España: Los daños colaterales del divorcio

En España un total de 71.472 menores se unieron al drama de los 137.510 hogares que se rompieron en 2007. Los padres se distancian, pero ¿y los niños? ¿Qué pasa con ellos?

(La Gaceta, España, )

En España un total de 71.472 menores se unieron al drama de los 137.510 hogares que se rompieron en 2007. Los padres se distancian, pero ¿y los niños? ¿Qué pasa con ellos? La nueva etapa vital a la que se enfrentan, plagada de situaciones fragmentadas en las que viven sólo con uno de sus padres, les pasa factura y no perdona.

Un equipo conjunto de investigadores de la Universidad Miguel Hernández de Elche y de la Universidad de Murcia así lo revela.

El trabajo, titulado Trastorno de ansiedad por separación en hijos de padres divorciados, analiza los síntomas de ansiedad que se derivan para los menores tras una separación o divorcio. Para ello toma una muestra de 95 escolares de 8 a 12 años, que compara con otros de edades y géneros similares cuyos padres no se han separado.

El resultado es claro: “Los niños que han vivido una ruptura conyugal presentan niveles de ansiedad más elevados que los niños cuyos padres permanecen unidos”, señala el estudio.

Reveses para los hijos

El texto revela también, que las principales consecuencias de esa angustia que sufren los menores se manifiesta sobre todo en factores psicofisiológicos. “Cuando los menores no permanecen con sus padres”, apunta el trabajo, “sienten molestias físicas, como dolor de cabeza o barriga, tienen ganas de llorar y tratan de evitar la separación física con ellos, telefoneándoles o tratando de retrasar su marcha”.

La separación brusca del niño de las figuras afectivas es, a juicio de los autores del estudio, uno de los factores que pueden contribuir a la aparición de la ansiedad de los niños tras la separación de los padres. Al producirse una ruptura familiar, explica el estudio, suele ser común que el niño viva con uno de los padres, con mayor frecuencia la madre y permanezca de forma eventual con el padre.

Sin embargo, en los periodos vacacionales el menor se traslada al hogar del padre, pasando a ser el contacto con la madre muy esporádico e incluso inexistente cuando la relación entre la pareja separada ha sido conflictiva. En esos casos, “la marcha de la madre puede condicionar la ansiedad del niño en ocasiones futuras y aumenta su vulnerabilidad a reaccionar de forma ansiosa ante cualquier separación de la vida cotidiana”.

También hay diferencias significativas en la tranquilidad de los hijos. “Los niños con padres separados se muestran más intranquilos cuando sus padres se marchan de viaje, cuando tienen que hablar con ellos por teléfono o se levantan por la mañana para ir al colegio”. En cuanto a la edad, entre los 8 y 9 años es el momento crítico. En esa franja, los niños con padres separados presentan más ansiedad que los que son mayores que ellos.

Necesidad de cooperación

El trabajo concluye apelando a la necesidad de cooperación entre la pareja y el abandono de las discusiones a pesar de la ruptura producida. “La cooperación entre los ex cónyuges y la ausencia de desavenencias entre ellos”, señala el estudio, “reducen el temor en los niños ante la ausencia de figuras de apego y fomentan su confianza y autonomía”.

Mayores problemas durante el desarrollo educativo y psicológico

A conclusiones similares al estudio conjunto de las universidades Miguel Hernández de Elche y la de Murcia, llega otro trabajo realizado por la profesora de la Universitat Pompeu Fabra, Anna Garriga y el profesor de la Abat Oliba, Jorge Martínez Lucana. Este matrimonio decidió hacer un recorrido sistemático por la profusa documentación que la sociología inglesa, americana y escandinava tiene sobre el divorcio y sus consecuencias.

El resultado del análisis es el estudio ‘Divorcio y malestar. Lo que la sociología empírica nos puede decir hoy sobre los efectos del divorcio’, publicado recientemente.

La conclusión del trabajo es que, estadísticamente, los hijos de padres divorciados muestran una mayor tendencia a tener problemas en su desarrollo educativo y psicológico. En el aspecto pedagógico las secuelas se reflejan en bajos rendimientos académicos. Y en el desarrollo de la psique, los efectos negativos que se producen son depresión y problemas de autoestima.

Aunque en este último punto se señala, “curiosamente, que las secuelas no tienen por qué manifestarse en los años siguientes a la ruptura. Y emergen bastante tiempo más tarde, en forma de “una mayor probabilidad de vivir otro divorcio, menores posibilidades de casarse, menor contacto con los padres o menor bienestar psicológico”.

Los investigadores del trabajo no se quedan sólo en constatar unos hechos sino que proponen soluciones. A su juicio, los poderes públicos y la sociedad no deben plantear el divorcio como única alternativa ante los problemas conyugales, sino que deben facilitar los medios para reconducir la situación.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2008-10-29

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