Mujeres y hombres que huyen al matrimonio: ¿qué les genera el miedo?

Si bien es cierto que tomar la decisión de casarse puede generar un temor natural, en algunos casos, este paso cuesta más dificultad de lo normal y hasta se podría hablar de ciertas patologías al respecto. ¿Qué orígenes tiene el miedo al compromiso matrimonial?

Es comprensible la mezcla de sentimientos que se producen frente al matrimonio. Por un lado, hay una “separación” con la familia de origen, y por otro, se concentran una serie de incertidumbres y expectativas sobre la nueva forma de vida, a pesar que el amor es un ingrediente existente entre la pareja. Pero de ahí, a pasar a un grado mayor de nerviosismo exagerado hasta el punto de perder a la persona amada por no ser capaz de adoptar un compromiso, es ya un nivel superior de miedo que debe superarse antes de que surjan daños en las personas implicadas.

Detectar el origen

Para lograr superar esta dificultad, se debe hallar el porqué del miedo, alguna circunstancia interna debe ser el elemento generador. Bajo la premisa que el amor no es el causante del temor, las siguientes podrían ser algunas raíces:

  • Modelos cercanos:es cuando la persona se crió bajo un hogar desunido lleno de conflictos, de padres separados o ausentes, que la hacen pensar que todos los matrimonios son como ese modelo que vivió de cerca y no quisiera repetirlo. También pueden ser comentarios constantes de amigos que fracasaron en su relación matrimonial.
  • Experiencias pasadas: cuando se han presentado noviazgos previos conflictivos o traumáticos, es posible que se haya cimentado una aversión a las relaciones formales de pareja.
  • Inseguridades: por lo general, las personas que se les dificulta tomar decisiones -cualquiera que sea-, tienen baja autoestima, no reconocen sus capacidades y permiten ser dominados por las inseguridades, volviéndose más frágiles y débiles ante situaciones que generen compromiso. Por eso es común que este tipo de personas huyan o eviten responsabilidades, como es el matrimonio, la familia, una oferta laboral, proyectos de vida, ayudas económicas, etc.
  • Egoísmo: en el matrimonio hay que ceder a las propias apetencias para dejar a un lado el “yo” y construir un “nosotros”. Indudablemente es un trabajo de negociación delicado de los cónyuges, pero no es irrealizable. Sin embargo, estas personas que temen en extremo al matrimonio, no se sienten capaces de renunciar a sus gustos, exigencias y preferencias que se requieren en la convivencia, y ponen en primer lugar su bienestar negando la posibilidad de compartir con otros.
  • Apego a la familia de origen: puede ocurrir que exista una relación de apego con los padres que haga más complicada la conformación del nuevo hogar. Muchas veces esta presión por no abandonar a los padres, es ejercida por ellos mismos de manera inconciente. O también se pueden presentar factores adicionales dificultosos que afectan el panorama del novio(a), como son los casos de enfermedades de los padres, aprieto económico o viudez, los cuales aumentan trabas a la decisión.
  • Incapacidad de asumir compromisos: especialmente si son para toda la vida. Algunas personas temen comprometer el futuro en una decisión de hoy.

¿Cómo superar este miedo?

Depende de la raíz que ocasione el problema. El acompañamiento de un sicólogo sería recomendable para casos más graves, para otros sin embargo, basta con seguir las sugerencias que se proponen a continuación:

Causa Plan de acción
Modelos cercanos Identificar si los temores son propios o adquiridos, es decir, si se originan por experiencias personales vividas de cerca o provienen únicamente de comentarios de agentes externos. En el primer caso, hay que tener presente que cada matrimonio es diferente, el hecho que los padres o familiares cercanos, hayan tenido dificultades en su relación conyugal, no quiere decir que se tenga que repetir la historia; “cada uno se labra su propio destino”. En el segundo caso, elija entre las personas que tiene a su alrededor, un referente de matrimonio que admire y desearía que el suyo fuera así; estos patrones positivos, sirven de inspiración y ejemplo para su propia vida.
Experiencias pasadas Hay que sanar primero las situaciones pasadas para comenzar una nueva etapa. Tampoco se puede generalizar, las personas y circunstancias son distintas.
Inseguridades Hay que recuperar la autoestima, potencializar las fortalezas y ejercitar la toma de decisiones en la vida diaria. Proponerse metas, medirlas y cumplirlas, no importa el propósito (hacer ejercicio, llevar una dieta saludable, ser más paciente, organizar los papeles pendientes, etc.), lo importante es llevarla a cabo.
Egoísmo Cambiar de un día para otro y más cuando es un hábito adquirido quizá desde la infancia, no es viable, hay que comenzar un proceso e ir de a poco. En cuanto al egoísmo, hay que comenzar a ceder ante algunas circunstancias cotidianas, por ejemplo, acceder a realizar una actividad que la pareja quiera, ver el programa de televisión que todos deseen ver en lugar de irse para la habitación, compartir con personas necesitadas tiempo, víveres o dinero.
Apego a la familia de origen No hay que escoger entre el uno o el otro, ambos, familia y cónyuge, pueden simpatizar al mismo tiempo. Los papás seguirán siéndolo hasta la eternidad, así que por ese lado hay un parte de tranquilidad. Si existiesen algunas dificultades adicionales, es importante continuar con el rol de hijo(a) y apoyarlos en lo que más se pueda, pero tampoco renunciar a los propios proyectos de vida. De igual forma, el hijo(a) no va a solucionar el problema si vive bajo el mismo techo o no con su familia de origen.
Incapacidad de asumir compromisos Es probable que no se haya desarrollado la madurez y el grado de responsabilidad que se requiere para asumir compromisos serios. Habrá que iniciar todo un proceso de cambio.

Por último, hablar con la pareja, expresarle sus miedos, planear su vida futura, y crecer juntos, puede resultar más efectivo que cualquier otro tratamiento sicológico

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