Valores: Diversión sana y esfuerzo

 

Siguiendo lo prometido en su día, hoy vamos a tratar dos valores que están de plena actualidad: La diversión sana y el esfuerzo.

Desde hace muchos años se vienen haciendo estudios sobre la diversión y el tiempo libre. La llamada “civilización del ocio” es un exponente claro de la importancia que actualmente se le da a la diversión y el esparcimiento. Al ocio los griegos lo llamaron “sjolé,” que en latín pasó a schola, escuela. Parece ser que cada civilización produce su propia forma de tiempo libre. En la actualidad, el tiempo libre es aquel del que podemos disponer al margen de nuestras ocupaciones.

Hoy en día la diversión y el tiempo libre juegan un papel importante en nuestras vidas. Dime como te diviertes y te diré quién eres. Necesitamos desconectar de los problemas y tensiones diarias, salir de las cuatro paredes y respirar aire libre, andar, correr… Todos necesitamos sentirnos libres y disponer de nosotros mismos como nos plazca. Cada uno de nosotros tenemos nuestra propia percepción de cuales son las necesidades que queremos satisfacer si no queremos perder nuestro equilibrio psicológico.

El tiempo libre nos permite poder reflexionar sobre nosotros. Lo importante es que el tiempo libre sea realmente compensador. El que es demasiado dinámico en su vida profesional es probable que utilice su tiempo libre realizando un sin fin de tareas. En el polo opuesto está aquel que dedica todo el tiempo libre a la distracción, no teniendo ni un solo momento para el encuentro consigo mismo. Decía Fray Francisco de Alvarado que la diversión, como la medicina, debe ser poca y a tiempo. Sea como fuere, aunque nuestro trabajo diario sea para nosotros muy grato, esa diversión en el trabajo debería alternarse con el descanso y el cambio a otras actividades que enriquezcan nuestra personalidad.

Diversión no es pasividad

Diversión no significa permanecer pasivos. Es necesario saber qué hacer cuando no se tiene nada que hacer .El hombre de hoy día vive su actividad laboral de manera estresante, por eso se siente empujado a buscar la afirmación de su personalidad en el ocio y la diversión. Cada vez son más numerosos los jóvenes y adolescentes que regresan a sus casas a altas horas de la noche y todos nos lamentamos de los estragos que están causando el alcohol y las drogas. Todo ello unido al consumismo que nos desborda y que se está convirtiendo en la existencia de millones de personas. Nos solemos quejar de la falta de motivación y esfuerzo de nuestros jóvenes pero ¿cómo van a estar motivados si obtienen todo lo que piden al momento y sin la menor dificultad?

Ocio, el mejor negocio

Hacer del ocio el mejor negocio podemos conseguirlo siguiendo algunas pautas. En primer lugar haciendo de nuestro trabajo una actividad creativa. Haciendo que la diversión sea la alegría que nos anima a vivir y cultivando el amor a los demás como algo esencial para nuestra propia realización. Nadie puede estar verdaderamente satisfecho si no tiene una ocupación que le haga sentirse útil y provechoso. La madre Teresa de Calcuta nos lo dejó bien claro cuando nos dijo: “La vida es una oportunidad, aprovéchala; belleza, admírala; beatitud, saboréala; un sueño, hazlo realidad; un reto, afróntalo; un juego, juégalo; preciosa, cuídala; riqueza, consérvala; amor, gózala; un misterio, desvélalo; tristeza, supérala; una tragedia, doméñala; felicidad, merécela; LA VIDA ES LA VIDA, defiéndela”.

Hablemos ahora del ESFUERZO. En no pocas ocasiones las decisiones que tomamos no son la consecuencia de un acto de reflexión verdaderamente consciente. Tomamos decisiones movidos por impulsos, sentimientos de frustración, de compensación de carencias… El diccionario de la Lengua Española define el esfuerzo como “empleo energético de vigor o actividad del ánimo, para conseguir una cosa venciendo dificultades, ánimo, vigor, brío. Empleo de elementos costosos en la consecución de algún fin “. En el lenguaje coloquial empleamos el término “voluntad” como sinónimo de “esfuerzo”. A quien es capaz de hacer un gran esfuerzo se le considera como que tiene mucha voluntad.. Sin embargo eso sólo es verdad a medias, ya que el esfuerzo sólo es necesario al principio, mientras se forma la verdadera voluntad. Cuando ya se ha formado la voluntad, realizar acciones que antes nos resultaban costosas se convierten en algo fácil y a veces hasta apetitoso. De ahí la importancia que en todos los terrenos y especialmente en el educativo tenga la formación de la voluntad desde tempranas edades. Nuestra voluntad es poderosa gracias a los hábitos, por los cuales ejecutamos de forma casi automática aquello que hemos querido y decidido previamente. Seguramente todos conocemos a personas que han tenido éxito en la vida. Pues si le preguntamos nos dirán que han fracasado en diversas ocasiones y que en lugar de venirse abajo y lamentarse, ese fracaso les ha servido para reafirmarse, luchar y seguir mirando hacia delante. Es más, suelen afirmar que los reveses sufridos constituyen su capital más preciado.

Otra pregunta que también solemos hacernos es por qué fracasan personas inteligentes y capaces. Hay muchas razones. Los expertos consideran estas como las más comunes: porque no han desarrollado sus habilidades sociales, su inteligencia social. Porque no han sabido encontrar el puesto apropiado. Por falta de fe en sí mismos, por falta de autoestima o por seguir culpando a la mala suerte o a que se presentan obstáculos insalvables. Por todo lo dicho, la lección práctica que todos debemos sacar es que al ser humano desde niño se le debe enseñar y convencer que ha nacido para progresar, que está capacitado para el éxito, pero que la primera victoria la ha de librar consigo mismo. Quizás tenía razón Hemingway cuando dijo que el hombre no está hecho para la derrota. En definitiva, desarrollar la voluntad consiste en contraer hábitos de querer, pero no hay hábitos de querer sin esfuerzo.

Antonio Béjar

Maestro. Licenciado en Ciencias de la Educación

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