Encender el hogar

Hace poco tiempo leí una noticia que me sacudió como un latigazo. A estas alturas de la vida no hay sorpresas posibles, pero le invito a leer esta escueta información y detenerse un momento a pensar.

La Generalitat Valenciana puso en marcha con carácter experimental una escuela para padres maltratados y ha sido tal el éxito, que ya prepara la apertura de otras siete, atendidas por psicólogos que impartirán sesiones orientadas a progenitores que han sufrido violencia familiar por parte de sus hijos.

¿Qué le ha parecido? Es posible que si el lector dedica un momento a buscar las causas de este fenómeno, con el solo enunciado, podría llenar unos cuantos folios. Sin duda podríamos hacer un coro de plañideras o despotricar de lo mal que están las cosasPersonalmente prefiero ahora dejar a los expertos psicólogos que buceen en las profundidades de los sentimientos para que descubran la inmensa fauna que puede albergar cualquier ser humano.

Hoy y ahora lo que me interesa es ver que podemos hacer cada matrimonio con los hijos que tenemos entre manos. Que sea algo sencillo y que esté al alcance de cualquiera. Me gustaría detenerme hoy en un aspecto muy simple que resumiré en una pregunta. Que nuestros hijos tienen padres es algo evidente, pero ¿tienen casa? ¿El techo bajo el que se cobijan y donde comen y duermen, es un hogar? De lo contrario estarán asilvestrados.

Antonio Vázquez

Si oteamos un poco el panorama, anotamos que, a la hora del desayuno, el mal humor de despertar se potencia con las prisas para llegar cada uno a su destino. Al llegar la tarde, si todavía son escolares, con mucha frecuencia, cuando van su padre o su madre a buscarles, no es extraño que antes de volver para cenar, se hagan compras, encargos o cualquier distracción. Me olvido también de las clases de inglés, yudo, etc.

Sí, ya sé que por lo general hay que volver pronto a casa para hacer las tareas escolares pero el lector no me negará que después del encierro de tantas horas, padre, madre e hijos, quieren airearse y procuran que no se les caiga la casa encima. Claro que para que no suceda tal eventualidad ya hay urbanizaciones con entornos de juego donde se les puede soltar para que retocen y den menos la lata a sus padres.

Situémonos en el caso más favorable: a las siete de la tarde los chicos están en casa con alguno de los dos cónyuges y se van a su cuarto a estudiar….o lo que sea. A las nueve hay que cenar. ¿Y la TV? Una pregunta capciosa con mala idea. ¿Cuántos aparatos hay? Tomemos el mejor de los casos de que solo existe uno en el cuarto de estar que utilizan todos. ¿Qué hacer? ¿Hablamos, nos contamos las aventuras que cada uno ha podido tener durante el día, o encendemos la caja tonta? Lo más pronto posible a la cama porque hay que madrugar.

¡Ah! Pero está el sábado y domingo. ¿Se duerme hasta las tantas? ¿Se marcha cada uno por su lado a hacer deporte? ¿Hay invitaciones para ir a casa de un amigo? ¿Cuántas ganas de huir tienen unos y otros, con cualquier pretexto?

Todas estas preguntas pueden ser más o menos retóricas la clave está en si promovemos situaciones en las que estamos todos juntos y aprovechamos esas circunstancias para darnos cuenta de cómo está cada uno, para poderle echar una mano en sus pequeños dramas.

Soy consciente de que estoy hablando con padres de hijos escolares, pues los mayores son harina de otro costal, pero en cualquier caso hay que lograr un ambiente de hogar tan atractivo que, la vuelta a casa sea lo que más desean. De lo contrario, repito,en cuanto les pasen pocos años por encima de nuestros hijos los tendremos asilvestrados.

Hay que encender el hogar y darle calor. Esas paredes, mejor o peor decoradas, tienen que oler a leña de hogar aunque los radiadores se calienten con una caldera de gas. Los troncos de madera son los padres los que han de acarrearlos. Es muy cierto que todos, hasta los más pequeños tienen que llevar su astilla, pero los leños potentes los acercan los cónyuges y son ellos los encargados de poner la chispa para que se esté confortable y no haya humos. ¿Suena demasiado bucólico? No lo sé pero la noticia de la Generalitat valenciana me ha sonado a película de terror.

Insisto en que tampoco hay que rasgarse las vestiduras y nada hay nuevo bajo el sol. En el primer tercio del siglo pasado Chesterton escribía algo que es una premonición: Si en otros siglos los aventureros conquistaban un pedazo de tierra para sus reyes y patronos, hoy por hoy, el descubrimiento consiste en cerrar la puerta y con las zapatillas o sin ellas, como a uno le de la gana, poner la bandera de la familia en la sala de estar o en la cocina y quedarse dentro.

Alrededor de nuestros hijos hay en estos momentos muchos más ambientes depredadores que en la época de Chesterton. Lo único que complementaría al autor inglés es que no me gusta cerrar la puerta de nada. Los hijos han de alimentarse en ese hogar para salir a la calle con suficientes calorías para que no se les lleve el primer vendaval

Hacer familia Diciembre de 2005

Deja tu comentario

0 comentarios.

Deja tu comentario


[ Ctrl + Enter ]