Europa mira a la familia cristiana

Pablo J. Ginés – La Razón, 3 de enero 2011.

03-01-2011

La mañana amanecía fría y nublada, pero a medida que el sol se imponía, la Plaza de Colón se llenaba de fieles que acudían a la Misa de las Familias, convocada por el cardenal de Madrid, Antonio María Rouco con el lema “Esperanza para Europa”. A las doce, cuando empezó la misa, había mucha más gente que a las diez, momento en que Javi Nieves iba presentando a los distintos obispos y familias llegadas de Holanda, Francia, Italia, Polonia y otros países. Los extranjeros eran los más madrugadores.

El arzobispo de Avignon, Jean Pierre Marie Cattenoz, que ya participó el año pasado, animó a “tener el valor para decir ‘no’ a lo que ataca a la familia, ‘no’ a la introducción insidiosa de la teoría de género, ‘no’ al matrimonio homosexual, a la adopción homosexual, a la banalización del divorcio, de las familias recompuestas; digamos ‘sí’ a la belleza de la familia, al don de la vida en todas sus formas”. El cardenal Paul Jozef Cordes, que por razones de edad hace pocos meses dejó de presidir el Pontificio Consejo “Cor Unum” en el Vaticano, pidió crear “una red de familias como hace el Camino Neocatecumenal en todo el mundo”. El obispo polaco Zbigniew Kiernikowski afirmó que “ante la crisis económica, política y social, hay una respuesta: promover la vida y la familia” y también mencionó específicamente el ejemplo eficaz del Camino Neocatecumenal. Un padre de familia polaco, ataviado con un traje regional, como sus hijos, hizo sonar un cuerno con fuerza. “Que resuene como la voz de Dios”, pidió el obispo.
El cardenal Ennio Antonelli, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, denunció la “cultura dominante” como “destructiva e ilusoria”, productora de “laicismo, consumismo y secularización” y advirtió de que la familia se deforma con el divorcio, la “convivencia homosexual” y las familias recompuestas. Como consecuencia, dijo, aumenta la ”emergencia educativa”, el egoísmo, la crisis de valores y “un envejecimiento poblacional con preocupantes consecuencias”. Su discurso fue el más combativo de la jornada.
Con la abundancia de familias de cuatro, siete y nueve hijos o más, la presencia en el estrado de Miriam García Abrisqueta, con su esposo y dos hijos, llamó la atención de los asistentes. Como presidenta de Manos Unidas, la ONG católica española de desarrollo internacional, Miriam García afirmó que las familias de los países ricos tienen mucho que aprender de las de países “del sur”. “Como familia, hemos aprendido que el dar nos une con lazos fuertes, y que cada uno damos apoyo, tiempo, comprensión, paciencia y oraciones en nuestra familia”, dijo la presidenta de esta ONG que recibió el Premio Príncipe de Asturias.
La familia Villalón, con 8 de sus 12 hijos, dio testimonio de apertura a la vida y confianza en Dios, “algo que aprendimos de San Josemaría, fundador del Opus Dei”. “Cada vez estamos más cansados, pero más contentos y más convencidos de que vale la pena”, dijo Mariola, la madre. Este matrimonio colabora en una asociación de familias numerosas, como forma de ayudar a otras familias. Marta y Ángel Coral, del Movimiento Focolar, dieron ejemplo de confianza en Dios a pesar de muchos años de esterilidad. Se negaron a usar métodos de reproducción asistida éticamente incompatibles con la moral católica y adoptaron una niña en China. Rafa y Paloma, del Camino Neocatecumenal, con 19 hijos (ocho ya casados) arrancaron muchos aplausos. “Sin Dios ya estaríamos divorciados, quizá con sólo dos hijos”, afirmó Paloma. “Hemos estado en crisis, pero Dios nos ha hecho perdonarnos y empezar de nuevo muchas veces”. El tema del perdón fue clave en la liturgia y en la homilía del cardenal Rouco. Se repitió varias veces en las peticiones, incluso para los separados o abandonados. En la España del divorcio exprés, resonaba profundamente contracultural.
Aunque la música de Kiko Argüello fue muy empleada en la ceremonia, después de la comunión muchos se sintieron más cómodos con el “Cantemos al amor de los amores” de toda la vida. En ese momento llegaron los Reyes Magos con sus camellos y cuatro caballos, con heraldo y regalos.
“Estos Reyes son los de verdad, niños; los de la cabalgata del día cinco, no tanto, porque ésos no adoran al Niño Jesús, y éstos sí”, avisó el cardenal Rouco. El cardenal animó a los niños a escribir en sus cartas: “Queridos Reyes, quiero mucho al Niño Jesús”. Cuando resonaron los villancicos, el cardenal coreó el “Ya vienen los Reyes” y el “Pero mira cómo beben”. El Rey Melchor, después de adorar el Nacimiento, dijo a los niños: “Es importante que todos los días recéis con vuestros padres”.
Como despedida, se cantó (era fácil, el estribillo dice: “lalalá”) una canción nueva de Kiko Argüello con estrofas del Apocalipsis: la Mujer vestida de sol, embarazada, huye al desierto a parir, perseguida por el dragón que la quiere matar. Pero al final el dragón es vencido y los ángeles malignos expulsados del cielo. Y en círculos, cientos de jóvenes bailaron en Madrid, celebrando la derrota del dragón.

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