

Para ejercer los padres esta tarea, tendremos en cuenta unos principios educativos:

En todas las edades dar criterios, pues son pautas de conducta.

La educación sexual gradualmente, todo a su tiempo según las edades, no más datos de los que puede asimilar, ni responder de una vez por todas.

Con la verdad siempre aunque cueste.

De forma sistemática, planificado.

A cada hijo en particular.

Con naturalidad, nuestros hijos no preguntan con segundas. Con sencillez y claridad.

El momento crucial del desarrollo está entre los ocho y nueve años. Tienen el corazón tranquilo y dispuesto a escuchar.

Entre los diez-doce años comienzan a parecer los caracteres sexuales. No se debe dejar de hablar con nuestros hijos; tratando los cambios e impulsos que van a sentir y la forma de encauzarlos.

Las normas eliminan los malos entendidos y refuerzan en nuestros hijos su sentido de responsabilidad, fortalece la convivencia y la buena armonía familiar, y como no, el buen uso de su libertad.

Cultivar en los hijos el sentido de honor personal, diciendo la verdad aunque cueste, evitando la falsedad.

Respeto como valoración de la persona: de uno mismo y de otros.

Ayudarles a ser prudentes y moderados, sabiendo guardar su intimidad en el vestir, en el hablar, en el contacto, evitando inflamar el deseo propio y ajeno. Los chicos y las chicas no reaccionan a los estímulos de igual manera.

Popularidad y respeto. No vale la pena perder el respeto por ser “popular”. Ese respeto dará lugar a una gran estima y nos querrán por lo que somos.

Decirles lo que se espera de ellos.

Las imágenes excitan nuestra sexualidad y dejan huella en nuestra memoria. Han de aprender a orientar su sexualidad y preservarla para utilizarla plenamente en el contexto adecuado, en el que está implicada la totalidad de la persona y no solo el cuerpo. En ello va el saberse dirigir.

El amor se protege con los valores.

Amistad y compañerismo, es una manera de entrega a los demás, las ayudas mutuas.

Sabemos que el amar es una virtud en la que siempre se puede crecer, y cada día disponemos de nuevas situaciones para ejercitarla, y enseñar con nuestro ejemplo a ponerla en práctica.

¿Cuáles son esas situaciones educativas?. Lo que va ocurriendo en la propia familia, con los amigos y compañeros, en la calle…

La intimidad. Por ejemplo: el desnudo es bueno. Para enfocarlo adecuadamente hay que hablar de la intimidad, que es el contexto propio para que sea sin violentar la dignidad de la persona. Influencia de las modas.

El placer es un medio que Dios a puesto en nuestra naturaleza para conseguir fines muy importantes.

No distinguen el querer del sentir o el amor del placer. Tienen el corazón en bandeja por la necesidad de amar.

Tanto en la infancia como en la adolescencia, nuestros hijos necesitan ver que distinguimos entre su comportamiento y lo que son ellos mismos. Los queremos tanto que estamos dispuestos a demostrárselo.

Ángeles Carranza

Orientadora familiar

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