Como establecer una buena relación padre-hijos

Al escribir estos temas pienso lo gratificante que ha sido para nosotros, como padres de familia de cuatro hijos, la experiencia de la paternidad, hablo por los dos como padres y creo que a pesar de que esta tarea conlleva esa deliciosa gratificación al ver los hijos convertidos hoy en hombres de bien, profesionales, exitosos y de una gran calidad humana, nos ha llevado buena parte de nuestra vida, criarlos, alimentarlos, vestirlos, formarlos! Pero creo seguramente que concuerdo con mi esposo que fue una etapa difícil, de sacrificio, de esfuerzo, malas noches, agobio y cansancio; pero también de mucha alegría y satisfacciones incomparables. Ha valido la pena! Muchas veces nos equivocamos y otras quizás nos tomó tiempo para adaptarnos a los cambios que vinieron con las diferentes etapas de la vida de nuestros hijos. Algunas veces sentimos temor y confusión y culpa con la duda de si estábamos actuando correctamente. Especialmente cuando había que actuar enérgicamente para disciplinarlos, conteniendo el enojo o la angustia para actuar con coherencia; enseñarlos a ser exigentes con ellos mismos e indulgentes con los demás. Reconocer que a pesar del esfuerzo cometimos errores, y que en ocasiones debimos disculparnos por haberlos defraudado. Aprender a veces por acierto y error y otras con la confianza de actuar correctamente. Lo que es cierto también es que mantener buena relaciones con los hijos y mantener en la familia un adecuado tono en las relaciones humanas, ser asertivos en el manejo de los hijos, no es producto de la casualidad. Se requiere disciplina y mucho esfuerzo

Ser un buen padre requiere mucho más que el intelecto y al tiempo es el trabajo más importante y desafiante que muchos emprenderán. Aunque el criar hijos es muy gratificante, en ocasiones puede ser difícil y estresante; porque nos va mucho en ello. Formar una familia y dedicarnos a forjar la vida de los hijos no es tarea fácil, y en ocasiones puede resultar estresante, lo cual puede ser negativo porque el stress de los problemas cotidianos que surgen de la convivencia familiar y de los dificultades de la crianza pueden ser de toda índole: económicos, por divergencias de carácter o de criterio, por falta de experiencia, etc.

Aunque los padres pueden disminuir el estrés en sus vidas, en ocasiones, todos nos hemos sentido frustrados y enojados. El hacer frente a este enojo, sin perder el control, ayuda a mantener relaciones familiares sanas y una comunicación abierta. Cuando los padres se enojen, deben evitar suprimir sus sentimientos; en cambio, deben aceptar y reconocer su ira. Los métodos eficaces para manejar la ira incluyen: contar hasta diez, darse un “tiempofuera”, salir a caminar, decir por qué se siente enojado, darse tiempo para platicar (por ejemplo, tener una junta familiar para plantear asuntos que se repiten)y aprender a hablar y no gritar

Al implementar estrategias sanas para el manejo del estrés, los padres pueden comunicar mejor sus sentimientos, manejar mejor la situación estresante y enseñar a sus hijos las maneras sanas y adecuadas de manejar el estrés y la ira eficazmente.

Cuando sea posible, los padres deben dedicar tiempo para calmarse antes de disciplinar a sus hijos. Es más eficaz enseñar a los hijos el comportamiento adecuado si se hace de una manera amorosa y justa. Los padres deben evitar criticar o culpar a sus hijos y nunca deben usar castigos físicos.

Dar nalgadas, golpear y empujar puede lastimar física y mentalmente a un niño.

Zarandear puede incluso causar la muerte en niños pequeños. El castigo corporal también enseña a los niños que el pegar es una forma aceptable de manejar la ira y el estrés.

Si los padres tienen preguntas y/o asuntos que enfrentar, el unirse a un grupo de apoyo o participar en clases para padres les ofrece la oportunidad de hablar sobre las luchas diarias y escuchar las sugerencias de otros padres que hacen frente a las mismas dificultades. Además, las clases pueden ayudar a los padres a aprender sobre las necesidades de desarrollo de sus hijos, sus comportamientos y las técnicas disciplinarias adecuadas.

Si la ira y el estrés continúan siendo un problema, los padres deben buscar ayuda profesional. Hay agencias y grupos de servicio a familias y de autoayuda que ofrecen apoyo a los padres.

Muchos conflictos familiares surgen por la falta de organización y estructura en la vida familiar diaria. Es más probable que los hijos de padres desorganizados sean desorganizados también, lo cual puede llevar a problemas en la escuela, a tensión entre los padres con otros hermanos y una baja autoestima debido a su incapacidad para completar y llevar a cabo tareas. Organizarse no tiene que ser tan difícil como parece.

Como familia, es necesario elaborar reglas familiares que incluyan lo que todo miembro de la familia debe o no hacer. Quizás convenga en algún momento hacerlas visibles, escribirlas y colocarlas en un lugar adecuado hasta que todos las hayan estudiado y ejercitado

Dé a sus hijos tareas o encargos adecuados que puedan cumplir fácilmente. Asegúrese de recompensarlos por cumplirlas. En ocasiones quizás solo sea suficiente elogiarlos por lo hecho

Elabore con sus hijos una rutina diaria y apéguese a ella. Por ejemplo, pídale a sus hijos que hagan su tarea tan pronto lleguen a casa de la escuela y antes de ver la televisión o hacer alguna otra actividad. Fije un horario para revisar la tarea de sus hijos

Junto con sus hijos, establezca una rutina para ir a dormir que pueda ayudar a todos a descansar de las labores del día. Esto les enseña a ser considerados y a comprender que papá o mamá pueden venir cansados de su trabajo y necesitan ayuda. Por ejemplo, establezca un tiempo de tranquilidad, una media hora antes de ir a dormir. Pida a sus hijos que usen este tiempo para leer en silencio, para escuchar música o este puede ser un buen momento para una tertulia en familia. Para los niños más pequeños, aproveche esta oportunidad para leer un cuento juntos en cama.

Incluya tiempo para su familia en su rutina semanal. Establezcan una noche para cenar o jugar en familia.

Aproveche este tiempo para saber en qué andan sus hijos. Pregúnteles acerca de sus tareas, sus amigos, sus expectativas y sus sueños. Hágales saber que usted está interesado en sus vidas.

Tenemos que esforzarnos para que nuestros hijos sean personas bondadosas y nobles porque ese el mayor deber que tenemos como padres e incide en su estatura como personas, si no lo son, su humanidad queda disminuida.

Si pensamos qué tipo de persona quisiéramos fueran nuestros hijos, seguramente pensaríamos en algunas de estas cualidades: que sean justos, honestos y confiables, que sean respetuosos de los derechos de los demás. Que respeten la autoridad, las normas y leyes. Que sean responsables por su propia conducta y que sientan preocupación por el resto de los seres humanos que los rodean.

Queremos que sean capaces de pararse en sus propios pies y no se dejen llevar por la moda o lo que suele hacer la masa. Que sean capaces de ser generosos y afectuosos.

Los niños no maduran como los mangos por el mero paso del tiempo sino por experiencias importantes que generan el desarrollo.

Los padres debemos promover la autoestima de nuestros hijos mediante la aceptación incondicional de nuestros hijos y esto se consigue si lo conozco lo suficiente como para ponderar sus debilidades y sus fortalezas

Aprender a corregir erradicando el verbo ser, Ej. Creo que te sentirías mejor si estudias más (hacer) versus sos una vagabunda (Ser). Diríjase a sus acciones y no a su persona

Sentarnos a evaluar las fallas y generar caminos para el progreso: preguntarles ¿que quieren?, ¿si sienten que lo pueden lograr?, ¿si están conformes con lo que pasó?, si necesitan ayuda para hacer un plan para salir adelante.

Hablar de los propios fracasos (en otro momento) de cuando me frustré, cuando me fue mal, cómo salí adelante. Reconocer nuestras propias debilidades, delante de nuestros hijos, y como las superamos, lejos de disminuirnos en nuestra autoridad, nos hace fuertes

La familia se construye y se trabaja con la participación de todos con ciertas estrategias como:

Insertarlos en el circuito de la colaboración con los deberes y la reciprocidad humana.

Las familias funcionan cuando cada cual aporta lo suyo, cualquiera que deja de hacerlo afecta al resto directa o indirectamente: hablar acerca de los efectos de la conducta sobre otros los hace ser mas humanos, o sea, mas comprensivos con sus semejantes.

Expresar las necesidades, dificultades, en que se requiera apoyo (que los demás se sientan necesarios) y saber reconocer y valorar los aportes y la colaboración de todos.

Discutir en frío posibles problemas y cómo debieran enfrentarse y por sobre todo por qué son problema (consecuencias).

Ser consecuentes con lo que consideramos correcto aún cuando suponga rechazo y rabia por parte de mi hija o hijo. Somos padres, no amigos. Somos cercanos pero como padres.

Ser autoridades racionales y no arbitrarias. Supone el dar las razones para las reglas que proponemos. La imposición nunca es bien aceptada.

Ser capaces de contenerlos emocionalmente, escuchar, recibir, preguntar y mediar para ayudar a comprender más que recomendar soluciones hechas.

No olvidar que aunque parezca difícil, como padres contamos con una base natural de empatia para lograr ese ambiente de comunicación y relación saludables

Practicar una disciplina inductiva con consecuencias naturales, sin retiro del afecto ni agresividad, con sentido común y muchísimas veces con sentido del humor: consiste en dar cuentas de nuestros actos, para que los hijos aprendan a hacerlo, mediante la comprensión de nuestros propios actos y la responsabilidad en la toma de decisiones aunque estas no hayan sido las mejores, expresando como me afectó a mi y a los demás(o como me podría afectar), como me siento frente a eso y por que lo elegí y como puedo reparar las consecuencias si lo que hice afectó a los demás

En la vida real los actos y consecuencias siempre son formativos aunque te equivoques

Las consecuencias naturales son los costos que se relacionan con la trasgresión o la falta que supone responsabilizarse por las consecuencias.

Son reparatorias porque requieren esfuerzo y alguna pérdida.

La agresividad y el retiro del afecto victimizan, dañan la autoestima, atentan contra la identificación y no promueven la asunción de responsabilidad.

Recordar que no podemos evitar que nuestros hijos sufran dificultades y desaciertos y sus consecuencias en sus vidas pero si podemos enseñarles a ser capaces de enfrentarlas, a no doblegarse ante las dificultades y saber sacar provecho de ellas

Los padres debemos desarrollar una cuenta corriente afectiva positiva como base del liderazgo familiar. Crear espacios de intimidad personal separados de los de tipo familiar. Cada hijo requiere que le den su espacio propio. Las relaciones diádicas (padre-hijo) deben cultivarse pues permiten generar real impacto e influencia y por sobretodo conocer y no prejuzgar.

Trabajar en equipo y ser consistentes y flexibles. Los padres deben operar en equipo frente a los hijos.

La familia es el equipo por excelencia en donde aprendemos como actuar en otros equipos

No contaminar relaciones con los hijos con conflictos de pareja. No desautorizarse. No convertirlos en mensajeros. No comparar los hijos ni generar alianzas. Discutir y coordinarse para enfrentar las dificultades

Si no confiamos en ellos, difícilmente ellos confiarán en si mismos.

¡No confiar en nuestros hijos e hijas supone en definitiva no confiar en nosotros mismos como personas y como padres!

Atrévete a ser un buen padre. Es sin lugar a dudas la mejor aventura de tu vida y la que te dará las mejores satisfacciones en la vida!

Lic Gina Jimenez Psicologa especialista en familia

resoluciondeconflictosgj@gmail.com

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