¡Nos casamos!

            He tenido la oportunidad de asistir durante este verano a algunas bodas de familiares y amigos. La verdad es que muchos podrían decir hoy en día que esto de casarse ya no se lleva, sin embargo aún son muchas parejas las que deciden comprometerse y dar ese paso hacia el sacramento del matrimonio. “ Yo, …, te recibo a ti, …, como esposo/a y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida”. Estas son las palabras que se encuentran en el centro de la liturgia del matrimonio, con las cuales los novios sellan su unión. Son ellos los ministros del sacramento pues, en este caso el sacerdote es el testigo oficial del ritual de la boda, que al mismo tiempo bendice el matrimonio y preside toda la liturgia del sacramento. También son testigos, en cierto sentido, todos los participantes en el rito de la boda, y en forma oficial algunos de ellos.

El matrimonio como sacramento es sagrado, un símbolo que en las religiones, cualquiera que sean, tiene importancia capital. Casarse en un momento de la vida, es arriesgarse, de ahí conectar con su valor sagrado y experimentarlo de esa forma, ambos. Casarse implica comenzar una nueva vida, no es un sencillo acto social. Es por eso que para los cristianos el matrimonio no es un contrato sino una alianza que recuerda la alianza de amor que Dios hizo con la humanidad.

            ¿Pero qué es lo que lleva a las persona a tender a este compromiso? Son ellos los que deciden casarse y nadie les obliga. (si esta condición se diera sería causa de nulidad matrimonial) Inscrito está en el corazón del hombre -como he comentado en otras ocasiones- vincularse, comprometerse con lo que uno desea, llámese un trabajo, una dedicación… o en el caso que nos ocupa una persona. El compromiso resulta de la firme intención de dedicarse a la otra persona, serle fiel y compartir con ella actividades y bienes personales sin limitación temporal. Es el deseo y decisión de formar un nosotros y poderlo manifestar públicamente con cualquier tipo de reconocimiento oficial. A la misma vez es esta necesidad de compromiso en la relación de pareja la que le confiere sensación de seguridad y confianza. Así también lo expresa el psiquiatra Paulino Castells “Necesitamos asirnos a unos compromisos,… Nuestra razón y corazón se han de comprometer al unísono y de facto. Estar seguros de que nuestra pareja nunca nos abandonará confiere una sensación de seguridad y confianza en la relación”.

            Previamente al matrimonio consideramos que es necesario un tiempo de preparación para él. A este período se le ha dado en denominarse noviazgo y sirve para que la pareja se conozca con mayor intimidad y poder así buscar la unión de ideales para dar el paso siguiente hacia el compromiso, en el matrimonio. Visto de esta forma garantiza la posibilidad de un mejor conocimiento, ofrece la necesidad de salir de sí mismo para poder acercarse al otro y es periodo de aprendizaje de los propios límites, de posibilidades y un conocimiento real. 

            La elección en el noviazgo debe apoyarse en algo profundo antes de tomar la decisión para contraer matrimonio. Elegir pareja bajo sobre la base exclusiva de lo sensitivo (ver, oír,, tocar, gustar, etc.) o apoyar tal elección en base experiencias vividas en el pasado bien positivas o negativas no es propiamente una elección madura. Y es que si hay algo que diferencia al noviazgo del matrimonio es su condición de libertad, el noviazgo no tiene por qué terminar en el matrimonio. Lo que distingue un estado del otro, es que en uno hay libertad de decisión y en el otro la decisión ya está tomada. Precisamente los noviazgos, como decíamos, son para el conocimiento mutuo, ver similitudes, diferencias, otros puntos de vista, en definitiva ver si quiero realmente compartir mi vida con esa persona. Si durante ese período los ajustes no llegan a consolidarse entre la pareja seguir con una relación en la que uno no se encuentre cómodo, confiado, o respetado (entre otros) puede abocar a que en el paso siguiente hacia el matrimonio haya dificultades añadidas a las cuáles tendrán que enfrentarse.

            Dicho así tenemos que saber que un buen noviazgo prepara para un buen matrimonio, aunque no necesariamente este tiene que llevar a él. Y si hay algo que principalmente los diferencia es esa exclusividad y compromiso del uno con el otro. La situación del noviazgo es un tiempo de preparación y conocimiento fundamentado en la realidad de la pareja, que necesita encontrar su identidad  por lo que la sinceridad, el apoyo, el respeto, la comunicación, la superación de dificultades, el tiempo de compartir, etc. son los ingredientes básicos para sostener la relación  o bien dicho la confianza mutua. Tenemos que saber que también  durante el noviazgo es necesario que ambos miembros vean paulatinamente como crecen cómo pareja, en los momentos que comparten y en los momentos en que estén solos, decimos con esto que el noviazgo necesita oxigenarse y proyectarse hacia el exterior, vivir una exclusividad que no le compete puede asfixiar a los miembros de al pareja  y promover los celos, que son fruto de todo lo contrario, la desconfianza.

            Entre otros es importante que la pareja también reestructure sus relaciones con sus familias de origen. La familia seguirá estando presente en la vida del individuo, pero muchas decisiones y opciones futuras se van a tomar en función de la nueva relación afectiva que se ha establecido. La familia de origen, pasa a segundo plano, lo que no hay que confundir con pérdida de afecto o sentimientos de alejamiento. Éstas a su vez pueden ayudar a madurar a la pareja facilitándoles el contexto necesario para que se desmarquen, favorecer la independencia, la autonomía y menor control parental.

            En definitiva considerar un tiempo de noviazgo adecuado previo al matrimonio, favorece que la pareja decida con confianza sellar su unión en un sacramento que los unirá para siempre. Expresando juntos la promesa de fidelidad y exclusividad mutuas. Y de ahí  irradiar hacia el exterior  luz y alegría, testigos de una misma misión.

 Mª Del Carmen González Rivas

mcarmengr@cop.es

Centro de Atención psicológica y Familiar Vínculos

CONSAGRACIÓN DE LA FAMILIA AL ESPÍRITU SANTO

 

¡Oh Dios Espíritu Santo! Postrados ante tu divina majestad, venimos a consagrarnos a Ti con todo lo que somos y tenemos.

Por un acto de la omnipotencia del Padre hemos sido creados, por gracia del Hijo hemos sido redimidos, y por tu inefable amor has venido a nuestras almas para santificarnos, comunicándonos tu misma vida divina.

Desde el día de nuestro bautismo has tomado posesión de cada uno de nosotros, transformándonos en templos vivos donde Tú moras juntamente con el Padre y el Hijo; y el día de la Confirmación fue la Pentecostés en que descendiste a nuestros corazones con la plenitud de tus dones, pera que viviéramos una vida íntegramente cristiana.

Permanece entre nosotros para presidir nuestras reuniones; santifica nuestras alegrías y endulza nuestros pesares; ilumina nuestras mentes con los dones de la sabiduría, del entendimiento y de la ciencia; en horas de confusión y de dudas asístenos con el don del consejo; para no desmayar en la lucha y el trabajo concédenos tu fortaleza; que toda nuestra vida religiosa y familiar esté impregnada de tu espíritu de piedad; y que a todos nos mueva un temor santo y filial para no ofenderte a Ti que eres la santidad misma.

Asistidos en todo momento por tus dones y gracias, queremos llevar una vida santa en tu presencia.

Por eso hoy te hacemos entrega de nuestra familia y de cada uno de nosotros por el tiempo y la eternidad. Te consagramos nuestras almas y nuestros cuerpos, nuestros bienes materiales y espirituales, para que Tú sólo dispongas de nosotros y de lo nuestro según tu beneplácito. Sólo te pedimos la gracia que después de haberte glorificado en la tierra, pueda toda nuestra familia alabarte en el cielo, donde con el Padre y el Hijo vives y reinas por los siglos de los siglos.

 Así sea.

www.catolico.org

Escuela para padres

 

“Nadie nace sabiendo ser padres”. Esta realidad no ha de convertirse en un justificante, para evadir la responsabilidad de prepararnos cada día mejor como seres humanos y progenitores.

Más de una vez hemos escuchado la siguiente información: “nadie nace sabiendo ser padres”. Esto es una realidad, pero solo en parte y no ha de convertirse en justificante para evadir nuestra responsabilidad; ha de ser punto de partida para prepararnos cada día mejor como seres humanos y progenitores.

La primera e indudable responsabilidad de traer al mundo a un hijo, es la de procurar formar personas íntegras e independientes a través de la educación, presencia y cariño de los padres. Ciertamente no es trabajo fácil y la desinformación llega a ser en muchos de los casos nuestro principal obstáculo. No basta con buenas intenciones o con la intuición con que hemos sido dotados gratuitamente para sacar hoy en día adelante moralmente hablando a una familia.

Son demasiadas las influencias de un ambiente negativo que hay que contrarrestar para convertirlas en herramientas de aprendizaje y crecimiento en libertad, voluntad e inteligencia que nos ayuden a luchar hacia un mismo frente: el de la dignidad de la persona humana.

Muchos nos preguntamos por qué hemos de prepararnos para ser padre o madre, si maternidad y paternidad son realidades naturales que como tales han de irse dando; es decir, naturalmente.

Hoy por hoy vivimos en una sociedad que influye directamente en nosotros y en nuestras familias. Ya no se desenvuelve la vida en hogares cerrados a sus miembros y a una pequeña comunidad vecina. La diversidad de criterios, valores, etc., cada día es más grande gracias a los medios de comunicación y entretenimiento. Intentar cerrarse al mundo, es tomar una medida irracional; pretender abrirse totalmente a él, es quedar totalmente desprotegido y vulnerable.

Los padres no hemos de sentirnos inseguros y solos en nuestra tarea educativa. Ejemplo y guía alimentados por el amor que les tenemos a nuestros hijos, son la mejor educación que les podemos ofrecer. Sin embargo, algunas veces el sentirnos incapaces nos motiva a delegar nuestra responsabilidad educativa a la escuela o centro educativo al que asisten los niños.

Uno de los principales objetivos de la paternidad responsable, es la de guiar y educar con autoridad y cariño a nuestros hijos, buscando que lleguen a convertirse en adultos autosuficientes, libres y responsables. Este objetivo determinará el cómo se les guiará y educará en el camino hacia su desarrollo y madurez. Para alcanzar este fin no hay como la prevención, la cual se logrará al prepararnos como padres, buscando los fundamentos y las bases para formar personas aptas que irán asumiendo su propio presente sin que los acontecimientos los tomen por sorpresa o desprotegidos.

Si nuestros hijos además de recibir una educación profesional son personas humanamente preparadas, raramente serán víctimas de las circunstancias, pues tendrán la fuerza y los conocimientos para tomar la vida entre sus manos, constituyéndose verdaderamente en dueños y señores de su propio destino.

Como padres y primeros educadores debemos prepararnos para:

1. Proporcionar a nuestros hijos la educación que merecen; aquella que reconoce la dignidad de todo ser humano, tratándole como tal y enseñándole a vivir conforme a su propia naturaleza racional y espiritual. Es precisamente el hogar, primera escuela de vida y formación para la persona, donde se han de adquirir sólidos cimientos sobre los cuales la persona ha de ir consolidando la propia libertad que servirá de guía para formar su personalidad y carácter.

2. Hogar y escuela es donde el niño pasa la mayor parte de su día. Es aquí donde principalmente aprenderá patrones de conducta, normas y valores que guiarán su vida. Por esto es sumamente importante que entre los padres y el centro educativo brinden un mismo marco de referencia evitando en lo posible criterios encontrados en valores fundamentales que puedan hacer sentir al niño desorientado o en el peor de los casos manipulado o engañado.

3. Promover actividades que fortalezcan los lazos familiares y favorezcan la comunicación entre las diferentes generaciones dentro del hogar. Contrarrestar el ambiente negativo que irremediablemente dificulta la tarea educativa. Un ejemplo representativo de ello son los medios de comunicación y entretenimiento que en ciertos casos a través de la televisión, revistas, videos, etc., promueven propaganda que ridiculiza cualquier tipo de autoridad, así como los valores morales que ellos inculquen.

4. Los padres debemos pues ser guías, maestros y amigos durante toda la vida de nuestros hijos, pero principalmente durante los primeros años de su desarrollo, crecimiento y aprendizaje a través de los cuales toda vivencia positiva o negativa marcarán definitivamente la forma cómo, ahora en su presente y posteriormente en el futuro, verán y afrontarán su vida.

 Marisa U. De González

  www.encuentra.com (portal católico)

Actos de bondad