Carta del Arzobispo de Mérida -Badajoz a los Matrimonios de la Archidiócesis

Carta del Arzobispo a los Matrimonios de la Archidiócesis

Con motivo del inicio de curso 2010-2011

Mis queridos matrimonios:

De nuevo os saludo con afecto y esperanza al comenzar el curso pastoral en nuestra Iglesia de Mérida-Badajoz.

Mediante estas líneas quiero expresaros mi confianza en vuestro buen hacer familiar, y mi ofrecimiento personal e institucional como ayuda a vuestra delicada misión de esposos y de padres. Como matrimonios cristianos estáis llamados a destacar, en esta sociedad aletargada, los grandes valores de la vida, de la sana educación y de la colaboración en la iniciación y orientación cristiana de los hijos.

Soy contrario a las palabras superficialmente complacientes. Por eso, cuando os manifiesto mi confianza, es porque conozco los acertados esfuerzos de muchos matrimonios en todos los ámbitos propios de la vida familiar y social. Y, si os ofrezco mi colaboración, es porque deseo vivamente estar a vuestro lado aportando lo que esté de mi parte, como Padre y Pastor de quienes desean seguir a Jesucristo y orientar la propia vida con su palabra.

Sé de las dificultades que se oponen constantemente a una intensa y gozosa vida matrimonial, y a la delicada y difícil tarea educativa de los hijos en una sociedad estandarizada e invadida por criterios y ejemplos nada constructivos. Con ellos, se banaliza la vida matrimonial, se confunde la mente de los niños y se arrastra a los jóvenes por caminos que les llevan al vacío y a la decepción.

Ante todo esto, no podemos quedarnos en el ejercicio de una simple oposición a lo malo o a lo peligroso. Además de ello, es absolutamente necesario abrir caminos nuevos y ofrecer nuevos y grandes horizontes capaces de ganar la mente y el corazón de los niños y de los jóvenes. Estos horizontes y los caminos para alcanzarlos, no pueden trazarse en la soledad de las propias fuerzas. Requieren el trabajo compartido de quienes tienen conciencia de estas necesidades, y de quienes viven la convicción deben intervenir en ello con sentido de responsabilidad. Es necesario compartir inquietudes, experiencias, proyectos y esfuerzos con otros matrimonios.

Me he dirigido también a los niños y a los jóvenes mediante otras cartas. Me gustaría que las conocierais y que pudiéramos entablar algún tipo de encuentros y dialogar a partir de esta preocupación común que es la tarea educativa.

Pero no quiero dejar de resaltar la importancia que tiene la salud del matrimonio, para llevar a cabo la educación de los hijos. Es absolutamente imprescindible procurar una fuerte compenetración entre los esposos, mediante un diálogo claro y transparente. No se debe descuidar la ayuda mutua para ir adquiriendo la formación cristiana imprescindible. Sólo así podréis crecer como matrimonio cristiano y ofrecer a los hijos los criterios y apoyos necesarios en su vida y en su crecimiento hacia el futuro.

Todo ello será posible si tenéis presente que os unisteis sacramentalmente en presencia del Señor y con su gracia. Esa unión y sus fines propios no pueden alcanzarse lejos del Señor.

Hay mucho que hacer. Hay mucho ya realizado en lo que encontrar un apoyo muy válido.

No cesemos en lo que nos queda por hacer.

Decidámonos a colaborar sin miedos ni prejuicios.

El Señor os ayude.

+ Santiago.
Arzobispo de Mérida-Badajoz.

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