REFLEXIÓN Y CONSTANCIA, CIMIENTOS DE LA EDUCACIÓN DE LA PERSONALIDAD

 

 

 

 

Reflexión sobre estos valores humanos de acuerdo con la pedagogía del P. Tomás Morales

 

 

 

 

De todos los valores humanos, reflexión y constancia son los más destacados por el padre Tomás Morales como principales cimientos del carácter, hasta el punto de observar que con ambas es posible corregir otros defectos, en especial la superficialidad y la inestabilidad, que son a su juicio el origen de todos los demás.

Vamos a iniciar hoy una reflexión sobre estos dos valores humanos, de acuerdo con la pedagogía este gran educador, “idealista con los pies en la tierra”, como le llama Abilio de Gregorio. Baste, para empezar, con un par de esenciales pinceladas.

La reflexión es imprescindible para el dominio de la curiosidad, del sentimentalismo, de la vanidad, de la ambición. Las ventajas que aporta su cultivo asiduo son la profundidad en el juicio, la firmeza, el espíritu constructivo (la verdadera crítica es siempre creadora, la crítica falsa, destructiva, es la del mediocre que cree elevarse a rebajar a los demás), la libertad de quien juzga con conciencia moral recta, la apertura a la visión sobrenatural de las cosas.

Entre los medios más idóneos para el cultivo de la reflexión destaca la escucha, la observación y la lectura, las tres sobre el cimiento de un triunfal silencio interior que hace posible el encuentro consigo mismo, con los demás y con Dios.

La constancia es la manifestación más luminosa de la virtud cardinal de la fortaleza, y una virtud “casi teologal”. La necesidad de la constancia nace de una clarividente realidad: suple muchas cualidades, pero no se suple con ninguna. Fuente de paz y de firmeza, es fuerza de voluntad que todo lo logra, más si se apoya en la gracia de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

Los medios que el P. Morales propone para alcanzarla son tres:

1º) Querer pocas cosas, pero de verdad.

2º) No fantasear: realismo, no dejarse llevar por la imaginación.

3º) Paciencia (“no cansarse nunca de estar empezando siempre… Es en la continuidad donde se dan a conocer las almas grandes”). Procediendo poco a poco, no desanimándose nunca. “No hace falta que tengas ideas geniales, pero es imprescindible que las que tengas las realices”.

La constancia es la mejor fragua de la madurez. Y la paciencia, la medida del amor, amor concreto en la cotidianidad, belleza interior. “Paciencia con todos, con todo, contigo mismo” (Francisco de Sales).

Pero la constancia del cristiano no es esencialmente un empeño de su voluntad, sino una participación en la firmeza de Cristo entregado en la cruz y en el stabat de María a sus pies. Ellos son modelos e intercesores en la forja del carácter humano, que el P. Morales considera fundamental en el camino de la santidad cristiana.

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