Hijas y feminidad: el rol de la madre

Tal como en entregas anteriores se trató el tema de la masculinidad de los hijos varones, ahora es el turno de las mujercitas de la casa. Cómo reforzar los rasgos femeninos de las hijas y qué se debe tener en cuenta en su educación afectiva, es lo que los padres podrán conocer por medio de esta nota.

Hemos hablado entonces de la importancia de fortalecer y fomentar las características propias del hombre y la mujer desde tempranas edades como parte cardinal de la educación de la afectividad. Resulta oportuno por tanto, dar inicio con la siguiente anotación: “Hay que recordar que la identidad sexual se adquiere primeramente en el ámbito familiar como resultado de un proceso interior, no consciente, fruto de la experiencia con los modelos femenino y masculino presentes. Es allí donde aprendemos a ser y sentir y a vernos aceptados y respetados como hombres o como mujeres.” *Cuatro ideas para educar a adolescentes en la afectividad – Angel Mª Gutierrez, Sontushijos.org.

Recordamos además, la sugerencia de los expertos en cuanto a que sea el padre del mismo sexo del hijo, quien tome la delantera en algunas tareas, puesto que definitivamente hay asuntos que se facilitan cuando son tratados con alguien que comparte similares características. Es así como las madres deberán concentrarse un poco más en las hijas mujeres, pues de ellas aprenderán el papel irreemplazable de la mujer en la familia, en el hogar, en la sociedad y en el trabajo.

El don de la feminidad

La feminidad no es sólo un sexo, es un don, un privilegio exclusivo de las mujeres. Cuando hablamos de feminidad, hablamos de delicadeza, intuición, ternura, amabilidad, elegancia e inevitablemente hablamos de maternidad, del don maravilloso de poder engendrar vida.

Es la madre, el principal espejo de lo que representa una dama. Deberá ser ella quien a través de su ejemplo, refuerce la identidad femenina con la que fue dotada la hija: “será su misión ayudarle a descubrir y valorar ese tesoro, a desarrollarlo y enriquecerlo; a situar, en definitiva, la feminidad en su justo punto.” *Femineidad: Mujercitas, Encuentra.com.

Asimismo, la presencia del padre no deja de ser significativa, todo lo contrario, de él se ilustrará sobre las diferencias entre lo masculino y lo femenino, elementos determinantes en la construcción de la identidad.

Retos en la educación de las hijas

En cuanto a la educación afectiva de las hijas mujeres, se debe tener especial atención en los siguientes:

Autoestima y seguridad: la naturaleza femenina lleva marcada la necesidad de vigorizar el auto-concepto y la seguridad en sí misma, de ahí que la mujer solicite la aceptación de los otros. Aquí el papel de las madres es vital, pues si la mamá no refuerza el amor propio de su hija, ¿quién lo hará?

No olvidemos que un proceso educativo exitoso es aquel que comienza a aplicarse de manera preventiva, por eso la autoestima debe ser prioridad desde la niñez en la formación de las niñas. Un buen trabajo en la infancia, hará que la adolescencia sea llevada dentro de los parámetros normales.
Vanidad y belleza: si hay algo que determina la identidad femenina, es la belleza y la sensibilidad hacia lo estético. La mujer es bella en sí misma, por eso, estos dos aspectos no han ser catalogados como “buenos” o “malos”, lo importante es encontrar el punto medio entre el cultivo de la belleza física y la espiritual.
Delicadeza y manejo del cuerpo: la coquetería es un arma estupenda exclusiva de la mujer, pero cuando pasa a ser insinuación ya hablamos a otras instancias… Insinuarse con las miradas, con los gestos, con el vestido, con las palabras, no son adecuadas ni propias de su feminidad. Como tampoco lo son las actitudes toscas características del hombre.

“Hay que enseñarle a la hija a prevenir una coquetería excesiva, que le lleve a pretender llamar la atención todo el día… Pero no debemos quedarnos sólo en eso: hay que llegar al fondo y demostrarle que ser mujer es un don, un privilegio, y que ella puede y debe desarrollar su talento y genio femenino, pues los tiene en abundancia.” *Femineidad: Mujercitas, Encuentra.com.

Del mismo modo, se debe instruir sobre el respeto al cuerpo y la necesidad imperante de hacerlo respetar.
Amar la maternidad: es una tarea que pertenece a la madre. Incentivar en su hija el amor por la maternidad, tan esquiva en este momento donde priman otros intereses –formación académica, competitividad laboral, prestigio, independencia económica, culto al cuerpo, etc.- ayudan a que ella tome conciencia del regalo del Creador.
Momentos de confidencialidad

Madre e hija comparten estupendos momentos donde además de crearse un vínculo único, sirven de provecho para propiciar confidencias. Confidencias que deben enmarcarse dentro de la confianza, la orientación adulta y el amor. Por ello estos momentos son tan valiosos, porque dan la oportunidad para tratar temas que poco se abordan y que son tan relevantes como los cambios físicos que se presentan en la pre-adolescencia y adolescencia, el primer amor, el desempeño de la mujer en el hogar, en el trabajo, entre otros.

Igualmente, actividades como cocinar juntas, hacer las compras, ir a la peluquería, etc. permiten a la niña observar los rasgos femeninos que le ayudan a tejer su propia identidad.

Fuentes: Encuentra.com, Sontushijos.org

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