la rutina de la pareja

La convivencia entre dos personas diferentes, no siempre es fácil.

En la fase del enamoramiento se está como desentendido de lo real; se ve todo positivo en el otro, no se ven casi defectos, la persona enamorada los transforma casi en cualidades positivas. Enamorarse en fácil, pero no es fácil amar. Poco a poco vamos viendo que el otro no es perfecto, que tiene sus defectos. En esta fase podemos seguir amando al otro/a tal como es, o podemos rechazarlo/a.

Amar, es estar enamorados y mucho más. Para poder amar, la persona ha de recuperar sus confines, recuperar su identidad diferente y sobre todo amar y respetar la diferencia del otro. El amor en la pareja se da y crece en la medida que se le permite al otro ser diferente

La rutina en la relación impide reconocer que el otro vale, que es un ser valioso, que es un ser diferente. Reconocer es identificar en el otro aquello que le hace singular y decírselo, hacerle notar que se le valora positivamente.

En relación a la ternura a veces, conforme avanza el matrimonio, los gestos cariñosos se van reduciendo cada vez más hasta llegar a resultar raros. Cuando esto sucede, es que la rutina se ha apoderado de nuestra relación. No siempre la ausencia de gestos cariñosos procede de las dos partes, originando que cuando es uno sólo el que tiene estos gestos de cariño y atención con el otro, es uno solo el que da y el que nunca es correspondido, naciendo frustraciones que más tarde o más temprano debilitará u ocasionará el debilitamiento del amor, produciendo heridas más o menos profundas muy difíciles de sanar.

La convivencia cotidiana cuando se convierte en rutina pude ir desgastando la relación de la pareja y con ello ir apagando el amor.

Una relación de AMOR conlleva comprometerse a crear la relación que se quiere y desea.

M Carmen Fernandez – Conciliadora y mediadora familiar – 5 hijos

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