El hermano mayor

 

Definición

Ser hermano mayor puede marcar parte de la personalidad. No es lo mismo nacer entre padres primerizos, ser el mayor de los nietos, ser el primer niño o ser la primera niña que ser el benjamín o el del medio… En general el orden de llegada proporciona unas características diferentes. No siempre es un papel fácil para el que llega el primero, porque va abriendo brecha y sirve de punto de referencia. Puede ser de gran ayuda para toda la familia.

Es cierto que el primogénito nos saca de apuros, incluso nos puede liberar alguna noche en la que podemos salir, pero sobre todo lo que más importa es su apoyo moral. Tendrá que ayudar, sin duda, pero procurando no quemarle y que acabe siendo, sobre todo en familias más grandes, el esclavo de unos pequeños tiranos que siempre tiene razón en una disputa.

El hermano o la hermana mayor siempre es el ídolo de sus hermanos pequeños, el modelo al que quieren imitar, la experiencia, el que les protege y a veces les pega. Unas veces porque quiere hacer de “padre” y otras para marcar su terreno.

Características

  • Debe ser consciente de que es el punto de mira de los demás.
  • Suelen ser más responsables y menos rebeldes.
  • A los pequeños les encantan sus consejos en tono de colega.
  • Merece todo el respeto de los hermanos menores.
  • No son sus padres y por tanto han de agradecerles aún más cualquier cuidado y no abusar.
  • No deben ser sobrecargados, no sustituyen a los padres.
  • A veces es el preferido de los abuelos…
  • Suelen ser más líderes por haber jugado un papel de responsabilidad.

Consejos

  • Siempre tener presente que cada hijo, aunque sea el primero, tiene derecho a la misma atención y educación por parte de sus padres.
  • Pueden tener un margen de autoridad, no se les debe humillar delante de los pequeños por tanto.
  • Puede que el mayor abuse del poder que le otorga el tamaño o riña a sus hermanos pequeños con toda su buena voluntad. Habla con él y hazle ver que es ‘el capitán’ de la familia, que su ejemplo es importante para todos. 
  • Si son brillantes es un posible peligro para el segundo, que puede quedarse en la sombra de por vida. Cuidado, hay que dar protagonismo a todos los hijos.
  • La educación debe ser personalizada. Esto es fácil de escribir y de decir pero siempre terminamos con la famosa frase: “Los eduqué a todos igual y…” pues ¡ahí estuvo tu error! Cada uno necesitaba algo diferente. Aún estás a tiempo de estudiar las diferencias, de profesionalizarte en ellas para sacarles el mejor partido.
  • A veces los mayores hemos sentido que siempre hemos sido más mayores, nunca pequeños. No te olvides de esto, es el mayor pero aún un niño.

 

 Maite Mijancos

* Directora del Instituto Europeo de Estudios de la Educación

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