El “bullying”, la violencia sorda

Hace unos tres años, un poco antes de mi prejubilación profesional, siendo tutor de un grupo de alumnos entre los 11-12 años, detecto que una de mis alumnas, cuyo ritmo pedagógico y afectivo durante toda la Educación Primaria había sido excelente, empieza a bajar en sus notas; le observo su cara de tristeza, hablo con ella y le pregunto cual era la causa de aquel cambio; apenas si quiere contarme algo; tiene miedo. Llamo a los padres, indago con sus compañeros y finalmente sale a la luz lo que nos temíamos: ¡estaba sufriendo un bullying!

Su propia compañera

Otra compañera, la más inteligente de la clase, con carácter de líder, había arrastrado a otro grupo de amigas y a un par de niños, haciéndole la vida imposible: boicot en los recreos impidiendo que nadie se juntara ni jugara con ella, insultos y amenazas por lo bajo, no compartir ni prestar material escolar alguno, no invitarla a cumpleaños, etc… Los padres estaban angustiados y desean cambiar de Centro para no ver sufrir a su hija. Equipo directivo, Orientador y Profesores que impartían su especialidad en el curso fueron informados para, entre todos, y con la mayor delicadeza y dedicación tratáramos de solucionar el problema. Como tutor, hablo en privado con cada una de las compañeras del grupo agresor, descubrimos a la líder del grupo, sacamos a relucir públicamente el problema en la clase, analizamos las causas de ese maltrato psicológico y las graves consecuencias que la situación estaba generando en la compañera agredida. Después de muchas sesiones de reflexión cambian su conducta hacia ella y el caso, gracias a Dios, llega a un final satisfactorio para la agredida, no así para la agresora que, desgraciadamente, a los pocos meses, ya en el Curso siguiente, cae en una anorexia de la que tardó meses en rehabilitarse. Todos sufrimos, yo como maestro y tutor me entristecí y acompañé a sus padres en el dolor, pidiendo por las dos alumnas y por su pronta recuperación.

Hay una opinión generalizada que piensa que el acoso escolar se refiere exclusivamente a algo físico y externo como peleas, agresiones, collejas…. sin embargo la mayoría de las actitudes son de acoso verbal y psicológico que tienen los mismos efectos demoledores: infundios, críticas, motes, aislamientos, vejaciones.., acoso que no sólo se produce entre alumnos sino que ocurre también hacia profesores e incluso hacia padres. Por eso, Fuensanta Cerezo, Profesora de Psicología de Educación Especial en la Universidad de Murcia y Especialista en Bullying advertía con autoridad que “el Grupo puede arrastrar de tal forma a los alumnos que éstos pueden mantener conductas que, aisladamente, nunca tendrían”. Se calcula que la media de casos de bullying en España está entre un 10-15% de la población escolar, sin embargo, se observa un aumento considerable de este fenómeno y además en edades cada vez más tempranas. Los agresores actúan movidos por el deseo de intimidar y dominar o incluso porque les divierte; son problemas de relación interpersonal, de agresividad entre iguales. La víctima se encuentra totalmente indefensa y a veces es un fenómeno muy encubierto que se percibe cuando el asunto ya es muy grave.

Antes de que sea tarde

De aquí que me permitáis dirigirme a todos: Padres, Profesores, Equipos de Orientación, Psicólogos… porque lo importante es tomar medidas preventivas y anticiparnos al problema. En el momento en que se produzca cualquier situación de maltrato hay que actuar con rapidez y contundencia siguiendo un plan que esté previamente esbozado. Por ello se hace necesario diseñar actividades dirigidas a la víctima, a los agresores, a los espectadores, con el grupo, con las familias y con toda la comunidad educativa para mejorar el clima de convivencia en las aulas. La prevención llegará desde la educación.

¿Cómo prevenir?

Una educación autoritaria en la familia en la que se tienda a dirigir las actividades de los hijos, donde las decisiones familiares sean “impuestas” en lugar de una comunicación positiva, crea en los niños reacciones y comportamientos opuestos que se acercarían a los perfiles de alumnos implicados en el bullying.

Una educación responsable, en la que haya una comunicación fluida, un interés y apoyo afectivo hacia los hijos, una motivación adecuada para que hagan frente a las obligaciones y sean capaces de tomar decisiones aceptando las consecuencias de las mismas, una educación basada, en definitiva en el reconocimiento de los éxitos y en la sanción de los errores, es lo que nos ayudará a formar una familia y una sociedad menos violenta y más fraternal.

La formación de una moral clara que guíe el comportamiento de los niños les dará seguridad en sus comportamientos y conductas que lo agradecerán el día de mañana. En eso estamos ¿no es así?

Francisco Bobadilla Guzmán
Maestro y coordinador de escuela de padres

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