El colegio no debe ser un segundo hogar

Comienza el curso y, aparte de hacer cálculos para afrontar los gastos escolares, también hay que cuadrar horarios para que los niños no estén desatendidos. Los centros ofrecen fórmulas, pero a costa de renunciar a pasar más tiempo con ellos.
A los padres trabajadores les quedan básicamente dos salidas si quieren aspirar a esa quimera –al menos en nuestro país– conocida como la conciliación entre vida familiar y laboral: echar mano de los “abuelos canguros”, que acaban estando más tiempo con sus hijos que ellos mismos, o prolongar su jornada escolar, de tal forma que los niños pasen entre ocho y nueve horas en el colegio. Esta última opción, elegida por muchas familias, provoca que el aula sea la segunda casa de estos menores. ¿O termina siendo la primera? “Es aberrante dejar a un niño de tres o cuatro años desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde”, comenta a este diario la psicóloga Isabel Menéndez Benavente. ¿El motivo? Se crea un “desapego” en los menores.
El comedor y el horario ampliado serán las herramientas que, en este nuevo curso, utilizarán de nuevo muchos padres. Alrededor de dos millones de niños –el 25 por ciento– comerán en el colegio, mientras que cerca de 300.000 pasarán en el aula más horas de las habituales. No sólo se trata de salir más tarde de clase; hay centros que abren antes sus puertas para facilitar la tarea a aquellos padres que van a trabajar temprano.
El comedor es utilizado principalmente por los alumnos de Infantil y en menor medida por los de Primaria. Este servicio lo ofrece el 57 por ciento de los centros públicos y cerca del 75 por ciento de los privados. Mientras, los horarios ampliados los pone a disposición de los padres uno de cada cuatro centros. De nuevo aquí, son los alumnos de Infantil los principales usuarios.
Con todo, como recuerdan desde la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), se trata de servicios extra, no facilitados por las administraciones y que, salvo las ayudas específicas de algunas comunidades, han de pagarlos aparte los padres.
“Todo lo que hay fuera de las cinco horas habituales lo organizan los centros o las asociaciones de padres. Las horas que pasan los niños en las aulas fuera del horario lectivo son como actividades extraescolares y, por tanto, se pueden dedicar a idiomas, deportes, etc.”, comenta a este diario Pedro Rascón, presidente de Ceapa.
Así, “los padres son los que piden este horario ampliado a los centros por la necesidad de conciliar, pues no se pueden hacer cargo de los niños”. Ahora bien, estos servicios, ¿suponen más una ayuda para los padres o un perjuicio para sus hijos? “Los niños tienen que tener su vida en su casa, necesitan su espacio, estar rodeados de sus cosas, sus juguetes, sus hermanos…”, asegura la psicóloga Menéndez Benavente. “Sí, en el colegio pueden tener muchas actividades lúdicas, pero no el necesario contacto afectivo que han de tener, si no con los dos progenitores, sí al menos con uno de ellos”, añade.
¿Años perdidos?
La experta argumenta que, “durante los primeros cinco o seis años de vida es fundamental la figura de los padres, sobre todo la materna. Si no, es un descontrol total”. Y es que “una profesora no puede suplir” a una madre. ¿Los riesgos? Que se produzca un “desapego afectivo” de los pequeños, que acaban “viendo a sus padres media hora al día”. Y lo que es peor: “Muchos padres compensan ese tiempo perdido comprándoles a sus hijos todo lo que quieren”.
Por supuesto, hay causas de fuerza mayor que justifican el estiramiento de la jornada escolar, como es el hecho de que muchos padres trabajan muy lejos de los colegios de sus hijos, o con horarios imposibles de equilibrar. Eso sí, la psicóloga ve un “afán de comodidad” en muchos progenitores. “Algunos ni siquiera trabajan, y dejan a sus hijos en el comedor”, asegura. De hecho, “es preferible que los niños se queden comiendo en casa, en su entorno, aunque sea con una chica que los cuide, que pasar en el colegio más de ocho horas diarias”. O acogerse a una jornada reducida en el trabajo para pasar más tiempo con ellos.
Pedro Rascón considera que es necesario un debate amplio sobre los tiempos escolares y que los expertos digan claramente “qué es mejor para los chavales”. Sobre todo, porque “imponer jornadas de tipo laboral” para los pequeños es una “barbaridad”.

fuente: www.thefamilywatch.org

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