Enseñar a tomar decisiones y establecer límites de actuación

La responsabilidad es uno de los valores o virtudes humanas más importantes en la educación de la personalidad. Uno de los objetivos principales que debemos plantearnos los padres es que nuestros hijos vayan integrándose en los diversos ámbitos de la vida conociendo sus deberes hacia los demás, hacia Dios y hacia sí mismo, dando paso a una madurez y responsabilidad progresivas. Tenerlo en cuenta desde el principio puede evitar en el futuro situaciones de dependencia, inmadurez social e inseguridad. Además, una familia se organiza y educa si todos respondemos a las necesidades comunes, cada cual de acuerdo con su edad y posibilidades.

Aprender a tomar decisiones

Ser responsable no sólo es cumplir debidamente lo que se manda. Eso sería mera obediencia (que no es poco), pero ser responsable es algo más, es saber elegir y decidir por uno mismo, con eficacia, en aquello que es propio del nivel de madurez o experiencia que se tiene.

Aprender a tomar decisiones le ayudará a resolver sus necesidades y las de los demás. Hay que dar oportunidades, desde muy temprano, para que el niño elija juegos, ropa, qué libro quiere que se le lea, qué desea merendar, etc. Una vez hecha la elección, la debe llevar hasta el final y no se le deben permitir conductas caprichosas. Tiene que experimentar las consecuencias de una elección equivocada. Por ejemplo: aburrimiento, cansancio, malestar, etc. Esta lección le servirá para ser más reflexivo y valorar aspectos positivos y negativos de lo que vaya a elegir.

Ser responsable no sólo es cumplir debidamente lo que se manda. Eso sería mera obediencia, pero ser responsable es algo más, es saber elegir y decidir por uno mismo, con eficacia, en aquello que es propio del nivel de madurez o experiencia que se tiene.

La indecisión es una forma de irresponsabilidad. Es dejar la carga para que otros resuelvan lo que uno no se atreve o no quiere hacer. En los niños pequeños es normal y frecuente que no decidan nada, aunque deberían presentárseles ocasiones para hacerlo. Al principio habrá que enseñarles dándoles dos posibilidades: ¿Qué quieres para merendar: chorizo o mortadela? ¿Qué jersey quieres ponerte, el rojo o el azul? ¿Qué te parece que le compremos a tu hermano: un juguete o un puzzle?

Después se puede pasar a presentarle tres o más alternativas y, cuando elija, debe explicar el porqué de su decisión. Pedir que se razonen las decisiones es el modo de enseñar a no obrar de un modo caprichoso o impulsivo. Un niño decidido será capaz de afrontar riesgos, siempre que no obre de modo impulsivo.

Es bueno que los padres pidan sugerencias a los hijos para resolver alguna situación problemática cotidiana. Es muy importante que vayan participando en otras decisiones familiares mientras observan cómo los padres sopesan las ventajas e inconvenientes.

Suele ser algo frecuente que los niños pregunten: “¿Qué hago?” y una vez que obtienen una respuesta, la rechacen. Es un modo de llamar la atención del adulto o una incapacidad para afrontar decisiones.

Cuando el niño tiene poca confianza en sí mismo deberemos ayudarle proponiéndole elecciones que supongan poco riesgo y ayudándole con pautas que faciliten su elección: ¿Qué prefieres llevar a la plaza: el balón o la bici? ¿Qué ponemos de postre: manzana o yogur?

Pautas para enseñar a decidir

Para ayudar a un hijo a tomar decisiones podrían seguirse estos pasos:

1.Enseñar a aceptar una sola posibilidad gustosamente, con una visión positiva. “Hoy tenemos visita y no podrás ver los dibujos animados de la tele, pero lo pasarás muy bien jugando con tus primos”.
2.Enseñar a elegir entre pocas posibilidades. “Vamos al parque. ¿Qué cogemos, la bici o los patines?”
3.Ampliar el número de posibilidades de elección. A partir de los diez años se les pueden presentar diversas opciones. Por ejemplo, elegir entre las posibilidades que presenta el colegio de actividades extraescolares, etc.
4.Animar a los hijos a que hagan propuestas que, posteriormente, se valorarán entre todos los miembros de la familia de forma constructiva.
5.Enseñar a tolerar cambios imprevistos y que suponen una alteración de su plan tras una decisión tomada.
Dos observaciones:

– Deben valorar los aspectos positivos y negativos de cada alternativa.

– Una vez elegido, deben soportar las consecuencias sin quejarse o echar la culpa a otros.

Establecimiento de límites

A menudo, escuchamos a padres y madres: “quiero que mi hijo/a sea feliz”, pensando que esto se logra evitándoles cualquier dificultad que encuentran, anticipándose a sus deseos, dándoles cuanto piden o cediendo ante cualquier resistencia o contrariedad. Precisamente, estas actuaciones, aunque de momento suponen para el niño una satisfacción, a medio y largo plazo van a ser obstáculos que irán creciendo como una bola de nieve y que van a impedir o dificultar el proceso de adquisición de la responsabilidad.

Librar a nuestros hijos de las dificultades o de los sinsabores, hacerles las cosas que por su edad debieran realizar por sí solos, es una manera segura de hacerles débiles, indecisos y, en definitiva, frenar su proceso natural de crecimiento personal.

Es necesario desterrar, junto con el permisivismo, toda forma de autoritarismo en el modo de mandar. Las normas de nuestro hogar tienen que ser pocas, claras y bien comprendidas. El niño/a tiene que saber lo que debe o no debe hacer, así como las consecuencias de incumplir lo acordado. Asimismo, los padres deben evitar actitudes permisivas y educar gradualmente en la capacidad de esfuerzo y responsabilidad.

Es necesario desterrar, junto con el permisivismo, toda forma de autoritarismo en el modo de mandar. Las normas de nuestro hogar tienen que ser pocas, claras y bien comprendidas.

El niño/a tiene que saber lo que debe o no debe hacer, así como las consecuencias de incumplir lo acordado. Asimismo, los padres deben evitar actitudes permisivas y educar gradualmente en la capacidad de esfuerzo y responsabilidad.

Es imprescindible dictar las normas desde el afecto y no dejándose llevar por el nerviosismo del momento, el capricho o el interés por dominar al niño. Deben formularse a menudo de manera positiva, no siempre a modo de prohibiciones, y deben ser razonadas, para que nuestros hijos comprendan los motivos y para que piensen y decidan por sí mismos sin necesidad de órdenes impositivas.

Es importante que estemos atentos a las buenas conductas para reforzarlas y alabarlas con frecuencia. A veces, les reprendemos y nos olvidamos de reconocer las cosas bien hechas, motivo por el cual se encuentran con escasa ilusión por hacer nuevas tareas y se produce el consiguiente y lamentable descenso de su autoestima.

Hay que dejar claro que es su conducta inadecuada la que nos enfada y disgusta pero que, como persona e hijo/a, le seguimos queriendo igual. Hay que desterrar las descalificaciones globales del tipo: “-¡Ya sabía que lo ibas a hacer mal” o “-¡Eres un inútil!”

Para lograr que nuestros hijos sean responsables y disciplinados, no debemos olvidar que todas las personas aprendemos con la práctica. Las palabras se las lleva el viento; es el ejemplo el que cala en lo más hondo; por esto padres y madres somos modelos insustituibles en el proceso de adquisición de hábitos responsables. Así, es fundamental mostrarnos con autodisciplina, control y dominio de nosotros mismos en los actos de nuestra vida diaria.

Sólo lo que un educador se esfuerza en conquistar en sí mismo, podrá esperarlo de la conducta de sus hijos o de sus alumnos.

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