Las relaciones familiares importan a la hora de reafirmar la identidad sexual

El Dr. Judd Marmor, un antiguo presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría y progay, recalca que “nadie nace homosexual. Chicos constitucionalmente afeminados o chicas masculinas desarrollan relaciones heterosexuales cuando sus entornos familiares y sus oportunidades para una apropiada identificación con el género son favorables”

4 de junio de 2010.- El psiquiatra Richard Fitzgibbons advierte a los padres de que no descarten la conducta de cruce de género en la infancia “simplemente como una fase pasajera, porque si finalmente practican la homosexualidad, tienen más probabilidad de engancharse a las drogas, alcohol o prostitución; de intentar el suicidio, de sufrir trastornos psicológicos y enfermedades de transmisión sexual”.

Dale O’Leary, autor de The Gender Agenda, afirma: “Las personas que creen ser hombres atrapados en cuerpos de mujeres (o viceversa) necesitan terapia. La cirugía no cambiará el hecho de que cada célula del cuerpo del hombre sea claramente masculina (XY) o de la mujer (XX)”.

El psicólogo clínico norteamericano Joseph Nicolosi, antiguo presidente de la National Association of Research and Therapy of Homosexuality, NARTH (http://www.narth.com/), es conocido internacionalmente por practicar la terapia reparativa para vencer los sentimientos de atracción por el mismo sexo no queridos. Entre otros manuales, ha escrito junto a su mujer la Guía para padres para la prevención de la homosexualidad (www.esposiblelaesperanza.com).

(Marta Santín / Alba) En ella, pone de manifiesto que no existe ninguna evidencia científica que demuestre que se nace homosexual. El Dr. Judd Marmor, un antiguo presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría y progay, recalca que “nadie nace homosexual. Chicos constitucionalmente afeminados o chicas masculinas desarrollan relaciones heterosexuales cuando sus entornos familiares y sus oportunidades para una apropiada identificación con el género son favorables”.

Una historia típica

Numerosos expertos que han investigado el trastorno de identidad demuestran cómo los genes, el ambiente y otras influencias se interrelacionan entre sí dando lugar a la homosexualidad.

El experto de NARTH Jeffrey Satinover describe una historia típica. Un niño que nace con ciertos rasgos sensibles o estéticos, percibidos como problemas en lugar de como regalos, marcando al chico como diferente. Su padre no sabe cómo tratarle y piensa que su hijo necesita dureza en lugar de afirmación. El hijo entonces “se excluirá defensivamente” de su padre para protegerse.

“Y esta separación le dejó menos capacitado para relacionarse con otros varones. La madre, por otra parte, le sobreprotege”. “A pesar de esta exclusión, el chico anhela el amor del padre. En la pubertad, desea ser como otros chicos, y estos deseos terminan erotizándose”, afirma.

Por esta razón, Nicolosi califica la atracción por el mismo sexo como un impulso reparador. “Durante veinte años he llegado a ver que la persona con orientación homosexual intenta reparar las necesidades afectivas del mismo sexo insatisfechas desde la infancia. No he conocido a ningún homosexual que diga que tuvo una relación cercana con su padre”.

Para la psicoterapeuta y ex lesbiana Andria Sigler-Smalz, “el impulso en la relación lésbica se debe a los déficits emocionales por parte del mismo sexo. La atracción emocional es más esencial que la atracción sexual”.

En la web http://www.peoplecanchange.com/ se relatan cientos de testimonios de ex homosexuales: “Aunque teníamos miedo a los hombres, suspirábamos por su aceptación. Envidiábamos la confianza y la masculinidad que parecían venirles tan fácilmente, y la envidia se convirtió en lujuria. Queriendo ser como ellos, se convirtieron en objetos de nuestro deseo. El dolor venía de no sentirnos amados, incluía ansia de padre, enredo de madre, rechazo de los compañeros, pobre estima de género y, con una frecuencia desproporcionada, abuso sexual en la infancia o exposición prematura al sexo”.

Nicolosi enumera una amplia gama de señales que pueden detectarse. La primera es que el niño con Desorden de Identidad de Género (DIG) es infeliz con su sexo biológico.

La raíz del lesbianismo

En los varones. En lugar de incorporar un sentido masculino del yo, rechaza su masculinidad emergente. Se refugia en las niñas y en las actividades femeninas. Le cuesta hacer amigos varones. Tienen miedo a las competiciones deportivas. Finalmente, reniega de su pene. “El problema no está en que juegue con muñecas, sino en lo que no está haciendo: aprender cómo ser un chico entre los chicos”, afirma. En la adolescencia, todas estas conductas se interrelacionan en la “fase de transición erótica crítica”, en la que las necesidades del chico de tener vínculos con los varones se transforman en atracción erótica.

Mientras nada satisfaga esas necesidades, la conducta homosexual se desarrollará rápidamente. Nicolosi recuerda que una cuarta parte de los preadolescentes sufren confusión de identidad sexual. “Pero lo más alarmante es que podrían ser identificados erróneamente como homosexuales por un orientador gay a los doce años”.

En las niñas. Para Nicolosi, “en la raíz del lesbianismo está el rechazo de su identidad femenina. Deciden que ser mujer es indeseable”. Les repelen los juegos de familia, la ropa femenina y sus órganos genitales. La relación con su madre no es adecuada o no se siente afirmada por sus padres. Han sufrido malas experiencias con varones o abuso sexual temprano. La psicoterapeuta Diane Eller-Boyko, ex lesbiana, observa: “Nuestra cultura honra lo masculino: la fuerza y el dominio. Eso crea en muchas mujeres una grieta neurótica de sus naturalezas auténticas. Sin saberlo, muchas madres transmiten a sus hijas una imagen nada atractiva de la feminidad porque se vuelven no disponibles, deprimidas e iracundas”. El Dr. Robert Stoller advierte también a los padres de su rol: proporcionarles afecto para que sientan que merecen el amor de otro hombre.

fuente: caminocatolico.org

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