¿Por que soy católico?

XII CONGRESO CATÓLICOS Y VIDA PÚBLICA

La fortaleza de vivir


Es verdaderamente sorprendente como el ser humano es capaz de vencer la adversidad y las dificultades que se presenta en su vida. Así lo hemos comprobado a nivel mundial con la noticia del rescate de los 33 mineros chilenos. Quizás nos preguntemos si son personas excepcionales, o si tienen un don oculto para haber podido sobrevivir en esa situación extrema. Realmente así podemos pesarlo, sin embargo comprobamos como el poder aceptar su situación y adaptarse a las dificultades es lo que les ha llevado a sacar fuerzas de sí mismos para seguir viviendo con esperanza. Esta capacidad del ser humano frente a la superación propia de conflictos y adversidades siempre ha existido; la psicología actual la conoce con el nombre de resiliencia. Esta capacidad de resistencia se prueba en situaciones de fuerte y prolongado estrés, como por ejemplo el debido a la pérdida inesperada de un ser querido, una situación de maltrato, un accidente inesperado, las catástrofes naturales, la pobreza extrema, etc.

Sin embargo nos damos cuenta como a lo largo de nuestra vida se nos presentan determinados retos o dificultades añadidas, que por nuestros miedos y por acostumbrarnos a vivir de una manera rutinaria, no sacamos las potencialidades que tenemos dentro para afrontarlos de una manera positiva. En este sentido una gran mayoría de consultas psicológicas se dan debido a que nos construimos una realidad tan negativa y con tantas ansiedades que nos impiden vivir, que no damos entrada para nada al optimismo y la alegría. Por eso cuando vemos a nuestro lado personas que viven dificultades asombrosas: una discapacidad o cualquier otra situación adversa, y cómo logran afrontarlo nos dan una gran lección. Desde luego sí que es cierto que hay ciertas personas que cuentan con una predisposición importante para afrontar las dificultades, sin embargo no es menor nuestra capacidad de aprendizaje para darnos cuenta de lo mucho que aún podemos aprender para superarnos a nosotros mismos.

De esta manera la persona es resiliente cuando construye una vida con significados en positivo que le permiten seguir superándose frente a la adversidad. Y cuando más allá de la propia subjetividad conoce otras realidades y experiencias que le invitan a ello. En esta línea hace poco tuve la oportunidad de ver un largometraje titulado “La experiencia humana” trataba sobre cómo la gente que se encuentra en condiciones adversas logran no solo sobrevivir, sino vivir con alegría y esperanza a pesar de las circunstancias perjudiciales que les rodean. Resulta pues paradójico como son en muchas ocasiones las situaciones de vulnerabilidad o de dificultad las que propician al ser humanos darse cuenta de su capacidad de lucha superación y fortaleza para vivir. En palabras de La psicóloga Louise L. Hay “Tenemos el poder y la fuerza para superar lo que parece insuperable” y yo añadiría que nos lo creamos y que empecemos a llevarlo a cabo.

Mª Del Carmen González Rivas
psicóloga
http://vinculos-psicologiayfamilia.blogspot.com/

Detonantes de las crisis matrimoniales

La palabra “crisis” asusta, pues con frecuencia el desenlace de la misma suele ser negativo. En concreto en el matrimonio no tiene por qué ser así, si se entiende el sentido de la palabra y se sabe actuar con sentido común. Una crisis bien manejada, puede dar origen a un estupendo renacer del matrimonio.

Desdramatizar el concepto

Podríamos definir la crisis como una “situación difícil que puede influir de manera negativa en algo”, y también como una “situación en la que se nota la falta de algo”*.

Las crisis son épocas de desajuste en la pareja que causan temor por los estragos que pueden llegar ocasionar de no ser detectadas y atendidas a tiempo. Sin embrago, tampoco hay que tener tanto miedo a las crisis, hay que entenderlas como situaciones que se dan lugar dentro de los ciclos de las relaciones, y no necesariamente tienen que significar el fin de todo.

Con relación a ello, la pedagoga y orientadora familiar Mar Sánchez Marchori, explica: “Lo más importante es desdramatizar el concepto crisis. Muy a diferencia de lo que se puede pensar, una crisis es un período en el que se plantean cuáles son las condiciones, los factores que no resultan satisfactorios y, por tanto, se buscan soluciones para subsanarlos. En realidad las crisis hacen madurar a las personas y ayudan a mejorar las relaciones; es más, bien resueltas pueden llegar a ser muy enriquecedoras.”

Detonantes de las crisis

Resulta fundamental entonces, conocer los posibles factores que pueden detonar una crisis entre los esposos, desarrollar las habilidades necesarias para “blindarse” contra ellas, y en caso de presentasen, darles el debido tratamiento.

Debemos considerar que cada caso es único, no obstante, hay una generalidad de causas, las cuales analizaremos a continuación:

Crisis personal: es aquella que vive uno de los cónyuges, la cual por obvias razones, afecta la relación matrimonial. Este tipo de crisis está relacionada con problemas de desarrollo individual, ya sea por rasgos típicos de la personalidad o por épocas circunstanciales algo críticas para el ser humano, como es la de los 40 años, la menopausia en las mujeres, la jubilación, entre otros.
Las crisis personales que afectan al matrimonio, pueden originarse también por la incompatibilidad en el proyecto de vida común, es decir, puede resultar que una persona al pasar de los años cambie sus expectativas frente al matrimonio, mientras el otro cónyuge conserve las pactadas en un principio.
Infidelidad: tal vez la más compleja y común de las crisis conyugales. Pero… ¿de qué depende que la infidelidad conserve el carácter de crisis y no pase de ahí? Pues en primer lugar del perdón, tanto de quien faltó al compromiso matrimonial, como quien fue asaltado en su buena fe, por decirlo de alguna manera. Asimismo, el deseo de resarcir los perjuicios causados y el compromiso de reconstruir, se hacen determinantes para que la infidelidad sea superada.
Competitividad profesional: antes era algo poco usual, pero ahora es factible encontrar parejas que se disputan entre ellos mismos el primer puesto del trono profesional, es decir, quién gana más, cuál de los dos logra un mejor puesto, cuál consigue un título académico más alto, en fin… una situación que puede llegar a ser inmanejable, pues hay un continuo reto que no tiene ningún sentido dentro de una relación de amor, donde lo que cobra relevancia es la construcción de un “nosotros” y no un “yo”.
Crisis económica: es otro detonante que una vez más pone a prueba la unión de los esposos. Una circunstancia como el desempleo o una quiebra económica, puede desestabilizar con facilidad, debido a que resulta cómodo y fácil sostener un matrimonio dentro de unas condiciones óptimas, pero cuando esto cambia, la relación puede tambalear.
Muerte de un hijo o duelo: la pérdida de un ser querido, puede generar dificultades en la persona y por consecuencia, afectar la relación de pareja. El respeto, la comprensión y tolerancia entre ambos, (muerte de un hijo), es de vital importancia, al igual que la comprensión hacia el cónyuge más afectado. Tanto en el hombre como en la mujer, se pueden presentar periodos de depresión, ausencia del deseo sexual, pérdida del sueño y del apetito, abandono en la presentación personal, etc.
Todas los escenarios anteriores, no son situaciones para nada agradables, pero lo cierto es que se hacen más llevaderas si la pareja está unida, pues una crisis que no se afronta de la manera adecuada, es añadir otro problema al que ya existe. Debe haber por tanto, un compromiso fehaciente entre los esposos y reconocer que aunque es probable que las crisis lleguen, cualquiera que sea, deberán poner su mejor cara y salir adelante por el amor y unión que algún día se prometieron.