Diálogo y familia

“¡Es imposible hablar con mis padres!”, me dice una joven adolescente. “Es imposible tratar con ellos de los problemas que verdaderamente me preocupan… Lo he intentado en muchas ocasiones, pero ¡no hay nada que hacer!… Entre nosotros se dan siempre monólogos sucesivos y paralelos, pero nunca hay un verdadero y fructífero diálogo Yo hablo, ellos esperan a que acabe (si es que antes no me interrumpen), no escuchan realmente lo que les he contado, y, acto seguido, me sueltan la retahíla de frases y consejos de siempre, que ya me sé de memoria Ponen la marcha y ya está. He decidido no decirles nada ¿para qué?”.

“¡Esta hija nuestra es imposible!”, me cuentan también unos padres de mediana edad, con cierto desconsuelo.

“Por más que lo intentamos, no podemos mantener con ella una conversación medianamente interesante Está siempre rara y como ausente Queremos ayudarle, que sepa que estamos incondicionalmente a su lado, pero poco podemos hacer si siempre se muestra con nosotros hermética, lejana, distante, sin hacernos partícipes de su vida. No sabemos qué hacer La hemos intentado educar lo mejor que hemos sabido y podido, pero ahora sentimos que se está alejando de nosotros”

He aquí, dos testimonios evidentes que expresan la enorme dificultad de comunicación y diálogo en el ámbito familiar. Se asemejan a dos vías paralelas que caminan una al lado de la otra, pero que no se entrecruzan, no se interrelacionan, no se conocen. Ya sabemos que no podemos generalizar, y que se dan otro tipo de relaciones entre padres e hijos a través de diálogos sinceros y desinhibidos, en los que la comunicación es fluida y contínua, pero no me negarán que las quejas expuestas arriba son muy frecuentes.

Por lo menos intentarlo

Como muy certeramente escribe el profesor Pedro Ortega en su bello libro “Educar preguntando”, “educar es ayudar a través del diálogo y del ejemplo a buscar la verdad y el sentido de la vida; para eso hay que elegir objetivos, ejercitar la mente, el corazón, la palabra, aplacar angustias, eliminar miedos, para, por fin, alcanzar metas y lograr posiciones de felicidad y plenitud”. Eso lo debemos aprender todos los padres y educadores. Hay que intentar dialogar para conseguirlo. Dialogar no sólo para enseñar a pensar, sino para enseñar a vivir, a suscitar ideales, a sembrar actitudes, a ser personas. “El necesario diálogo”, continúa el profesor Ortega, “representa una urdimbre de almas que piensan y conviven, cuyo fin es llegar a una puesta en común de corazones, de palabras cordialmente preguntadas y escuchadas”.

Claves para el diálogo

Desde nuestra experiencia en el Teléfono de la Esperanza de más de 35 años de escucha, podemos apuntar algunas claves para poder dialogar con cierta esperanza de éxito:

1. La base de todo diálogo es el amor sin límite, la sinceridad sin disimulo, la discreción absoluta.

2. Hay que saber escuchar pacientemente, sin prisas y sin nervios.

3.Debemos demostrar empatía y simpatía al interlocutor.

4. Hay que saber preguntar, mirando a los ojos, no al reloj.

5. Aceptar que cada persona tiene su verdad, su punto de vista que tiene derecho a expresar y defender.

6. Controlar el posible enojo que te produzcan las opiniones contrarias.

7. Pensar la situación de otra forma: Use el humor.

8. Ser para los hijos y alumnos buenos modelos de vida: Eso vale más que mil discursos.

9. Dar mensajes consistentes, no contradictorios.

10. Pensar que, a veces, el silencio, una mirada cómplice, viajes, ver una película juntos, contemplar un paisaje, hacer deporte son preciosos medios de diálogo.

Y con todas estas pautas, a modo de manual para navegantes, que ustedes dialoguen bien.

José Teófilo Martín Losada
Presidente de la Asociación Internacional del Teléfono de la Esperanza en Extremadura
teomartin@telefonodelaesperanza.org

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