Comienza el curso

 

El comienzo de un nuevo curso escolar, a semejanza del Año Nuevo, nos da pie para renovar objetivos y rectificar los fallos y carencias observados en el periodo anterior. Es buen momento para que todos -chicos, jóvenes y mayores- aprovechemos la ocasión para proponernos metas alcanzables, que nos hagan progresar en el curso escolar y en el de la vida.

En el curso escolar porque, con los libros nuevos, parece que nuestros hijos abren una nueva etapa que, en la mayoría de los casos, está llena de ilusión. Ellos han crecido desde que, en el ya lejano mes de junio, latían de gozo estrenando las vacaciones, y ahora brilla en sus ojos la emoción de lo nuevo, de aquello que desconocen aún, pero que está en puertas de ser descubierto y asimilado.

En la vida por lo que supone de interiorización del comienzo de una nueva etapa, que sin duda será apasionante, llena de relaciones con los demás, en una mezcla de sensaciones agradables y desagradables, fruto del inevitable roce que experimentamos en nuestra relación con los demás.

Puesto que es impensable eludir el contacto con nuestros semejantes, hagámoslo de forma consciente, escuchando, compartiendo, aprovechando los recursos de la convivencia; evitando lo estéril, lo obvio, lo que provoca fricción.

Todos alcanzamos a distinguir qué diferentes tipo de esfuerzo requiere hacer una carrera de cien metros y una de fondo. Eso hemos de aplicarlo al curso que se nos abre en este mes de septiembre. Sin duda se trata de una carrera de fondo, en donde nos someteremos a una  lucha constante contra la pereza que nos invade hasta recorrer la etapa completa.

Pequeños objetivos

En el mes de enero pasado, en esta misma sección, Carmen González Rivas nos aconsejaba marcar pequeños objetivos para el resto del año. Esa misma tarea os quiero transmitir, redoblada, con ocasión del comienzo de curso. Vamos a desechar –por fatigosos, por difíciles, a veces por inviables- grandes objetivos, objetivos “completos”, “totales”. No confío en ellos, pues llevan en sí el germen del abandono prematuro.

Objetivos pequeños que, al alcance de nuestras escasas posibilidades, nos permitan avanzar con constancia, reponiendo fuerzas cuando lo necesitemos. Para ello ofrezco la ayuda de uno de los Salmos más bellos: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre.” (Sal. 130).

Seguramente tenemos claro los objetivos que nuestros hijos han de asumir para este curso. No hace falta insistir. Pero, ¿y nosotros, los mayores? ¿Qué podemos hacer de cara a este nuevo curso escolar –vital, para nosotros- que tenemos por delante? Yo entiendo que cuando el Señor predicó la parábola de los talentos, nos estaba advirtiendo de que nosotros -por nuestra situación privilegiada en una sociedad culta, con accesos a servicios sociales impensables en el ochenta por ciento del planeta- habíamos recibido los diez talentos y de ello tendremos que rendir cuentas.

Una idea

Propongo un objetivo sencillo. Ya que disponemos de la herramienta adecuada a través del Arzobispado –las EFEBAL, Escuelas de Formación Básicas Arciprestales de Laicos- acudir a ellas para formarnos adecuadamente.

Si no están constituidas en nuestra Parroquia, el objetivo, algo más complejo, es aún accesible: promover su constitución en nuestro entorno (parroquia, arciprestazgo).

Cuando por la mañana voy al trabajo, me encuentro con un grupo de chicos que se dirigen al colegio. Alguno de ellos acude con las manos vacías, sin libros, sin material escolar, y esto me parece que es el panorama más desolador. Más desolador aún resulta observar la multitud de fieles laicos que vagan desalentados por falta de una fe con fibra, debidamente formada en ese proceso continuo de maduración de la fe que veía la Chistifideles Laici (ChL 57) y que recogió nuestro Sínodo Pacense como “una formación básica, común a los miembros de la Comunidad”.

Juan Santiago Garrido Moreno
Padre de familia
Semanario Iglesia en camino de la archidiócesis Mérida-Badajoz

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