LA ORACIÓN DEL ZAPATERO

Dedico toda la noche a reparar los zapatos de mis clientes para que ellos puedan ir a trabajar

Un zapatero remendón acudió a un monasterio cercano para preguntarle a un sabio monje y le dijo:

No sé que hacer con mi oración de la mañana. Mis clientes son personas pobres que no tienen más que un par de zapatos. Yo se los recojo a última hora del día y dedico toda la noche a repararlos para que ellos los tengan listos para el día siguiente y que puedan ir a trabajar. Aun así al amanecer sigo teniendo trabajo.

Y mi pregunta es:

– ¿Qué debo hacer con mi oración de la mañana?

– ¡Qué has venido haciendo hasta ahora? – preguntó el monje.

– Unas veces hago la oración a todo correr y vuelvo enseguida a mi trabajo; pero eso me hace sentirme mal. Otras veces dejo que se me pase la hora de la oración, y también entonces tengo la sensación de haber faltado; y de vez en cuando, al levantar el martillo para golpear un zapato, casi puedo escuchar cómo mi corazón suspira: ¡Qué desgraciado soy, pues no soy capaz de hacer mi oración de la mañana …!

Le respondió el sabio monje:

– Si yo fuera Dios, apreciaría más ese suspiro que largas horas de oración.

Al levantar el martillo para golpear un zapato, casi puedo escuchar cómo mi corazón suspira: ¡Qué desgraciado soy, pues no soy capaz de hacer mi oración de la mañana…! – Si yo fuera Dios, apreciaría más ese suspiro que largas horas oración.

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