Los temas de la fertilidad humana no sólo interesan a los expertos sino que al gran público.

Llama la atención el número creciente de artículos en periodicos y revistas, programas televisivos y de radio relacionados con la fertilidad humana. A decir verdad, en la mayor parte de esos artículos y programas se tratan preferentemente los aspectos ‘patológicos’ y ellos ha hecho que entre los temas ‘polémicos’ y que son objecto de experimentación se cuente el de la fertilidad humana, en detrimento de su verdadero sentido y finalidad.

Pero no siempre es así y, por ejemplo, en el ‘Manual sobre educacion familiar para la fertilidad’ que la Organizacion Mundial para la Salud (OMS) preparó en 1978, se recomienda la enseñanza de los Métodos Naturales de Planificación Familiar como vehículo de conocimiento propio por parte de la mujer y, lo que es más importante, como compromiso del váron en algo que le involucra de modo tan directo como es el uso de la facultad sexual-genitiva. Se trata de lo que comunmente llamamos paternidad responsable; tan alejada del concepto reduccionista de ‘paternidad biólogica o instintiva’ como de la errónea consideración de la fertilidad como síndrome o como enfermedad.

La persona humana es un conjunto armónico e integrado de facultades, entre las cuales hay que incluir la sexualidad. El ejercicio de ésta, por tanto, habrá que situarlo en el contexto en el que el sexo adquiere su sentido pleno. De no hacerlo así, se seguiría el peligro de desvincular la sexualidad de la racionalidad y la voluntariedad que, en base a todo, le confiere precisamente el ser humano. La fertilidad humana es una consecuencia del ejercicio sexual. ‘Ser fertil’ no significa en absoluto ‘estar enfermo’: no se trata de una imperfeccion de la mujer y del váron que es susceptible de presuntas terapias quimicas, mecanicas o quirúrgicas.

Ser fértil, bien lo contrario, supone una nota de normalidad y de salud biológica y psicológica, puesto que se trata de una capacidad regulable de acuerdo con la necesidad, el conocimiento y el aprendizaje. Además, el hombre y la mujer, mediante su fuerza de voluntad, guiada por la inteligencia y sostenida por el amor mutuo, llegan a comprender y valorar positivamente la abstinencia sexual en las circunstancias en que no ven conveniente tener otro hijo. Dicha abstinencia, en esas y parecidas circunstancias, aparece para ellos como una donación generosa y comprensiva entre dos que meditan y dialogan sus decisiones, sin delegar a nadie, ni siquiera el uno en el otro,responsabilidades que son irrenunciablemente de cada uno.

No se puede jugar con la naturaleza, ni siquiera con el pretexto de modernidad, de estar al día. Lo realmente moderno, lo que está al día, es proteger la naturaleza. Así, por ejemplo, si en los años cuarenta lo moderno era fumar, los pulmones ya ‘sabian’ desde mucho antes que el tabaco era perjudicial. Han tenido que pasar cuarenta años más para que nos vayamos convenciendo de que lo verdaderamente moderno es ‘ pasar del humo’.

Este y otros ejemplos hacen ilógico que aceptemos, al final del siglo XX, cuando la salud es un bien valorado más que nunca – campañas ecologicas, dietéticas debolsillo, deporte para mantenerse en forma – que el estar más o menos esterilizado sea lo que se lleve, lo actualmente moderno. ¿Tendremos que esperar que los próximos años nos enseñen lo que la naturaleza ya sabe de siempre: lo antinatural de muchos de esos ‘tratamientos’ que siempre distorsionan el delicado equilibrio del ciclo femenino?

Me pregunto si no sería mucho mejor fomentar la cultura sanitaria más humana y digna, un aprendizaje en el conocimiento de la propia fertilidad y de los modos naturales para regularla. Esos modos naturales están al alcance de todos con tal de que quieran hacer un uso más maduro y consciente de la sexualidad. La experiencia de más de veite años de trabajo en la enseñanza de los metodos naturales de regulación de la fertilidad – metodo Billings y método Sintotermico, especialmente – han ayudado a responder afirmativamente a aquella pregunta, ya que ha sido posible constatar dos hechos fundamentales. El primero es que la efectividad de esos métodos en nuestro entorno social, cuando están bien enseñados y aplicados, es igual al que la OMS describió en 1982, después de su programa multicéntrico: del 97,8 al 98,6%. El segundo, constatado en esa década, es que la eseñanza completa, filosófica y prácticas, de dichos métodos naturales de regulación de la fertilización constituye la única respuesta, que es a la vez natural, moderna e intemporal.

Dra. Montserrat Rutllant

Barcelona , 2010

 www.renafer.org

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