«El adolescente lleva dentro un nuevo ser que está acabando de madurar»
RAFA LÓPEZ -2008 Faro de Vigo
Psicopedagoga, orientadora y profesora de Filosofía en un instituto de Secundaria, Pilar Guembe es autora, junto con su marido, el escritor y doctor en Filosofía Carlos Goñi, de
“No me ralles”, un libro que, aporta claves para hablar con hijos adolescentes.
- Compara usted la adolescencia con un embarazo…
- Sí. Porque el adolescente, de alguna manera, lleva dentro un nuevo ser que está acabando de madurar. Por eso está raro, no se entiende a sí mismo y está contra el mundo. Tiene que hacer que salga su auténtico yo. Los padres tenemos que hacer de comadronas para ayudar en el parto, pero el que tiene que dar a luz a ese nuevo ser es el adolescente.
- Y al igual que las mujeres deben consultar al ginecólogo durante el embarazo, hay padres que llevan a sus hijos al psicólogo con los primeros contratiempos de la adolescencia. ¿Es esto correcto?
- Por supuesto que no. Qué mejor psicólogo que los padres. Luego están los profesores, y si la situación se torna más complicada, se puede recurrir a especialistas. Pero en un primer momento, no. Con padres y profesores bastaría.
- ¿Cuál es el motivo más frecuente de las discusiones entre padres y adolescentes?
- Las notas, las salidas, las nuevas tecnologías, los amigos… Hay para todos los gustos.
- En muchas familias, por una tradición machista, el padre queda exento de ayudar en las tareas domésticas. No es un buen ejemplo para los hijos…
- En estos casos la madre tiene un hijo más: además de los hijos, tienen al marido para involucrarle en esta faceta. Se trata de hacer familia y los padres tienen un papel muy importante como ejemplo para los hijos varones.
- Parece que en la actualidad los adolescentes disponen de más medios para aislarse de sus padres: el Messenger, el móvil, los videojuegos…
- Lo llamamos el “botellón electrónico”. Esta tecnología de comunicación nos aísla. Hay que intentar que el ordenador esté en una zona común, controlar el tiempo que se pasa frente a él, que el propio chico vea si eso le está limitando sus contactos sociales, si hace que cambie su carácter… Hay que tener en cuenta que los ordenadores se desenchufan. Hace unos días pasaba una encuesta a mis alumnos y quedó patente que el tiempo que pasan frente al ordenador se equipara con el tiempo de estudio.
- ¿La habitación de los hijos debe ser un…?
- ¿Un búnker? Evidentemente, no. Si tener este búnker les va a limitar, hay que eliminarlo. Hay que ser familia y hacer familia: enseñarles a compartir espacios en común, ver una película juntos, hacer una actividad juntos… Tienen que tener sus amigos, su intimidad y su espacio, pero si se hace bien, se enganchan. Debemos evitar que los adolescentes vayan por un lado y los padres por otro, que es muy triste.
- ¿Y dónde está el límite entre esa tutela deseable y unos “padres-policías”?
- Los “padres-policías” se están poniendo de moda ahora. Como hay tantos riesgos, tratamos a los hijos como sospechosos, y esto es muy negativo. Si te dedicas a investigarle e incluso le pones detectives rompes el poco hilo de comunicación con tu hijo, y es muy difícil de recuperar. La clave está en el diálogo desde pequeños: contar las cosas, lo bueno y lo malo, tanto padres como hijos. Lo que no se puede hacer es empezar a hablar con un hijo a los 15 años.
- Pero falta tiempo, se habla de la “generación llavero”: la de los hijos que tienen llaves de casa desde pequeños porque ambos progenitores trabajan.
- Eso ya ha pasado, ahora se habla de “hijos horizontales”: cuando los padres se van de casa están durmiendo, y cuando regresan vuelven a estar durmiendo. La mujer ha salido de casa a trabajar, pero el padre no ha entrado. Hay que poner medidas a todos los niveles para solucionar este gran vacío.
- ¿Qué hacer cuando un hijo de 14 años se empeña en ponerse un “piercing” o un tatuaje?
- Si lo hace es que está madurando correctamente, está “haciendo de hijo”. Y los padres tienen que “hacer de padres”. Si no les parece correcto, deben negociar, pactar, argumentar… Convencer, no vencer, razonando y hablando. Y cuando cumpla los 18 años podrá decidir.
- Como profesora, ¿considera generalizada la falta de respeto de los alumnos por los docentes?
- Siento decir que sí. Y no es que los docentes hayamos perdido autoridad: es que los padres la han perdido. Unos niños que hacen lo que quieren en casa, ¿cómo van a obedecer al profesor? Los padres nos han quitado esa autoridad a los profesores. Cuesta que el niño se esfuerce, pero son valores que hay que trabajar en casa.
- ¿Está de acuerdo con que un alumno pueda pasar curso con cuatro asignaturas suspendidas?
- Podría celebrarse toda una charla sobre este tema. Tiene sus pros y sus contras. Hay pocos alumnos a los que les vaya bien repetir, a no ser que haya sido una enfermedad o una situación especial. Pero a un chaval desmotivado a veces se le desmotiva más haciéndole repetir curso. Hay que hablar de cada alumno concreto.
Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2008-12-18







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