Separaciones no traumáticas

En una sociedad en que las separaciones y los divorcios están al orden del día, vale la pena que nos preguntemos si es posible pasar por estos complejos procesos de forma enriquecedora y no traumática.
 
Cuando dos personas inician un proyecto conyugal común ponen gran parte de su energía e ilusión en él, de forma que éste se convierte en una pieza clave de su identidad en particular y de su vida en general. Desgraciadamente, en ocasiones estas esperanzas y amor iniciales acaban siendo reemplazados por el tedio, el rencor e incluso en ocasiones el odio hacia la otra persona.
 
Este hecho es vivido por la mayoría de personas como un fracaso personal, llegando incluso a pensar que los años vividos en pareja fueron un terrible error y una pérdida de tiempo. Estos pensamientos hacen que a veces la herida no acabe de cicatrizar, de manera que las personas pueden almacenar dosis importantes de rabia y frustración en su interior durante toda su vida. Todo esto no sólo genera un imporante dolor, sino que además influye en la manera en que estas personas gestionarán sus futuras relaciones amorosas.
 
Al contrario de lo que mucha gente piensa, numerosos ejemplos nos demuestran que es posible construir una separación no dañina que puede resultar incluso enriquecedora para las personas implicadas. A esta esperanzadora verdad se le añaden otras dos. La primera es que este proceso depende exclusivamente de la voluntad personal de cada uno: es decir, tu puedes llevarlo a cabo aunque tu ex-pareja aún no esté preparada para dar el paso. La segunda cuestión que hay que tener en cuenta es que, por muchos años que hayan pasado desde la ruptura, nunca es demasiado tarde para aventurarse en este proceso de auto-sanación.
 
El primer aspecto a considerar cuando decidas dejar por fin de sufrir y utilizar tu ruptura conyugal para crecer, es trabajar las actitudes de entendimiento y perdón. Para realizar este profundo trabajo es necesario que analices la naturaleza de tu relación amorosa des del principio, con el objetivo de comprender tu situación actual. El primer paso es que tomes consciencia de que, seguramente, ninguno de los dos deseábais que la relación acabará “mal”, sino todo lo contrario. Aunque este hecho parezca una obviedad, es importante no perder de vista que  muy a menudo la ruptura resulta dolorosa y desoncertante para ambas partes.
 
La segunda premisa a tener en cuenta es que una relación siempre es cosa de dos: esta afirmación implica que cuando la convivencia se deteriora, el origen de esta disfunción no se encuentra jamás exclusivamente en uno de los cónyuges. Este es hecho importantísmo, ya que debes asumir tu parte de responsabilidad en el asunto, aunque tu contribución haya sido simplemente la de tolerar las actitudes perjudiciales de tu pareja una y otra vez.
 
Una vez hayas reflexionado sobre todo lo anterior puedes ahondar un poco más en la necesidad de perdón que seguramente late dentro de ti. Es bien sabido que para aprender a perdonar sinceramente a los demás uno debe haberse perdonado antes a sí mismo, liberándose de cualquier  posible rescoldo de sentimiento de culpa que uno pueda guardar en su interior. Esto significa que debes diferenciar entre asumir tu parte de responsabilidad en el deterioro de la relación y sentirte culpable. Para discriminar entre estos dos procesos suele resultar muy útil atender a los sentimientos que despiertan en ti: mientras asumir tu contribución a las circunstancias generará en ti fortaleza y un sentimiento de control sobre tu propia vida; el sentimiento de culpa te hará sentir débil, afligido y desamparado. Atiende a estos sentimientos siendo consciente de que nadie es capaz de crecer desde la culpa, ya que ésta genera destrucción a su alrededor: las circunstancias vitales ya resultan a menudo suficientemente complejas por si mismas, de manera que no es necesario que castigues añadiéndote aún más sufrimiento.
 
El siguiente paso es dotar de sentido los años vividos con la otra persona: solamente el hecho de haber sentido amor por tu pareja durante el tiempo que estuvistéis juntos ya hace que la relación no haya transcurrido en vano. Los posibles hijos u otros proyectos que hayáis emprendido juntos pueden completar la ecuación. De cualquier relación, por muy horrible ésta haya sido, es posible sacar algo a partir de lo cual crecer: aunque hayas tenido que soportar un gran dolor, tu forma de afrontarlo te ha convertido en  el maravilloso ser que ahora está leyendo éstas lineas. Tu te has conocido, has madurado y te has fortalecido en el proceso, y eso jamás es una pérdida de tiempo.
 
Practicar el perdón es darse cuenta de que los errores propios y los ajenos provienen siempre de la ignorancia, y de que esta ignorancia y el sufrimiento que la acompaña ya resulta un castigo suficientemente duro para quienes hayan errado. Tu, como todos los seres humanos, tienes el derecho de equivocarte y el deber de aprender de tus errores: no le des más importancia a tu pasado, vuelve la vista hacia el horizonte y preocupate por cómo vas a vivir tu vida desde ahora mismo. Pronto podrás comprobar la paz que se siente cuando uno se da el permiso de equivocarse, y verás que el perdón hacia tu ex-pareja surgirá de forma espontánea una vez hayas dejado de juzgarte y condenarte a ti mismo.
 
Dos personas que se separan no son nada más ni nada menos que dos seres que no han encontrado la fórmula idónea para lograr que sus necesidades encajen, de forma que sus caminos han acabado separándose. La ruptura, aunque dolorosa, no deja de ser una oportunidad para crecer y evolucionar. Por mucho que un juez lo dictamine ,una separación física no sirve de nada si las personas implicadas no hacen su propio proceso de ruptura y liberación: si sigues atormentado por tu relación pasada esta ruptura no ha tenido lugar, de forma que el dolor sigue latente dentro de ti aunque a menudo te esfuerces por esconderlo debajo de la alfombra.
 
Una separación no traumática implica ser consciente de que el hecho de que los caminos de dos seres se separen no es nada negativo en si mismo: un universo lleno de posibilidades se habre ante ti, lleno de otros proyectos en los que implicarte o incluso de otras personas a las que amar.
 
La vida a veces te lleva por caminos que no habías planeado y que incluso pueden llegar a separarte de aquella persona junto a la que habías imaginado envejecer. Sin embargo, es imposible que esto altere la paz que tanto anhelas, porque ésta no se encuentra en ningún camino imaginable: eres tú quien la albergas en tu interior, simplemente está esperando a que te aventures a descubrirla.
 
fuente: www.resiliencia.org
Deja tu comentario

0 comentarios.

Deja tu comentario


[ Ctrl + Enter ]