Cuando llega el primer hijo (II)

 Puede ocurrir que cuando la pareja espera el nacimiento de su primer bebé, las familias de uno y otro respectivamente (familias de origen) quieran implicarse demasiado, de manera que si en este punto los miembros de la pareja no han dialogado juntos y puesto los limites necesarios a sus familias de origen, las intromisiones pueden resultar muy variadas, pudiendo alterar la propia relación de pareja y de ahí influir sobre su misión como padres, tanto que a veces ante fuertes crisis la pareja decide separarse por este motivo.

 Diferente percepción

Por otro lado esa espera del hijo permite que la vivencia de la maternidad y paternidad sean vividas de distinta forma: la madre va tener un íntimo contacto con su bebé durante todo el embarazo, sin embargo, el padre no va tener esa vivencia tan directa hasta que no pueda ver a su hijo. Aunque previamente se iniciará en la percepción de la realidad del hijo entorno a los 4-5 meses de gestación, cuando lo vea a través de monitor de la ecografía, y así mismo cuando su mujer le avise para que ponga delicadamente su mano sobre su vientre y perciba los movimientos fetales.

Una vez que el embarazo ha discurrido con normalidad y se produce el momento del parto o alumbramiento, los padres pueden contemplar a su hijo, sobre el que habían ya fantaseado previamente. Esas fantasías y sueños poco apoco tendrán que irlas elaborando los padres ya que la aceptación total del hijo se basa en la gratuidad, y no valerse de él en ningún momento, ya que así por ejemplo el bebé no es una forma de “salvar” nunca una relación poco sólida.

Al considerar al hijo no como una propiedad y sí como un don se obviarán muchas rivalidades ente ambos cónyuges, ya que el marido irá comprendiendo que aunque puede sentirse desplazado durante los primeros meses, el amor de su esposa ahora se encuentra dividido entre él y el hijo, de esta manera la madre se manejará con menos angustia y ansiedad al no poder compatibilizar ambos amores con la misma intensidad y estará más relajada durante la lactancia materna (muy recomendada por los pediatras).

Importantes cambios

 Por todo ello si de algo estamos seguros es que la llegada de un hijo supone importantes cambios de hábitos en el matrimonio. Sin embargo, lo que para muchos puede ser recibido como “explosión de alegría y felicidad” para otros representa una influencia negativa para la propia pareja, entorpeciendo o llevando a la ruptura su relación. Si no se está atento a esto y no se sabe que estas dificultades añadidas se pueden dar y a veces prevenir, podría significar que la decisión libre de la pareja de afrontar una maternidad y paternidad juntos se ha truncado. Por todo ello la experiencia aconseja que los progenitores deben estar preparados para superar todos estos inconvenientes y futuros problemas asociados a la llegada de este nuevo ser a la familia.

Sólo así podrán darse cuenta cómo los hijos posibilitan que la relación de pareja suponga ocasión de crecimiento.

María del Carmen González Rivas
Psicóloga

Centro de Atención Psicológica y Familiar Vínculos

http://vinculos-psicologiayfamilia.blogspot.com/

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