Relaciones dependientes


Se llama Ana y tiene 23 años, mantiene una relación de pareja con su novio desde hace un año y medio, sin embargo se siente poco cómoda en la relación que tienen. Ambos conviven juntos y la falta de sinceridad entre ellos así como de una inadecuada comunicación han mantenido una situación insostenible a lo largo del tiempo. Necesita comprender porque mantiene esta situación con su novio en la que no es feliz. Es por ello que decide pedir ayuda y acudir a un psicólogo.
Este es el caso de Ana pero como el suyo son muchas las parejas de jóvenes que viven una situación similar. Nos preguntamos ¿son relaciones dependientes?
Digamos que la tendencia básica e innata del ser humano es la tendencia al vínculo. Y por lo cual desde este punto de vista la gran mayoría de las personas, en algún momento de sus vidas, buscan una relación de pareja. Esto es así porque se entiende que la pareja es el lugar donde se descansa, se obtiene placer, protección y seguridad, sin embargo es también en ella donde los conflictos son también frecuentes. Y es que la relación de pareja nos enfrenta con el dilema fundamental entre la dependencia y la independencia, el equilibrio entre la autonomía y lo común, que se manifiesta por un lado como miedo al compromiso y a la pérdida de libertad y por otro, por un deseo de dependencia y entrega; lo cual siempre crea incertidumbre así como ambivalencia de sentimientos en ambos miembros de la pareja.
Por todo esto sería conveniente que nos preguntáramos sobre cómo son nuestros vínculos o relaciones. Quizá es ahí donde podremos ver porque tendemos a relacionarnos de una manera u otra. Si bien es cierto que hay dependencias que nos ayudan a adaptarnos a la sociedad, como es el caso de los padres que cuidan a su hijo pequeño porque aún no se vale por sí mismo, que al fin y al cabo ayuda a crecer porque aporta seguridad y cariño a su hijo. Por otro lado están esas otras relaciones que no nos lo permiten, todo lo contrario nos mantienen en una actitud sumisa, en la cual uno renuncia a ser uno mismo.
Así vemos como las relaciones de pareja se vuelven dependientes; y volviendo al caso de Ana, puedo comentar que a lo largo de su vida no ha presenciado un entorno familiar en donde sintiera ese calor afectivo que necesitamos para sentirnos queridos, siendo así es fácil que haya carencias internas de las cuáles ni quizá ella misma tenga conciencia. Por lo cual esto le conlleva a buscar en una relación la necesidad imperante de alguien que la quiera. Y parece que lo logró al principio, pero esa necesidad de afecto le esta costando su propia felicidad. Tal es así que duda de si misma y no sabe muy bien si quiere mantener esta relación.
No se muy bien lo que pasará con Ana, si decide mantener la relación es porque gana unos beneficios secundarios con todo esto y si decide abandonar tendrá que exponerse al sentimiento de soledad y trabajar ella misma sus propias carencias afectivas de la infancia.
Pues bien, es en estas relaciones dependientes donde se establece el caldo de cultivo más propicio para la violencia que hoy se no expone en televisión, y que se empiezan a fraguar en las relaciones de jóvenes por no tener una maduración adecuada de lo que desean en una relación de pareja y que sentido les da a su vida. Fruto también quizás de nuevas generaciones que vivencian rupturas, o ambientes familiares donde no han tenido una base segura en la cual crecer en autoconfianza, y valoración personal que les conlleven a encontrar una pareja realmente por un amor maduro, que ama al otro por quien es y no por lo que necesita de él.

Mª del Carmen González Rivas

psicóloga

mcarmengr@cop.es

Deja tu comentario

0 comentarios.

Deja tu comentario


[ Ctrl + Enter ]