Sociedades para jóvenes: ¿dónde quedan nuestros viejos?

 

En bastantes ambientes, la vida diaria está adecuada a la medida de los jóvenes: los trabajos, los sitios de entretenimiento, los autos, las comunicaciones, las ciudades, las viviendas… ¿y dónde quedan los ancianos? ¿Acaso se nos olvida que algún día estos jóvenes también envejecerán?

Los ancianos en las civilizaciones primitivas

La palabra ancianos viene del latín “senes”, que a su vez forman el “senatus”, el senado, es decir la asamblea de los ancianos. Asimismo, “los más ancianos”, que en latín es “seniores”, eran quienes en la antigüedad tenían la máxima acumulación de poder. De ahí procede “señores”, que significa “dueños absolutos”.

En las diversas civilizaciones antiguas, los ancianos eran quienes ocupaban los altos mandos de las jerarquías. Existía una asamblea conformada por los ancianos del pueblo, que funcionaba como un órgano consultivo, a veces legislativo e incluso judicial. Su presencia en el gobierno de los pueblos, suponía la aportación de la experiencia para resolver los problemas referentes a la comunidad y también para poner freno a la autoridad absoluta. Su influencia era tan importante, que algunos casos en la historia relatan que los mismos reyes eran elegidos por esta asamblea de ancianos*.

¿A quién llamamos ancianos?

Si bien las expectativas de vida han aumentado, el término “adulto mayor” cada vez comienza más temprano. En la actualidad, todo aquel que esté por encima de los sesenta años, ya es considerado parte del grupo. No obstante, una persona de esta edad o un poco más, se encuentra aún en todos sus cabales, conserva un potencial enorme y puede estar activo en el mercado laboral por un buen tiempo, si así lo deseara.

Lo que puede suceder entonces, es que alguien de sesenta y pico de años que se sienta vital y con deseos de perpetuar, no encuentra qué hacer en una sociedad diseñada para personas con menos años.

También deben tener un lugar

Aunque en el mundo moderno hay un considerable avance en ciertos aspectos, en otros hay retroceso, como es este caso. Algunas culturas aprecian más la sabiduría y experiencia de las personas mayores, a diferencia de la nuestra, donde algunas veces los ancianos son ignorados, no se tienen en cuenta, es como si no hubiera espacio para ellos.

El licenciado José Rafael Sáez March, escribe en un artículo publicado en AnalisisDigital.com: “Todos sabemos que en una sociedad como la nuestra, en la cual el valor de las personas está en función de su eficacia productiva, aquellos individuos cuyo vigor ya entra en la fase de declive interesan muy poco. Se les considera una carga social inútil y más bien molesta. (…) Por mucho que se esconda tras otros argumentos, la eutanasia, próximo paso en el avance de la cultura de la muerte, está relacionada de forma muy estrecha con esta desgraciada concepción de la vejez.”

No quiere decir entonces que se propague una disputa de generaciones, para nada, lo que se busca es lograr que haya una mayor integración del anciano a la colectividad en general, que exista más conciencia y respeto por sus condiciones, además de que las políticas gubernamentales, incluyan más beneficios para la población veterana.

Ah, valga la aclaración, quien escribe esta nota es una joven.

Fuentes: Enciclopedia GER*, AnalisisDigital.com, elalmanaque.com

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