Aprender a ceder es el secreto para celebrar las bodas de oro

Lograr una relación fuerte requiere de un esfuerzo mutuo

 

  

Después de 54 años juntos, siete hijos y 31 nietos, Javier Cox y Mónica Irarrázaval se siguen queriendo.
Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2008-11-14

El Mercurio, Chile, 2008

 

 

Él incluso le dedica poemas y, al igual que siempre, todos los días, sin falta, almuerzan juntos. “Cosas así ayudan a mantener bien el matrimonio”, explica Javier. “Nunca dejé de venir, mi trabajo también es ella”, agrega este médico jubilado.ejemplo de getimagesize()

Hasta hace un tiempo salían a pasear en bicicleta juntos, aunque ahora, luego de una lesión que tuvo Javier, tuvieron que conformarse con una hora de caminata diaria.

“Lo que nos molesta lo decimos cuando salimos a caminar”, confiesa Mónica.

Es que no por haber celebrado unas felices bodas de oro significa que no se enojen de vez en cuando. “Igual que todas las parejas nos ponemos de malas, pero nos arreglamos y a veces esas reconciliaciones son muy enriquecedoras. Es el juego de ceder”, dice Javier.

Trabajo de dos

¿Pero cuáles pueden ser las peleas de una pareja que se conoce entre sí todas las mañas y debilidades? “Cosas chicas, como qué programa ver en televisión. A él le gusta el fútbol y a mí me carga. También se molesta porque dice que hablo mucho por teléfono con la familia. Pero yo encuentro que es la única forma de mantener el contacto entre todos”, dice ella, entre sonrisas dirigidas a su marido.

Sin embargo, nunca son malos ratos duraderos, y por eso van a casi todas partes juntos. “Incluso cuando la gente del edificio me ve solo me pregunta dónde está mi señora”, asegura Javier.

Claro que no todos piensan igual que los Cox- Irarrázaval. Para Rebeca Izquierdo la clave de un matrimonio a largo plazo está en ceder, pero también en mantener espacios para cada uno. “Hay que respetar el metro cuadrado de la otra parte. Esas parejas que hacen todo juntos, a la larga no resulta porque son dos personas distintas, con gustos diferentes”.

Por eso es clara: “Si uno de nosotros quiere ir al biógrafo y el otro no, va el que quiere ir y se acabó”. Pero eso no es motivo, dicen tanto Rebeca como Enrique Undurraga, su marido por 55 años, para no saber en qué está su pareja. “Nos contamos las cosas, es importante saber comunicarse y siempre sabemos en dónde está el otro”.

Además, reconocen que lograr una relación fuerte requiere de un esfuerzo mutuo: “No es fácil llegar a estar 55 años con alguien”, dicen casi a coro.

La paciencia, aseguran, es una virtud necesaria, aunque según Enrique “todo es más fácil ahora que conocemos mejor al otro. Lo más complicado es al comienzo”.

“A estas alturas uno ya sabe lo que le molesta a la otra persona. Ya le conoce todas las fallitas, pero también todas las cualidades, y eso es esencial”, comenta Lina Ferrari, con la experiencia de quien lleva 53 años de matrimonio.

“Ahora que no están los hijos, nos sentimos solos a veces, pero sabemos que tenemos que cuidarnos entre los dos. Y mi marido me trae desayuno a la cama, me sigue regaloneando. Eso es lindo, incluso 53 años después”.

Cinco décadas y mucho másWilly Schütte (103) y Felicia Sanhueza (92), la pareja de corredores que se volvió famosa luego de participar en la última maratón de Santiago, tiene otro récord: llevan 71 años juntos.

Ellos aseguran que ni la exposición mediática a la que se han sometido en los últimos días, ni ningún otro motivo los va a hacer cambiar el amor que se tienen y, menos, su forma de expresarlo: “Siempre somos cariñosos entre nosotros. No sé cómo a las personas les extraña eso. No es ficticio, siempre le he dicho ‘mi amor’ y le doy besitos”, dice Felicia. Y es para creerle. Mal que mal, los 10 kilómetros que caminaron hace dos domingos los hicieron tomados de la mano.

“Sigo enamorado, igual que antes -agrega Willy-, ¿por qué va a ser difícil llevar tantos años con alguien como ella?”, se pregunta.

Felicia, eso sí, confiesa que uno de sus grandes temores, después de casi tres cuartos de siglo juntos, es la separación. “Me da miedo que uno quede solo. Por eso al rezar le pido a Dios que cuando nos vayamos lo hagamos juntos, o lo más cerca posible”.

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